El día que el cielo se cayó en Yucatán: así fueron los primeros 10 minutos tras el impacto de Chicxulub

Hace 66 millones de años, un asteroide impactó Yucatán y cambió la historia del planeta. Estos fueron los primeros diez minutos que transformaron la Tierra, el clima y la vida para siempre.

El tamaño y la velocidad con la que entró el asteroide liberó más de veinte mil millones de veces la energía de una bomba atómica.
El tamaño y la velocidad con la que entró el asteroide liberó más de veinte mil millones de veces la energía de una bomba atómica.

En los primeros dos minutos cuando el asteroide que acabó con los dinosaurios impactó en la superficie terrestre, lo hizo a más de veinte kilómetros por segundo lo que equivale a 72,000 kilómetros por hora liberando 1.3 cuatrillones de Joules, algo así como 20 mil millones bombas atómicas como la de Hiroshima.

El impacto no fue una explosión convencional, sino una transferencia brutal de energía cinética que comprimió la corteza, la calentó y ésta se comportó como un fluido mientras el asteroide y varios kilómetros de roca se evaporaban casi al instante, formando una bola de fuego visible desde el espacio.

En esos primeros segundos se formó un cráter de más de cien kilómetros de diámetro y la roca desplazada fue expulsada, mientras el fondo del cráter rebotó hacia arriba por efecto elástico, como cuando cae una piedra en un estanque, iniciando la compleja estructura interna que hoy reconocemos en Chicxulub.

Los minerales se fundieron con temperaturas que superaron varios miles de grados, otros se descompusieron químicamente, liberando enormes cantidades de dióxido de carbono y compuestos de azufre y el suelo se comportó como un océano sólido sometido a una presión inimaginable.

Imagen artística que muestra cómo debió ser el impacto del asteroide que cayó en lo que después sería la península de Yucatán.
Imagen artística que muestra cómo debió ser el impacto del asteroide que cayó en lo que después sería la península de Yucatán.

En menos de dos minutos, el paisaje de Yucatán había desaparecido en el que no sobrevivieron selvas, mares ni costas. Solo una cavidad incandescente, rodeada por material fundido y vaporizado, marcaba el punto exacto donde el cielo había tocado la Tierra con fuerza planetaria.

Minutos 2 a 5: la onda que barrió el Golfo de México

La energía liberada se propagó como una onda de choque sísmica y atmosférica. Terremotos equivalentes a magnitudes superiores a diez recorrieron el planeta y en Yucatán, el suelo se deformó violentamente mientras el cráter colapsaba, formando el anillo de picos central característico de Chicxulub.

La atmósfera fue atravesada por una onda de presión supersónica haciendo que los bosques fueran derribados, como si fueran hierba, a cientos de kilómetros. La violencia del aire comprimido bastó para destruir cualquier forma de vida expuesta, incluso antes de que llegara el calor.

En el Golfo de México, el mar se retiró de forma abrupta, para regresar segundos después en forma de mega-tsunamis de cientos de metros de altura, arrasando plataformas continentales y depositando sedimentos caóticos que hoy forman parte del registro geológico del límite Cretácico-Paleógeno.

Mientras tanto, miles de millones de toneladas de roca fundida y fragmentada fueron lanzadas fuera del cráter. El planeta comenzaba a cubrirse de proyectiles incandescentes, aún sin saber que ese material, al volver, desencadenaría un fenómeno térmico verdaderamente global.

Minutos 5 a 8: el cielo se enciende

El material eyectado alcanzó trayectorias suborbitales que, al reentrar, liberaron calor gracias a la fricción con la atmósfera, haciéndolo a escala planetaria. El cielo entero empezó a irradiar energía, como si la atmósfera se hubiese convertido en una gigantesca resistencia incandescente.

Durante estos tres minutos, la superficie terrestre recibió un calor comparable al de un horno abierto. Bosques completos se incendiaron casi simultáneamente en distintos continentes, incluso a miles de kilómetros del impacto, sin necesidad de lava ni llamas directas.

Los meteoritos generalmente vienen acompañados por pequeños pedazos que causan devastación en un radio más amplio del impacto.
Los meteoritos generalmente vienen acompañados por pequeños pedazos que causan devastación en un radio más amplio del impacto.

No fue una lluvia de fuego local, sino un fenómeno global sincronizado en el que microesférulas de roca fundida cayeron sobre océanos y continentes, calentando el aire y elevando la temperatura superficial lo suficiente para provocar incendios masivos y una mortalidad inmediata generalizada.

Las microesférulas o micrometeoritos son partículas diminutas, a menudo metálicas o de silicato, derivadas de meteoritos que se funden al entrar en la atmósfera terrestre.

Este breve episodio de calor extremo fue uno de los más letales del evento. Muchas especies no murieron por el impacto directo, sino por este pulso térmico súbito, imposible de evitar y que convirtió al cielo en la fuente principal de destrucción.

Minutos 8 a 10: comienza la noche

El polvo fino, el hollín de los incendios y los aerosoles sulfatados comenzaron a acumularse en la atmósfera, tras el fuego llegó la oscuridad. La luz solar empezó a disminuir de forma abrupta, marcando el inicio del llamado invierno de impacto.

En cuestión de minutos, la Tierra pasó de un calentamiento brutal a un enfriamiento progresivo. La radiación solar quedó bloqueada, deteniendo la fotosíntesis y rompiendo las bases energéticas de casi todas las cadenas alimentarias.

En realidad, este oscurecimiento no duró minutos ni horas, sino meses en los que las temperaturas globales descendieron drásticamente y los ecosistemas colapsaron. El impacto había terminado, pero sus consecuencias apenas comenzaban a desplegarse a escala climática y biológica.

En solo diez minutos, la Tierra no perdió toda su vida, pero sí su estabilidad y Chicxulub no fue únicamente un cráter; fue el punto exacto donde el planeta cambió de era y la historia evolutiva tomó un rumbo completamente distinto.