La historia del planeta Fénix, un mundo formado a partir de los restos de la propia estrella
Astrónomos hallaron el primer planeta formado del material expulsado tras la muerte de su estrella, no junto a ella. El hallazgo revela que los mundos pueden nacer aun después del fin estelar.

Cuando estrellas similares al Sol se acercan al final de su vida, entran en la fase de gigante roja, expandiendo sus capas externas y perdiendo parte de su masa en forma de gas. Tras esta etapa, el núcleo remanente puede convertirse en una enana blanca, un objeto que ya no realiza fusión nuclear.
La expansión hacia la fase de gigante roja puede afectar a los sistemas planetarios que rodean a la estrella. Los planetas en órbitas cercanas pueden ser engullidos por la atmósfera estelar expandida o destruidos por un intenso calentamiento. La pérdida de masa de la estrella también modifica la gravedad del sistema.
En este contexto, los astrónomos han identificado un posible planeta de segunda generación que orbita una enana blanca, aparentemente formado a partir del material remanente de la evolución estelar. El descubrimiento sugiere que los restos de un sistema planetario pueden proporcionar materia para la formación de nuevos planetas.
Muerte de una estrella
Las estrellas como el Sol producen energía mediante la fusión nuclear de hidrógeno en helio en sus núcleos. Cuando el hidrógeno central se agota, la presión generada por la fusión disminuye y el núcleo comienza a contraerse bajo su propia gravedad, mientras las capas externas se expanden, transformando la estrella en una gigante roja.
Tras consumir el helio disponible en el núcleo, el Sol no tendrá suficiente masa para continuar la fusión. La estrella perderá gradualmente sus capas externas, que formarán una nebulosa planetaria, mientras que el núcleo restante se convertirá en una enana blanca, densa y caliente.
Primera generación de planetas
Los planetas de primera generación son aquellos que se forman junto con su estrella anfitriona, a partir del mismo disco protoplanetario de gas y polvo. Este disco surge durante la formación estelar, cuando parte de la nube molecular en colapso se organiza en rotación alrededor de la estrella joven.

Con el tiempo, las partículas sólidas chocan y se agregan, formando planetesimales que pueden crecer hasta originar planetas rocosos o núcleos de gigantes gaseosos. La Tierra es un ejemplo de este proceso: se formó hace unos 4500 millones de años, aproximadamente en la misma época que el Sol.
Primera evidencia de una segunda generación
Recientemente, los astrónomos hallaron lo que sería una segunda generación de planetas. Observaron una firma química inusual en la atmósfera de la enana blanca HS 0209+0832, lo que indica que está absorbiendo material rico en elementos pesados.
La hipótesis es que el material proviene de un planeta gigante de segunda generación, formado a partir de un disco compuesto por materia expulsada por la estrella durante su muerte. Para que el disco diera origen a un nuevo planeta, es posible que una estrella compañera haya impedido que el material expulsado se dispersara por el espacio.
Observación
La identificación del posible planeta de segunda generación alrededor de la enana blanca HS 0209+0832 se realizó utilizando datos del satélite TESS. Los datos mostraron una variación en el brillo del sistema cada 4.4 días. Esta señal es compatible con un planeta gaseoso de dimensiones similares a las de Júpiter en una órbita cercana.

De confirmarse, HS 0209+0832 será el primer sistema conocido con un planeta formado a partir de material expulsado por la propia estrella durante su muerte. El descubrimiento también sugiere una nueva estrategia de búsqueda: analizar la composición química de las atmósferas de otras enanas blancas.
Referencia de la noticia
Williams et al. (2026). Discovery of a second-generation planet candidate accreting onto a white dwarf.