Conoce la sorprendente historia de Félicette, la primer y única gata astronauta que viajó al espacio

En 1963, una valiente gata parisina llamada Félicette alcanzó las estrellas a bordo de un cohete francés, marcando un hito único en la historia aeroespacial felina mundial.

En plena carrera espacial, mientras potencias como Rusia y Estados Unidos enviaban perros o monos, Francia decidió innovar utilizando gatos.
En plena carrera espacial, mientras potencias como Rusia y Estados Unidos enviaban perros o monos, Francia decidió innovar utilizando gatos.

La agencia gala Centre d’Enseignement et de Recherches de Médecine Aéronautique (CERMA), recolectó catorce gatos callejeros en París para someterlos a rigurosos entrenamientos antes de seleccionar a la astronauta definitiva.

La gata elegida fue una pequeña hembra de pelaje blanco y negro, que sobrevivió a condiciones extremas de vibración y centrífugado. Su capacidad para tolerar el encierro y las señales eléctricas de los electrodos implantados fue determinante para su elección final.

Los científicos evitaron nombrar a los felinos para no generar vínculos afectivos. Félicette fue identificada simplemente como C341 durante todo el proceso preparatorio.

El vuelo se programó para octubre de 1963, utilizando un cohete de tipo Véronique lanzado desde Argelia. El objetivo principal era estudiar cómo la microgravedad y la radiación afectaban el sistema neurológico de un organismo mamífero complejo.

Félicette viajó en una misión suborbital que logró sobrevivir, aunque posteriormente fue sacrificada para estudiar los efectos del vuelo espacial. Fotografía: Matthew Guy.
Félicette viajó en una misión suborbital que logró sobrevivir, aunque posteriormente fue sacrificada para estudiar los efectos del vuelo espacial. Fotografía: Matthew Guy.

Tras el éxito de la misión, la prensa francesa bautizó a la gata como Félix, en referencia al popular personaje animado. Al descubrir que se tratabas de una hembra, el hombre fue corregido a Félicette, consolidando su identidad definitiva ante la historia y el público internacional

Un viaje a las estrellas y el regreso

El 18 de octubre de 1963, Félicette despegó hacia lo desconocido alcanzando una altitud de 154 kilómetros. Durante su breve travesía suborbital, de unos quince minutos, experimentó la ingravidez total, convirtiéndose en una pionera de su especie.

A diferencia de otros animales que no sobrevivieron a sus misiones espaciales, la cápsula de Félicette regresó intacta a la Tierra mediante paracaídas. Los equipos de recuperación la encontraron colgando boca abajo tras el aterrizaje, pero se encontraba en perfectas condiciones físicas después del impacto.

Estatua conmemorativa de Félicette en la Universidad Espacial Internacional de Estrasburgo, Francia, el 18 de diciembre de 2019. Crédito: Cortesía de ISU.
Estatua conmemorativa de Félicette en la Universidad Espacial Internacional de Estrasburgo, Francia, el 18 de diciembre de 2019. Crédito: Cortesía de ISU.

El éxito del viaje demostró que los mamíferos superiores podían tolerar las presiones extremas del lanzamiento y la falta de gravedad prolongada. Los datos recopilados por los sensores neurológicos durante el trayecto proporcionaron información valiosa sobre la respuesta del cerebro ante el entorno espacial.

Francia, se convirtió en la tercera nación en enviar con éxito un ser vivo al espacio, sumando a los gatos a la lista científica. Este hito fue celebrado mundialmente, elevando el prestigio del programa espacial francés frente a los gigantes de la Guerra Fría en aquel entonces.

El sacrificio por el conocimiento científico

Lamentablemente, la alegría por el regreso seguro de Félicette duró poco tiempo. Debido a las exigencias experimentales de los investigadores involucrados, apenas dos meses después de su histórico vuelo, los científicos decidieron sacrificarla para realizar una autopsia profunda de su sistema nervioso.

El objetivo era estudiar si el viaje espacial había causado daños anatómicos o fisiológicos permanentes en sus tejidos internos. Sin embargo, los estudios posteriores concluyeron amargamente que no se obtuvo información realmente significativa de aquel drástico procedimiento final realizado sobre ella.

Este destino trágico puso fin al programa francés de gatos en el espacio, ya que no se enviaron más felinos a misiones posteriores. A diferencia de la perra Laika, cuyo sacrificio fue planificado desde el inicio, la muerte de Félicette generó cuestionamientos éticos sobre el uso de animales en la investigación espacial.

Hoy en día, las regulaciones sobre experimentos con animales en órbita son más estrictas y buscan evitar sufrimientos innecesarios. La ciencia actual prioriza la observación del comportamiento a largo plazo y los efectos genéticos sin recurrir necesariamente al sacrificio inmediato de los sujetos de estudio.

Legado y memoria de una astronauta olvidada

Durante décadas, la hazaña de Félicette quedó prácticamente olvidada en la sombra de otros animales famosos como Laika o Ham. Su contribución fue ignorada por el gran público hasta que entusiastas del espacio decidieron rescatar su nombre del anonimato histórico mediante diversas campañas de difusión.

En 2017, Matthew Serge Guy impulso una exitosa campaña de micro financiamiento para erigir un monumento en su honor. Gracias a los fondos recaudados, se creó una escultura de bronces de aproximadamente un metro y medio de altura, destinada a preservar su memoria y reconocer su lugar en la historia de la exploración espacial.

El monumento muestra a Félicette sentada sobre un globo terráqueo, con la mirada fija en las estrellas que un día visitó. La estatua fue inaugurada en la Universidad Internacional del Espacio en Estrasburgo, Francia, contando con la presencia de astronautas europeos de gran renombre.

Hoy en día, esta pequeña felina simboliza el valor de todos los animales que nos ayudaron a emprender la exploración espacial. Su historia nos recuerda el sacrificio silencioso que permitió que, años más tarde, las personas pudieran viajar de manera segura al espacio exterior.