El deshielo en el Ártico influenciado por el cambio climático

La capa de suelo congelada en el Ártico, el permahielo, se está descongelando y perdiendo estructura mucho más rápido de lo que se esperaba, ante escenarios pesimistas del cambio climático.

Enzo Campetella Enzo Campetella Úrsula Pamela García 14 Feb 2020 - 17:40 UTC
Permafrost, permahielo, gelisuelo
Cuando el permahielo se derrite o descongela, se deforma el suelo destruyendo carreteras, vías férreas y superficie urbanas.

El permahielo o gelisuelo (permafrost) es la capa de suelo que se mantiene permanentemente congelada, y que cubre una importante zona del Ártico, envuelve gran parte de la tundra. El calentamiento global está haciendo que esta capa vaya desapareciendo, cambiando el hábitat para muchas especies, incluyendo al ser humano. Además, este proceso libera en la atmósfera enormes cantidades de metano, un gas de alto impacto en el efecto invernadero.

Un nuevo informe publicado en la revista Nature señala que dicho proceso se está acelerando, los expertos en el clima estiman que para el año 2300 se liberen más de 200 mil millones de toneladas métricas de carbono a la atmósfera. Esto equivale al 15% de todo el carbono almacenado debajo del suelo y congelado en las zonas gélidas del hemisferio norte.

De acuerdo a lo informado por Global Citizen, alrededor del 20% del permahielo en el Ártico puede descongelarse rápidamente ya que que esta compuesto principalmente de varias capas de hielo, cada uno de los niveles del gelisuelo podrían emitir entre 60 y 100 mil millones de toneladas métricas de carbono a la atmósfera.

Ecosistema que se modifica con mucha velocidad

Una publicación de la revista LiveScience, dice que este rápido descongelamiento puede reformular el paisaje del Ártico solo en pocos meses. Cada vez más frecuentes lagos que aparecen por el descongelamiento del gelisuelo que inundan y matan bosques enteros. Mientras que una de las cosas mas inquietantes y que nuevos estudios determinan, es que, este proceso de deshielo puede aportar el doble de dióxido de carbono a la atmósfera de lo que previamente se había estimado.

Es claro que dicho proceso se está acelerando, y parece retroalimentarse. Los valores de temperaturas alcanzan cada vez récords más altos en la zona y los veranos son año tras año más intensos. El grave problema es que economías y modos de vida enteros están colapsando muy lejos de los centros que generan gran parte de la contaminación global.

El agua congelada ocupa más espacio que el agua líquida, por lo que cuando el permahielo se descongela rápidamente - tanto por el cambio climático como por incendios forestales - transforma un ecosistema anteriormente congelado en un desastre espeso e inundado. Según indica Merritt Turetsky, director del Instituto de Investigación Ártica y Alpina (INSTAAR) en la Universidad de Colorado Boulder, este escenario es más propenso a inundaciones y al colapso del suelo.

Patrones nocivos de repetición en el medio ambiente

Uno de los procesos más comunes tienen relación con el terreno. A medida que el hielo se derrite en el suelo, la tierra se hunde convirtiéndose en un lago o humedal. Estos humedales, a su vez, pueden producir grandes cantidades de metano, un gas de efecto invernadero más potente que el dióxido de carbono.

Tundra, polo norte
La tundra sobre suelo congelado con los colores típicos del otoño. Imagen aérea.

El proceso de retroalimentación del calentamiento es muy claro en este proceso. El descongelamiento del permafrost libera de gases de efecto invernadero a la atmósfera, lo que a su vez acelera el calentamiento global, y a su vez lleva a una mayor descongelación del permahielo. Un círculo que parece no poder volverse atrás.

Hasta ahora cada vez salen más casos influenciados negativamente por el efecto del cambio climático, que está dañando a las comunidades que ven cómo sus casas corren peligro, las carreteras se deforman y las superficies de vías de traslado se destruyen. Los desastres asociados le costaron al mundo $150 mil millones durante el año 2019, en un futuro esta cantidad podría dispararse y cientos de millones de personas perder su hogar para 2050.

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