¡Adiós para siempre! La UICN confirma 6 animales declarados extintos en 2025

Se confirmó en 2025 la extinción oficial de al menos seis especies animales. Una lista breve en números, pero profunda en significado. La vida se pierde más rápido de lo que alcanzamos a comprenderla.

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Zarapito fino: la forma de una ausencia.

Hay pérdidas que no hacen ruido. No llegan con titulares urgentes ni con imágenes virales. Simplemente ocurren. Y cuando por fin se nombran, ya no son una noticia reciente ni una advertencia que llega a tiempo, sino la confirmación tardía de que una forma de vida desapareció sin testigos.

En 2025, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) confirmó que al menos seis especies animales han desaparecido oficialmente del planeta.

Desde 1964, la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN se ha convertido en la fuente de información más completa del mundo sobre el estado de conservación global de especies animales, hongos y plantas. Es un barómetro de la vida. Y no declara extinciones a la ligera.

Para que una especie sea considerada extinta, deben pasar décadas sin observaciones confirmadas, tras búsquedas exhaustivas en sus hábitats históricos. Cuando un nombre cruza ese umbral no es una estadística más. Ese nombre se vuelve el cierre definitivo de una historia evolutiva que no se repetirá.

Actualmente, más de 48,600 especies están, oficialmente, en peligro de extinción, representando el 28 % del total de especies evaluadas. Entre estos grupos en riesgo, algunos como los corales formadores de arrecifes muestran tasas aún mayores de amenaza. Porcentajes que no solo reflejan pérdida de la biodiversidad, también nos hablan de vulnerabilidad.

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Creo que pensar en extinción en tiempo presente duele, porque rompe una ilusión profundamente humana. Creemos que siempre habrá tiempo para actuar. Pero estas especies no desaparecieron de un día para otro. Se fueron apagando lentamente, mientras su mundo cambiaba alrededor. Hasta que la ausencia dejó de ser posibilidad y se volvió clausura.

Donde la vida se detuvo

El Zarapito fino fue un ave migratoria que durante siglos recorrió Eurasia y el norte de África. De silueta estilizada y pico curvado, habitó humedales y costas hoy profundamente transformados. Su trino suave, melancólico y poco frecuente, era tan fácil de perder entre el paisaje como el ave misma. El último registro confirmado data de mediados de los años noventa. Desde entonces, silencio.

La pérdida de hábitat, la presión humana en zonas de invernada y la caza terminaron por borrar al zarapito fino, una especie que ya era rara incluso antes de desaparecer.

Otro caso especialmente simbólico es el de la Musaraña de la Isla Christmas, un pequeño mamífero insectívoro endémico de una isla australiana. Tan discreta como vulnerable, fue vista por última vez en la década de 1980. Su extinción fue producto de una suma de amenazas: especies invasoras, enfermedades introducidas y la alteración progresiva de su entorno.

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Ilustración de la musaraña de la Isla Christmas, un mamífero de apenas 15 centímetros de longitud.

Y de hecho, Australia concentra una parte importante de estas pérdidas. La UICN confirmó también la extinción de tres especies de bandicoots, pequeños marsupiales nocturnos adaptados a ambientes muy específicos. Estos pequeños, durante miles de años, sobrevivieron a climas extremos.

Sin embargo, no pudieron resistir la llegada de depredadores introducidos, la fragmentación de su hábitat y los cambios acelerados del paisaje. Su desaparición es parte de una tendencia alarmante: Australia es uno de los continentes con mayor número de extinciones recientes de mamíferos.

Australia es uno de los continentes con mayor número de extinciones recientes de mamíferos.

La lista se completa con un invertebrado marino, un caracol de mar, perteneciente a un grupo poco visible para el público general, pero crucial para la biodiversidad oceánica. El Conus lugubris, un cono único de las costas de São Vicente (Cabo Verde), fue declarado oficialmente extinto, tras décadas sin avistamientos. El último registro fue confirmado en la década de 1980.

La desaparición de este caracol marino está ligada principalmente a la destrucción costera de su hábitat frágil en la isla. Y es que la mayoría de las extinciones ocurren, precisamente, lejos del foco mediático. Invertebrados, anfibios, pequeños mamíferos y especies insulares suelen desaparecer casi sin darnos cuenta, hasta que ya es demasiado tarde.

Lo que no vuelve

La UICN lleva años advirtiendo que la tasa actual de extinción es muy superior a la natural, impulsada principalmente por actividades humanas. La destrucción de hábitats, especies invasoras, sobreexplotación, contaminación y el cambio climático las están llevando al límite.

Estamos perdiendo biodiversidad más rápido de lo que somos capaces de protegerla, o incluso comprenderla. Algunas especies se van en silencio, casi desapercibidas. Pero aun las formas de vida más pequeñas sostienen el equilibrio de ecosistemas enteros. Y lo que todavía existe hoy, mañana podría convertirse en otro adiós definitivo.