El día que un magnetar apunte a la Tierra este sería el efecto que podría tener sobre nuestra tecnología

Los magnetares son los imanes más poderosos del Universo. Si uno de sus rayos apuntara a la Tierra, las películas del fin del mundo quedarían como cuentos de hadas.

Si un rayo Gamma se dirigiera a la Tierra, las consecuencias serían fatales, sobre todo para la infraestructura tecnológica.
Si un rayo Gamma se dirigiera a la Tierra, las consecuencias serían fatales, sobre todo para la infraestructura tecnológica.

En entregas pasadas ya hemos hablado acerca de las estrellas de neutrones, objetos que son el resultado de una explosión de supernova y que, como su nombre lo indica, están formadas casi exclusivamente por estas subpartículas atómicas, en una especie de sopa ultradensa.

La clave reside precisamente en que, aunque su nombre lo da a entender, no son solamente neutrones. De ser así, no podrían generar campos magnéticos tan inmensos como los que medimos desde la Tierra. En realidad, existen partículas cargadas a su alrededor que, junto la rotación, crean los campos magnéticos.

Una forma muy conocida de las estrellas de neutrones son los púlsares, los faros cósmicos más exactos del universo, es aquí que los magnetares representan uno de los estados más extremos de la materia.

Los campos magnéticos que alcanzan estos objetos suelen oscilar entre 10 mil y 100 mil millones de Teslas [T]. Los cuales son originados por la rápida rotación inicial durante su formación y se amplifican mediante el efecto dínamo, similar al que genera el magnetismo terrestre.

Los magnetares no son mas que estrellas de neutrones girando rápidamente junto con el campo magnético generado por partículas cargadas.
Los magnetares no son mas que estrellas de neutrones girando rápidamente junto con el campo magnético generado por partículas cargadas.

Como contexto, el campo magnético que genera el dínamo de la Tierra es de 58 microteslas, el de una mancha solar, es de 0.15 teslas, y el del imán más potente de neodimio apenas alcanza 1.5 T. Por lo que podemos afirmar que los magnetares son los imanes más poderosos del Universo.

Los objetos más densos y poderosos del Universo

Tras el estallido inicial, queda una bola compacta de plasma que se enfría y se contrae aún más de forma gradual. Esta fase produce una cola de radiación periódica mientras la estrella de neutrones rota sobre su eje, canalizando la inmensa energía almacenada en un potente chorro de partículas cargadas.

La mayoría de los que hemos encontrado, viven en el plano galáctico, donde su actividad se manifiesta mediante destellos energéticos. Estos pueden observarse como púlsares, esos faros cósmicos de los que hablábamos antes, que nos indican su posición.

La vida media de estos objetos es breve pero ruidosa, comparada con estrellas como el Sol. Esto se debe a que disipan rápida y violentamente su energía magnética en potentes chorros de rayos gamma, que pueden llegar a ser más brillantes que una galaxia entera.

Parte del campo magnético que acompaña a un magnetar es debido a que cuando se crean, el giro arrastra consigo a las partículas cargadas.
Parte del campo magnético que acompaña a un magnetar es debido a que cuando se crean, el giro arrastra consigo a las partículas cargadas.

El meollo del asunto es que su alcance es importante y preocupante: un destello de estos compadres en nuestra dirección podría, literalmente, freír toda nuestra infraestructura tecnológica, a pesar de la distancia de miles de años luz que nos separan de estos objetos.

¡Santos terremotos estelares, Batman!

La corteza sólida de un magnetar está sometida a tensiones magnéticas tan potentes que deforman su red cristalina. Cuando estas fuerzas superan el límite crítico, la corteza se fractura liberando energía elástica acumulada en un fenómeno llamado "estrellamoto", detonante de las erupciones más violentas.

Esta actividad sísmica genera ondas por efecto Hall y ondas termoplásticas que se propagan por la superficie.

Se conoce como efecto Hall a la aparición de un campo eléctrico por separación de cargas en el interior de un conductor por el que circula una corriente en presencia de un campo magnético.

Es en ese momento cuando el movimiento brusco inyecta un giro magnético en la magnetósfera, retorciendo las líneas de campo en un proceso que convierte la energía magnética interna en calor y radiación

La desestabilización de estas líneas de flujo provoca una liberación catastrófica de energía en forma de destellos gamma. Estas rafagas masivas duran apenas una fracción de segundo, pero liberan tanta energía como nuestro Sol en miles de años, en eventos conocidos como GRB’s.

El verdadero destino final

Y sí, el escenario en el que un Rayo Gamma apuntara directamente hacia nosotros sería incluso peor de lo que las películas de ciencia ficción nos han mostrado. Las primeras víctimas serían los satélites de todo tipo, que quedarían fritos en un instante y, con ellos, los sistemas de GPS y todas las navegaciones globales.

Los satélites meteorológicos quedarían fuera de servicio y perderíamos la capacidad de monitorear fenómenos extremos que empezarían a suceder debido a la radiación recibida. Aunque, en cierta medida, la atmósfera actúa como escudo y nos protege de la radiación ionizante, la ionosfera quedaría seriamente afectada.

El efecto más devastador sería la inducción de potentes corrientes eléctricas en las líneas de transmisión, en un fenómeno similar al de las tormentas solares severas, pero con una intensidad superior. Los transformadores explotarían provocando apagones masivos que se podrían extender a continentes enteros.

Pero antes de que huyas a tu búnker personal... ¡calma! La probabilidad de que esto ocurra es extremadamente baja y los magnetares más energéticos conocidos, se encuentran lo suficientemente lejos como para causarnos más daño del que te causó tu ex. Sin embargo, el monitoreo continúa, porque en ciencia nunca se descarta por completo lo improbable.