Impactante hallazgo sobre Mercurio: el planeta se está encogiendo y ya perdió 23 kilómetros de diámetro
¿Se desinfla Mercurio? Un nuevo estudio revela que el planeta se encogió un 30 % más de lo pensado y explica el misterioso 'velo' que ocultó este fenómeno por décadas.

A medida que el interior de Mercurio se enfría y su núcleo metálico se "solidifica", el planeta experimenta una pérdida de volumen gradual que lo lleva a "desinflarse" con el paso del tiempo.
Este enfriamiento provoca que la corteza exterior se comprima, arrugue y fracture, dando origen a grandes fallas tectónicas como crestas de deformación (wrinkle ridges) y escarpas lobuladas (lobate scarps).
Sin embargo, la superficie mercuriana presenta un panorama desconcertante en el que coexisten vastas regiones densamente pobladas por escarpas gigantes con extensas zonas donde las deformaciones parecen no existir.
Tradicionalmente, se calculaba que el radio del planeta se había reducido entre 1 y 7 km, lo que representaba un encogimiento acumulado de su diámetro de entre 4 y 16 km. La gran pregunta para la comunidad científica era si estas cifras reflejaban la realidad o si faltaban estructuras por detectar.
El "velo" de escombros y la rugosidad del terreno
Para resolver este enigma, un equipo de investigación liderado por Gaku Nishiyama, del Centro Aeroespacial Alemán (DLR), evaluó si las estructuras tectónicas faltantes habían sido tapadas u ocultadas por procesos geológicos más recientes.

Utilizando la rugosidad topográfica a una escala de 10 km como indicador directo de la "frescura geológica" del terreno, los investigadores elaboraron un mapa global combinando mediciones del altímetro láser MLA de la sonda MESSENGER y modelos digitales de elevación obtenidos por estereofotogrametría.
Al cruzar la rugosidad con los catálogos globales de fallas, descubrieron una clara anticorrelación espacial en donde las estructuras de compresión faltan sistemáticamente en las áreas más rugosas del planeta. Para explicar la causa de esta ausencia, los autores formularon tres hipótesis:
- Enmascaramiento por eyectas: El impacto de meteoritos que formaron cráteres jóvenes (como Rachmaninoff) expulsó y depositó capas gruesas de escombros que cubren las escarpas preexistentes, funcionando como un "velo" sobre la corteza.
- Camuflaje visual: En terrenos con un relieve de fondo sumamente irregular y rugoso, la identificación visual de las crestas tectónicas más antiguas o degradadas resulta técnicamente compleja.
- Inhibición física de fallas: Las zonas intensamente craterizadas cuentan con una gruesa capa de regolito poroso, lo que permite que los esfuerzos de contracción sean absorbidos por el colapso de los poros del suelo en lugar de fracturar la roca en grandes fallas.
Reconfigurando el interior
Al corregir este "sesgo de rugosidad", concluyeron que las estimaciones previas sobre la contracción radial de Mercurio estaban subestimadas entre un 10% y un 30%. Con esto la reducción del radio alcanzaría hasta 11.6 km (hasta 3.3 km más de lo calculado en modelos recientes), lo que equivale a un encogimiento acumulado en su diámetro de aproximadamente 23 km.

Este descubrimiento reescribe los modelos sobre la estructura interna y la evolución térmica de Mercurio, sugiriendo que el planeta posee un núcleo metálico más grande de lo estimado, una menor abundancia de elementos livianos como el silicio o el azufre y una capa de regolito más delgada o una temperatura de formación inicial más alta.
Además, este fenómeno no se limita a Mercurio, en la Luna, donde las tierras altas presentan una rugosidad un 40% mayor que los terrenos craterizados mercurianos, este mismo sesgo podría estar ocultando un volumen significativo de contracción tectónica aún no registrado.
El futuro de la exploración mercuriana
A pesar de la precisión, los investigadores destacan una limitación en los datos existentes ya que la mayor parte de la información topográfica proviene de la misión MESSENGER de la NASA, finalizada en 2015, cuyos instrumentos no tenían la resolución suficiente para detectar estructuras tectónicas pequeñas.
La respuesta llegará de la mano de la misión conjunta BepiColombo, desarrollada por la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA). Se prevé que la sonda entre en órbita alrededor de Mercurio el 21 de noviembre de 2026.
Equipada con el altímetro láser BELA, capaz de medir la rugosidad en basamentos de apenas 100 metros y analizar la forma del pulso reflejado, permitirá estudiar las deformaciones más pequeñas de la superficie, precisar la cronología de los impactos y determinar con exactitud la escala final de la contracción mercuriana.
Referencia de la noticia
G. Nishiyama, A. Broquet, N. Tosi, F. Preusker, A. Stark, H. Hussmann, and E. Hauber. (2026). Underestimation of Planetary Contraction Due To Obscuration by Surface Roughness: The Case of Mercury.