El hallazgo de peces que trituraban a sus presas con mandíbulas idénticas a armas medievales
Unos científicos han descubierto cómo los antiguos peces acorazados utilizaban mandíbulas sorprendentemente diferentes para cazar y triturar presas hace más de 400 millones de años, lo que revela nuevas pistas sobre las primeras etapas de la evolución.

Investigadores de la Universidad Flinders han dado a conocer un nuevo estudio sobre cómo unos antiguos peces acorazados, conocidos como placodermos, capturaban a sus presas en un arrecife ancestral situado en lo que hoy es el Norte de Australia Occidental.
Los peces acorazados desarrollaron mandíbulas capaces de triturar y perforar
Mucho antes de la aparición de los dinosaurios, estos feroces peces desarrollaron mandíbulas trituradoras y dientes afilados para sobrevivir en los océanos de la antigüedad. El equipo se sorprendió al descubrir que estos peces evolucionaron desarrollando dos formas distintas de morder a otras presas acorazadas.
"Los placodermos experimentaron con una extraordinaria variedad de formas de mandíbula y estructuras de mordida durante las primeras etapas de la evolución de los vertebrados", afirmó la Dra. Alice Clement, investigadora becada por el ARC (ARC Future Fellow). "Ofrecen una oportunidad única para comprender cómo algunas de las primeras mandíbulas se especializaron para diferentes tipos de dieta".
Las especies de menor tamaño utilizaban placas trituradoras anchas y planas para aplastar a sus presas enteras; por su parte, las especies más grandes desarrollaron dientes similares a armas, capaces de perforar y romper animales con coraza que eran demasiado grandes para ser tragados de una sola pieza.
"Sabemos que los animales que se alimentan de alimentos duros suelen desarrollar mandíbulas más fuertes y superficies trituradoras más anchas y planas, pero eso no es exactamente lo que hallamos en este análisis", señaló la Dra. Clement, del Laboratorio de Paleontología de Flinders.
El equipo empleó una nueva técnica de análisis de elementos finitos, que incluía simulaciones informáticas y análisis tridimensionales de las superficies de mordida, para entender cómo ocho de estas especies consumían a sus presas hace unos 385 millones de años.
El Dr. Rex Mitchell, autor principal del estudio, investiga la relación entre el cráneo de los animales y su dieta para explicar aspectos de la ecología y la evolución.
"A diferencia de muchos animales actuales, incluidos los seres humanos, los placodermos no tenían un único hueso en la mandíbula inferior. En su lugar, sus mandíbulas estaban formadas por pares de placas óseas sostenidas por cartílago, con superficies que iban desde placas trituradoras anchas hasta bordes afilados y cortantes con estructuras similares a dientes", explicó el Dr. Mitchell, de la Facultad de Ciencias e Ingeniería de la Universidad Flinders.

El equipo realizó simulaciones digitales de mordida sobre modelos en 3D de los huesos mandibulares fósiles para medir cómo habrían soportado las fuerzas de mordida; posteriormente, compararon los resultados con la complejidad de cada superficie de masticación.
Descubrieron que tanto los placodermos más grandes como los más pequeños poseían las mandíbulas más robustas para realizar mordidas potentes, a pesar de utilizar mecanismos de mordida diferentes.
"Fue una sorpresa interesante", comentó Austin Fitzpatrick, estudiante de doctorado y coautor del estudio. "Tanto los animales más pequeños como los más grandes habían desarrollado mandíbulas fuertes, pero resolvieron el problema de procesar alimentos duros de maneras completamente distintas".
Los investigadores sugieren que la clave reside en la relación entre el tamaño corporal del depredador y el de la presa al atacar presas acorazadas con caparazones duros.
Las presas acorazadas más pequeñas podían ingerirse enteras y triturarse entre placas masticatorias planas; en cambio, las presas más grandes debían fragmentarse en trozos más pequeños antes de ser tragadas, lo cual requería estructuras dentales más complejas.
Las especies analizadas de mayor tamaño presentaban dientes dispuestos a lo largo de una cresta ósea, formando una estructura similar a la de las armas medievales diseñadas para perforar armaduras, como las alabardas y los martillos de guerra. Esto sugiere que estos peces utilizaban sus mandíbulas para perforar los caparazones antes de romperlos en fragmentos menores.
Los hallazgos demuestran que la alimentación a base de objetos duros entre los primeros vertebrados con mandíbula no se logró mediante una única solución evolutiva. Por el contrario, la evolución generó diseños mandibulares variados que permitieron a los placodermos consumir diferentes tipos de presas en los antiguos ecosistemas de arrecifes.
Descubrimiento de algunos de los fósiles utilizados
El coautor John Long, profesor emérito de la Universidad Flinders, lleva más de cuatro décadas trabajando en el yacimiento de fósiles de Australia Occidental y fue quien descubrió algunos de los ejemplares utilizados en el estudio.
"Desde 2013, se ha vinculado directamente a los placodermos con nuestra propia evolución, situándolos en el inicio de la línea evolutiva que conduce de los peces a los seres humanos. Comprender a los placodermos resulta ahora fundamental para desvelar los orígenes del plan corporal humano", afirmó el profesor Long.
"Nuestro trabajo contribuye a una imagen cada vez más completa de la segregación de nichos y la especialización ecológica en los antiguos arrecifes del Devónico —la llamada 'Era de los Peces'—, periodo que hoy se reconoce como el inicio de la larga línea evolutiva que va desde los peces hasta los humanos".
Referencia de la noticia
Mitchell, D. R., Trinajstic, K., Long, J. A., Fitzpatrick, A. N., Bland, J., & Clement, A. M.. (2026). Hard-object feeding adaptations infer relative predator-prey size relationships in devonian placoderms.