Alarma espacial: el satélite privado enviado a rescatar el telescopio Swift de la NASA gira sin control
La nave que debía elevar la órbita del observatorio Swift, perdió estabilidad. Ingenieros intentan recuperar su control mientras el tiempo disminuye para salvar esta histórica misión científica de la NASA.

El observatorio Neil Gehrels Swift lleva más de dos décadas vigilando los fenómenos más extremos del Universo. Fue lanzado en noviembre de 2004, combinando telescopios de rayos gamma, X, UV y luz visible para detectar estallidos cósmicos y observarlos antes de que desaparezcan.
Con todo ese arsenal, Swift se convirtió en una herramienta esencial para estudiar explosiones de rayos gamma, fusiones de estrellas de neutrones, agujeros negros y otras fuentes transitorias. Sin embargo, hace no mucho, su órbita descendió de forma alarmante.
El problema ocurrió durante el máximo de actividad solar de 2024 cuando la energía recibida calentó y expandió las capas superiores de la atmósfera terrestre, aumentando el rozamiento sobre Swift de tal modo que su sistema de propulsión no fue capaz de conservar la altitud.
La maniobra ralentizó el descenso y extendió el margen disponible hasta comienzos del otoño. Aun así, Swift debía permanecer por encima de los 300 kilómetros para que una nave de servicio pudiera alcanzarlo y elevarlo, iniciando así una carrera espacial contra la atmósfera y contra el tiempo.
Una misión construida contra reloj
La NASA contrató a Katalyst Space para construir LINK, una nave robótica destinada a encontrarse con Swift, inspeccionarlo, sujetarlo y empujarlo hacia una órbita más alta. El proyecto no contemplaba un acoplamiento convencional, así que LINK debía localizar puntos seguros con sus cámaras.

Katalyst recibió el contrato en septiembre de 2025 y tuvo menos de un año para diseñar, fabricar, probar y lanzar el vehículo. Durante abril y mayo, superaron ensayos de vibración, vacío térmico, propulsión eléctrica y movimiento de sus mecanismos en el Centro Goddard de NASA.
Después de ser integrado en un cohete Pegasus XL y de dos intentos de lanzamiento aplazados por el clima y por problemas del software relacionado con su navegación, finalmente, LINK alcanzó la órbita el 3 de julio de 2026, estableciendo contacto con Tierra ese mismo día.
Sus paneles solares se desplegaron, la nave comenzó a producir energía y los controladores iniciaron la puesta en servicio. Con el plan de comprobar sensores, navegación y propulsores antes de viajar hacia Swift, todo parecía ir viento en popa...
Cuando el vehículo de rescate comenzó a girar
A pesar de que las primeras revisiones parecían alentadoras, aparecieron dificultades de comunicación y un giro excesivo. Si bien el equipo logró estabilizar la nave e informar que había corregido un problema en una rueda de reacción mediante parches de software, algo ocurría con su giroscopio.

El último fin de semana de julio, LINK perdió el control y comenzó a girar, reduciendo las comunicaciones. La investigación preliminar encontró que dos de sus tres ruedas de reacción no estaban operativas y que los propulsores de gas frío habían perdido parte de su funcionalidad.
Perder ambos afecta la capacidad para apuntar antenas, cámaras, motores y brazos robóticos. Algo indispensable cuando dos satélites se aproximan a velocidades orbitales, pues cualquier error puede provocar colisión.
Se recurrió entonces a propulsores eléctricos de xenón, originalmente destinados al traslado y al aumento orbital. Varias igniciones redujeron el giro. Y si bien la nave sigue generando energía y mantiene comunicaciones, todavía necesita recuperar una orientación estable antes de continuar su misión.
Un rescate todavía posible, pero no garantizado
La reducción del giro demuestra que LINK responde a comandos y conserva sistemas importantes, por lo que la misión no puede considerarse perdida. Mientras tanto, se estudia modificar el software de guiado, navegación y control para trabajar con una configuración más controlable.
La última previsión oficial situaba la aproximación hacia finales de agosto; sin embargo, llegar hasta el observatorio no garantiza que pueda capturarlo. Llegar a la órbita podría no ser suficiente para tener la precisión necesaria durante la delicadísima operación.
LINK debe acercarse lentamente, fotografiar la estructura, seleccionar puntos de agarre y coordinar sus brazos sin golpear ni hacer girar a Swift. Si la captura tiene éxito, los propulsores eléctricos elevarán el conjunto durante varios meses hasta una altitud cercana a la órbita original de Swift.
La misión demostraría además que es posible rescatar satélites que nunca fueron diseñados para recibir mantenimiento. Pero por ahora, la nave enviada a salvar al observatorio necesita superar su propia emergencia. En Meteored, seguiremos informando...