Un objeto extremo de la Vía Láctea lleva años emitiendo potentes señales de radio y acaban de descubrir su origen
Durante décadas, ciertas señales de radio periódicas desconcertaron a los astrónomos. Hoy sabemos que algunas nacen de enanas blancas que roban materia a estrellas compañeras, generando emisiones extrañas y extremas.

Recientemente un equipo de investigación descubrió un objeto que bautizaron como ASKAP J1745-5051, un sistema que llamó la atención de los científicos porque emite ráfagas de ondas de radio y rayos X de forma intermitente, encendiéndose y apagándose con una asombrosa puntualidad.
Desde hace ya varias entregas, hemos hablado acerca de los objetos compactos en el universo, como lo son las enanas blancas o las estrellas de neutrones y cómo éstas pueden ocasionar uno de los fenómenos más extraordinarios, los púlsares o magnetares.
Al encontrar señales periódicas que no encajaban con este tipo de objetos, pues los tiempos de pulsación eran mucho más altos, decidieron bautizarlos como “transitorios de radio de período largo” (“LPT” por sus siglas en inglés), pues además suelen desaparecer por varios ciclos para luego reaparecer como si nada.
Al estudiar más a detalle el objeto en cuestión, descubrieron que no se trataba de una sola estrella, sino de un "sistema binario": una pareja estelar compuesta por una enana blanca y una estrella compañera mucho más pequeña y fría, conocida como enana roja, algo que, irónicamente, marcaba una luz en el camino.
Una danza estelar extrema
Las enanas blancas suelen explotar en forma de supernovas de tipo Ia, cuando se encuentran en un sistema binario junto a una estrella “normal” al absorber su material y llenar su lóbulo de roche superando las 1.4 masas solares. El problema aparece cuando no explotan, sino simplemente se genera radiación cada cierto tiempo.

Para el caso del sistema ASKAP J1745-5051, su “danza cósmica” es muy acelerada, orbitando una alrededor de la otra y completando una vuelta entera en apenas una hora y 22 minutos (1.36 horas), lo que corresponde al movimiento orbital del sistema.
Debido a que se encuentran sumamente cerca, la intensa gravedad de la enana blanca está continuamente arrancando material de su pequeña compañera. A este tipo de parejas, donde una estrella le "roba" materia a la otra bajo la influencia de fuerzas magnéticas muy intensas, se les conoce en astronomía como "variables cataclísmicas magnéticas".
Los modelos indican que el campo magnético de la enana blanca canaliza el plasma hacia regiones específicas, donde partículas relativistas generan radiación de radio coherente, conocida como ciclotrón. El resultado es un pulso regular, intenso y sorprendentemente estable, visible a grandes distancias galácticas. Aunque seguía siendo una incógnita su desaparición repentina.
El motor detrás de los pulsos de energía
La radiación que detectamos aquí en la Tierra se produce gracias a la violenta interacción entre ambas estrellas. El material (plasma) que la enana blanca le roba a la enana roja viaja y se canaliza a través de potentes e invisibles líneas de campo magnético llenando el lóbulo de Roche poco a poco.
Sin embargo, cuando la enana roja se mueve a través del poderoso escudo magnético de su compañera, funciona como un gigantesco generador eléctrico que acelera los electrones de ese material a velocidades cercanas a la de la luz, liberando energía en forma de pulsos de Radio o rayos X.

Al superar cierto umbral, la presión de degeneración electrónica colapsa y se desencadena una reacción termonuclear descontrolada, resultando es una supernova tipo Ia, una explosión tan brillante que puede eclipsar a una galaxia entera, sin embargo no siempre es así.
A veces la radiación se modula en intensidad ya que en lugar de llenar el lóbulo de Roche, el plasma es desviado por las líneas de campo magnético. Cuando el sistema rompe temporalmente su conexión magnética, el sistema parece apagarse durante varias horas seguidas, lo que resuelve el fenómeno que observamos en la Tierra.
La solución a un misterio astronómico
Este hallazgo ayuda a los científicos a resolver el rompecabezas de los LPT y a comprender mucho mejor cómo se generan explosiones de energía a partir de interacciones magnéticas extremas. El reconocimiento de enanas blancas acrecentantes como fuentes de transitorios de radio redefine el paisaje de la radioastronomía.
Hasta ahora, se sabía muy poco sobre qué generaba exactamente estas ráfagas y el descubrimiento de ASKAP J1745-5051 es fundamental porque demuestra con pruebas contundentes que al menos algunas de estas enigmáticas señales provienen de sistemas binarios donde una enana blanca se alimenta “magnéticamente” de su compañera.
Señales que parecían simples pulsos se revelan como sistemas donde la gravedad, el magnetismo y el tiempo trabajan juntos en los eventos más violentos del Universo. La combinación de radiotelescopios, monitoreo continuo y observaciones en rayos X será esencial para identificar sistemas similares.
Si bien no todos los transitorios de periodo largo tendrán el mismo origen, este descubrimiento nos ayudará a reinterpretar detecciones pasadas y guiar búsquedas futuras con criterios observacionales más precisos en el que cada uno aportará piezas al rompecabezas de la evolución estelar de objetos compactos.
Referencia de la nota:
Rose, K., et al. Periodic radio and X-ray emission from an accreting white dwarf binary. Nature Astronomy (2026).