Limitar lo peor: ¿Por qué insisten los científicos en evaluar los riesgos climáticos evitables?
El mundo sigue peligrosamente mal preparado ante el clima. Los científicos advierten: sin una evaluación exhaustiva de los riesgos climáticos evitables, nuestras decisiones siguen siendo ciegas. ¿Qué estamos arriesgando realmente?

Las pruebas se acumulan. Olas de calor mortales, incendios forestales masivos, tormentas devastadoras: los impactos del cambio climático ya son visibles en todos los continentes. A pesar de las advertencias de los científicos, el mundo sigue estando "mal preparado" para afrontar estos riesgos.
Solo en Europa, el verano pasado, las olas de calor provocaron aproximadamente 24,400 muertes, de las cuales el 68 % fueron directamente atribuibles al cambio climático. Durante ese mismo periodo, ardieron más de 380,000 hectáreas en España.
Una brújula para la acción
Hoy en día, los responsables de la toma de decisiones se basan principalmente en informes de expertos como los del IPCC, que sintetizan el estado actual del conocimiento científico y establecen niveles de confianza determinados con rigor.
Sin embargo, falta una visión global de los riesgos. Sin esta imagen completa, las respuestas siguen siendo fragmentadas y, en ocasiones, ineficaces. Las políticas públicas corren el riesgo de subestimar las amenazas o, lo que es peor, de invertir en soluciones equivocadas.
Entonces, ¿por qué hablar de "evaluación de riesgos" en lugar de simplemente de "clima"? Porque comprender un riesgo no consiste meramente en saber qué es probable; significa, ante todo, medir qué es posible y qué es prevenible.
Una evaluación del riesgo climático busca responder a dos preguntas clave: ¿Cuál es el peor escenario posible? ¿Y qué probabilidad hay de que ocurra? A diferencia de los pronósticos habituales que describen el futuro más probable, este enfoque explora también los escenarios extremos: aquellos que podrían trastocar nuestras sociedades.
Riesgos en cascada: aún subestimados
El clima no se desestabiliza de forma aislada. Cada aumento de la temperatura desencadena una reacción en cadena. Por ejemplo, por cada grado Celsius de aumento, la atmósfera puede retener aproximadamente un 7 % más de humedad; esto intensifica las precipitaciones y alimenta fenómenos extremos como inundaciones o tormentas tropicales.
Lo más preocupante de todo es el efecto dominó. Una sequía puede debilitar los suelos, reducir las cosechas, provocar escasez de alimentos y, posteriormente, derivar en tensiones sociales o migraciones. Estos riesgos interconectados siguen siendo difíciles de anticipar.

Algunos escenarios sugieren incluso la desaparición de territorios enteros: ciudades costeras como Londres, Nueva York o Bombay podrían ver cómo ciertas zonas se vuelven inhabitables o incluso son abandonadas, si las emisiones continúan sin control.
El problema radica principalmente en comprender la gravedad real y la rapidez de su aparición.
Identificar los peores escenarios... para evitarlos mejor
Es precisamente esta brecha la que los científicos pretenden cubrir. Hacen un llamamiento a realizar una evaluación global, coordinada y periódica de los riesgos climáticos evitables. El objetivo no es infundir miedo, sino hacer visibles los futuros posibles, especialmente aquellos que aún tenemos el poder de evitar.
Contrariamente a la creencia popular, una evaluación de riesgos comienza identificando aquello que podría causar un daño grave a nuestras sociedades. Debatir sobre escenarios extremos no es alarmista; es una metodología científica esencial.
Los expertos subrayan la necesidad de incorporar "peores escenarios plausibles", tales como un aumento a largo plazo del nivel del mar de cinco metros o el colapso de ecosistemas enteros.
Este enfoque pone de relieve el hecho de que todavía tenemos margen de maniobra. Mediante una reducción rápida de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), es posible evitar o mitigar ciertas catástrofes.
En términos prácticos: ¿Qué se logrará con esto?
Este asunto reviste tal urgencia porque, sin una visión clara de los riesgos que conlleva, resulta casi imposible justificar la adopción de medidas ambiciosas. ¿Cómo podemos convencer a la ciudadanía de que invierta masivamente en la adaptación climática o en la transición energética si no comprendemos plenamente lo que está en juego?
Una evaluación global exhaustiva permitiría priorizar las acciones, anticipar crisis de gran envergadura y preparar a las sociedades para escenarios extremos, incluidos aquellos que nunca antes hemos presenciado. Asimismo, ayudaría a evitar errores costosos, como el refuerzo de diques de contención en zonas que, a la postre, tendrán que ser abandonadas.
Esta empresa es, como cabía esperar, de gran complejidad: implica integrar datos climáticos, económicos, sanitarios y sociales, al tiempo que se superan barreras políticas y técnicas. Pero, para los científicos, ya no cabe ambigüedad alguna: "ha llegado el momento".
Referencias de la noticia
Stott, P. A., Lo, Y. T. E., Marsham, J. H., Obura, D., Oliver, T. H., Palmer, M. D., Ranger, N., Sharpe, S., Sutton, R., Falloon, P. D., Mitchell, D. M., & al. (2026). We need a global assessment of avoidable climate-change risks. Nature, 650(8103), 826–828. https://doi.org/10.1038/d41586-026-00544-6
Gilliver, L. (2026, 27 février). The world remains unprepared: Why scientists are calling for a global assessment of climate change. Euronews.