10 colosos espaciales: el ranking de los meteoritos más gigantescos que han impactado en México

México conserva algunos de los meteoritos más grandes del mundo con fragmentos metálicos y carbonáceos como testigos que revelan la historia química del Sistema Solar.

Los meteoritos son los restos de asteroides que caen a la superficie terrestre.
Los meteoritos son los restos de asteroides que caen a la superficie terrestre.

En México no sólo tenemos cráteres, observatorios y cielos privilegiados: también guardamos fragmentos de cuerpos que viajaron por el Sistema Solar antes de chocar con la Tierra y caer en nuestro hermoso país, los meteoritos mexicanos.

Cuando hablamos de meteoritos nos referimos a los restos de asteroides, cometas u otros cuerpos que logran sobrevivir al paso por la atmósfera. La mayoría se fragmenta o quema durante la entrada pero los alcanzan el suelo quedan como archivos físicos de nuestra historia planetaria.

De acuerdo con el Grupo de Planetas Menores BUAP-INAOE, a continuación conoceremos los diez meteoritos mexicanos más grandes, de acuerdo con su peso, desde el más “ligero”, con una tonelada, hasta llegar al gigante de 24.3 toneladas.

Para precisar nombres, clasificación y lugares, comparamos la lista con el Meteoritical Bulletin Database, la base internacional que reconoce oficialmente los meteoritos, donde aparecen Chupaderos, Bacubirito, Morito, Toluca, Coahuila, Allende, Casas Grandes, Charcas, Santa Apolonia y Zacatecas.

El resultado es un recorrido por piezas que contienen información sobre metales, minerales, choques, fragmentación y condiciones físicas de los cuerpos pequeños que han existido desde los albores de nuestro Sistema Solar

Fragmentos que conectan historia, geografía y ciencia

Empezamos con el más ligero, el número 10 de nuestra lista fue registrado oficialmente en Zacatecas (1972) y clasificado como hierro no agrupado. Con una masa aproximada de una tonelada, probablemente procede del núcleo o de regiones internas de un cuerpo diferenciado, fragmentado por impactos ocurridos mucho antes de llegar a la Tierra.

El meteorito Allende es el más conocido, no sólo en México sino en el mundo. Crédito: BUAP/INAOE.
El meteorito Allende es el más conocido, no sólo en México sino en el mundo. Crédito: BUAP/INAOE.

El noveno es conocido como “Tlaxcala”, aunque oficialmente está registrado como Santa Apolonia. Fue encontrado en Tlaxcala en 1872, clasificado como meteorito de hierro IIIAB y con masa de 1.32 toneladas está vinculado con un grupo de meteoritos metálicos que comparten rasgos químicos y estructurales.

El octavo meteorito llamado “Charcas” fue encontrado en San Luis Potosí y registrado desde 1804. Está clasificado como hierro IIIAB y alcanza una masa aproximada de 1.4 toneladas. Algunas fuentes lo han descrito como un caso complejo, porque no ha sido fácil reconstruir cuánto material original se conservó, trasladó o repartió con el tiempo.

Este séptimo meteorito fue encontrado en Chihuahua y registrado en 1867 como “Casas Grandes”, con 1.55 toneladas, una masa notable para un objeto clasificado como hierro IIIAB. Pertenece al conjunto de meteoritos metálicos que permiten estudiar procesos de enfriamiento, cristalización y fragmentación en cuerpos primitivos.

Los gigantes metálicos mexicanos

A diferencia de la mayoría, Allende, el sexto de la lista no es un meteorito de hierro, es una condrita carbonácea CV3, caída observada en Chihuahua en 1969, con una masa total recuperada cercana a dos toneladas. Contiene inclusiones ricas en calcio y aluminio, materiales entre los sólidos más antiguos lo que lo convierte en uno de los meteoritos más estudiados del planeta.

“Coahuila”, el quinto de la lista, fue encontrado en ese Estado y registrado en 1837, con una masa que ronda las 2.1 toneladas y está clasificado como hierro IIAB. Su composición metálica lo convierte en una muestra útil para estudiar aleaciones naturales de hierro y níquel. Su estructura interna conserva señales del enfriamiento lento dentro de cuerpos parentales que fueron destruidos por colisiones antiguas.

Chupaderos con más de 24 toneladas es uno de los meteoritos más grandes del mundo. Crédito: HUAP/INAOE.
Chupaderos con más de 24 toneladas es uno de los meteoritos más grandes del mundo. Crédito: HUAP/INAOE.

Clasificado como hierro IAB-sLL, el cuarto, conocido como Toluca o Xiquipilco, está registrado con 2.1 toneladas y año 1784. Aunque el Meteoritical Bulletin lo reporta con tres toneladas y año 1776. También conocido históricamente como Xiquipilco, es famoso porque parte de su hierro fue usado para fabricar herramientas.

Morito fue encontrado en Chihuahua y registrado con el año 1600. Con 10.1 toneladas, ocupa el tercer lugar y se clasifica como un meteorito de hierro IIIAB, su masa lo coloca entre los más importantes a escala mundial. Su presencia en Chihuahua coincide con una notable concentración de hallazgos de hierro meteórico.

Pesos pesados: los finalistas de la batalla cósmica

Bacubirito, el subcampeón de nuestra lista, fue encontrado en Sinaloa y registrado en 1863. Su masa alcanza aproximadamente 22 toneladas y está clasificado como hierro no agrupado, una categoría usada cuando no encaja claramente en los grupos químicos principales. Durante mucho tiempo fue considerado el meteorito más grande de México.

Encontrado en Chihuahua en 1852 y clasificado como meteorito de hierro IIIAB, Chupaderos es, con sus más de 24 toneladas, el mayor meteorito mexicano. Representa una muestra enorme de material metálico, probablemente formado en el interior de un cuerpo primitivo que se enfrió lentamente antes de romperse y cruzar el espacio.

Es así que Chihuahua, Sinaloa, Coahuila, San Luis Potosí, Tlaxcala, Zacatecas y el valle de Toluca aparecen como escenarios donde la historia natural del espacio quedó inscrita en la superficie mexicana y fue dominada por meteoritos de hierro.

Mirar estos meteoritos como simples piedras sería quedarse corto ya que son restos de cuerpos destruidos, testigos de choques antiguos y piezas de una historia que empezó mucho antes de la Tierra en la que México conserva, en ellos, fragmentos reales de esa memoria cósmica.