Por qué las ondas Love son de las más lentas y más peligrosas en un sismo: así destruyen las ondas laterales
No todos los terremotos destruyen igual. Algunas ondas no levantan el suelo, lo deslizan. Así funcionan las ondas Love, claves para entender por qué el daño puede multiplicarse en ciudades como CDMX.

Las ondas están, literalmente, en todas partes. Son como un “lenguaje” universal. Ese en el que responde el Universo cuando es perturbado. Una onda es una perturbación que viaja a través del espacio o de un medio material —aire, agua, suelo o metal— transportando energía de un lugar a otro, sin transportar materia.
Algunas son electromagnéticas y viajan por el vacío; como la luz, los rayos X, las ondas de radio, el WiFi. Otras, en cambio, son mecánicas y sí necesitan un medio material para viajar. Entre ellas están las ondas de sonido, las olas del mar, las ondas atmosféricas y las ondas sísmicas.
Estas últimas son especialmente relevantes. La peligrosidad de un sismo no solo está en su magnitud, sino en cómo viaja su energía y dónde emerge. Las ondas sísmicas son vibraciones de energía que viajan a través de la Tierra, causadas habitualmente por una ruptura repentina de rocas (un terremoto) o explosiones.
Se dividen en dos grandes familias. Las ondas de cuerpo viajan por el interior de la Tierra. Mientras, las ondas superficiales se desplazan por la “piel” del planeta. Las de cuerpo son las más rápidas, dan el “aviso” de sismo. Pero las de superficie son las responsables de la mayor parte del daño. Entre ellas están las ondas Love y las ondas Rayleigh.

Entender cómo se mueven no es solo una curiosidad científica. Es clave para comprender por qué algunos sismos resultan más destructivos que otros, incluso con magnitudes similares. Y también para entender por qué hay lugares, como la Ciudad de México, donde el suelo no solo transmite el sismo… sino que lo transforma.
Vibrando en la “piel” de la Tierra
El hecho de propagarse por la superficie terrestre, marca dos características especialmente relevantes. Primero, hace estas ondas más lentas que las de cuerpo porque su movimiento está más restringido. Segundo, son las que interactúan directamente con las estructuras, y con nosotros. Y lo que las distingue es el tipo de movimiento que generan.
Las ondas Rayleigh suelen ser ligeramente más lentas y mueven el suelo en trayectorias elípticas, como si "rodara", tipo el vaivén de las olas del mar. Mientras, las Love producen un desplazamiento horizontal, lateral y perpendicular a la dirección en la que avanzan. O sea, el suelo ni sube ni baja, se mueve de un lado a otro.
Para que ese movimiento lateral puro ocurra, debe existir una estructura particular en el subsuelo. Las ondas Love no pueden propagarse en medios homogéneos, necesitan capas. En términos simples: una capa superficial más lenta sobre otra más rápida. Esto atrapa energía cerca de la superficie, y la canaliza horizontalmente.
De las más peligrosas
Ese movimiento lateral puro es particularmente dañino para las estructuras. La mayoría de las edificaciones están diseñadas para soportar fuerzas verticales (su propio peso, la gravedad, pisos superiores). No para desplazamientos laterales.
Cuando el suelo se mueve lateralmente deforma, y debilita, columnas y muros. Ocurre lo que se conoce como efecto de corte. Se generan fuerzas que intentan desplazar distintas partes de una misma estructura en direcciones opuestas. Y este tipo de tensión puede llegar a provocar que colapse si se supera su capacidad de resistencia.
Además, las ondas Love pueden alcanzar mayores amplitudes horizontales que otras ondas. Y en ciertos tipos de suelos se amplifican. En terrenos blandos, donde la estructura por capas es más marcada, queda más energía sísmica atrapada. Así, las ondas superficiales se amplifican y persisten más tiempo.
México: un laboratorio natural
En México, las ondas Love son especialmente vigiladas porque el suelo blando de ciudades como la CDMX actúa como una "caja de resonancia" para ellas. Esto se conoce como el “Efecto de Sitio”.
En suelos blandos, como los de origen lacustre de CDMX, el terreno actúa como un filtro que favorece ciertas frecuencias, muchas de ellas asociadas a ondas superficiales. Así las ondas se fortalecen en lugar de disiparse. Por eso se habla de una “caja de resonancia”: la energía sísmica no solo llega, sino que se concentra y amplifica.

Este fenómeno fue clave en desastres como el Terremoto de 1985, donde la amplificación del movimiento en suelos blandos contribuyó significativamente a los daños observados, incluso a grandes distancias del epicentro. Además, cuando coinciden con las frecuencias naturales de vibración de edificios, el efecto de resonancia incrementa aún más el riesgo estructural.
Al final, lo que sentimos durante un sismo no es solo la liberación de energía en el interior de la Tierra. Es la forma en que esa energía viaja, se transforma, emerge e interactúa con la superficie. A veces no es el golpe, sino el ritmo. Y esa coincidencia precisa entre lo que vibra y aquello que puede vibrar.
Referencias de la noticia
Enciclopedia Británica. (2026). Learn about P waves, S waves, Love waves, and Rayleigh waves generated by an earthquake.
Gómez-Bernal, A. (2024). Analysis of Rayleigh and Love Waves in the Valley of Mexico and their Effect on Ground Motion Amplification. Capítulo del libro Advances in Earthquake Research and Engineering.