Sale agua contaminada como "potable" en Jalisco y pone en grave riesgo la salud de sus habitantes
Lo que llega a las llaves de miles de hogares en el Área Metropolitana de Guadalajara ya no solo es agua turbia y con mal olor, sino una amenaza latente para la salud pública.

Lo que debería ser un derecho humano fundamental y un recurso vital para la vida cotidiana se ha transformado en una amenaza latente para la salud pública en la Zona Metropolitana de Guadalajara.
En cientos de colonias desde Zapopan, Guadalajara, Tlaquepaque y Tonalá, miles de familias reciben a través de las redes de distribución del Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) un líquido visiblemente contaminado, con olores fétidos y tonalidades que van del amarillo al café y negro.
En las muestras tomadas directamente de los grifos domésticos, hecho realizado por colectivos y universidades se ha detectado la presencia de bacterias.
Entre los microorganismos encontrados están los coliformes como E. coli, indicadores directos de contaminación fecal, además de trazas y concentraciones fuera de norma de metales pesados como plomo, mercurio y aluminio.
Impacto directo en la salud pública
Aunque la Secretaría de Salud del estado ha declarado en múltiples ocasiones que no hay reportes de incrementos en enfermedades gastrointestinales, de la piel o de los ojos por el agua contaminada, los usuarios de estas aguas han denunciado en redes sociales afectaciones en la piel, vómitos y diarreas.
Desde el primer trimestre del año, cuando comenzó a empeorar, la Comisión de Protección Contra Riesgos Sanitarios de Jalisco había advertido que el agua de la llave no se debería de usar ni siquiera para lavarse los dientes, mucho menos para cocinar o lavar frutas y verduras, lo que ha provocado que la población tenga que gastar en garrafones de agua potable.

Pero el bañarse, lavarse las manos o incluso lavar la ropa ha provocado manchas en las prendas, eso sin mencionar que en también los hospitales han visto afectada su operación, y para muestra un botón, pacientes que reciben hemodiálisis han denunciado la suspensión en algunos días de su tratamiento o por falta de agua o por agua contaminada.
Los sectores más vulnerables de la sociedad afectados por el agua son las infancias y los adultos mayores, pero también las mujeres embarazadas y personas con enfermedades crónicas, quienes han sufrido un trasplante, o quienes requieren altos niveles de higiene está en riesgo no solo la calidad de su día a día, sino su propia vida.

Ante este hartazgo, más de diez mil personas salieron a la calle el pasado 11 de octubre para manifestarse afuera de Casa Jalisco, recinto del gobernador Pablo Lemus, pero se salió de control y terminó con una fuerte represión por parte de las autoridades policiacas haciendo detenciones arbitrarias, repeliendo la manifestación con gases lacrimógeno y chorros de agua.
La exposición prolongada a los metales pesados como el plomo representa un peligro de afecciones neurodegenerativas y renales a mediano y largo plazo. Para miles de familias la recomendación de usar sólo agua del garrafón para el uso en casa esta medida es insuficiente e inequitativa.
Dicha recomendación traslada la carga financiera del fallo del servicio público al bolsillo de los ciudadanos, quienes deben destinar recursos adicionales semanales únicamente para cubrir necesidades básicas de aseo e hidratación.
La ciudadanía exige que el plan de inversión y saneamiento de la infraestructura hídrica se ejecute con diagnósticos científicos rigurosos y soluciones de fondo, y no mediante parches superficiales, además de que exigen el blindaje de no privatización y mucho menos la injerencia de empresas extranjeras.
El agua potable no es un lujo, sino un derecho de salud y dignidad. Mientras las tuberías continúen arrastrando agua contaminada a los hogares jaliscienses, la salud de la población seguirá estando en una peligrosa e inaceptable condición de vulnerabilidad.