Cómo encontrar el norte sin la Estrella Polar: truco de navegación que funciona desde México y el hemisferio norte

Polaris parece inmóvil en el cielo boreal, pero su historia revela navegación, precesión terrestre, cambios estelares y hasta música enviada al espacio, mostrando cómo ciencia, cultura y tiempo se entrelazan.

Polaris, al centro de esta imagen, con un barrido de estrellas, conocidas como circumpolares, durante varias horas. Crédito: NASA/Preston Dyches.
Polaris, al centro de esta imagen, con un barrido de estrellas, conocidas como circumpolares, durante varias horas. Crédito: NASA/Preston Dyches.

A menos que no seas humano, es muy poco probable que no hayas escuchado hablar acerca de la estrella del norte, esa que usan o usaban los antiguos marineros para orientarse en alta mar y encontrar su camino de regreso a casa.

Si has tenido la oportunidad de leer nuestros últimos textos, recordarás que la Tierra tiene su eje de rotación inclinado veintitrés grados y medio, y éste siempre se mantiene apuntando en esa misma dirección durante su vuelta al Sol, lo que marca el polo norte celeste.

En esta época, y desde hace varios siglos, la estrella principal de la constelación de la Osa menor, Polaris, coincide por menos de 0.6 grados de separación con respecto al Polo Norte celeste, una distancia imperceptible para el ojo humano.

De hecho, en 2100, alcanzará su máximo acercamiento de 0.45 grados al Polo Norte celeste, para después comenzar a alejarse, para que dentro de unos 12,000 años, la estrella que apunte en esa dirección sea Vega, de la constelación de la Lira.

El eje de rotación terrestre está inclinado con respecto a la eclíptica 23.5 grados, lo que hace que apunte hacia Polaris. Crédito: NASA.
El eje de rotación terrestre está inclinado con respecto a la eclíptica 23.5 grados, lo que hace que apunte hacia Polaris. Crédito: NASA.

Este cambio, se debe a la precesión de la órbita, ese movimiento de “bamboleo” que tiene nuestro planeta y que es similar al de un trompo cuando está a punto de caer. Además de un pequeño zigzagueo llamado nutación que hace necesario ajustar las mediciones astronómicas cada cierto tiempo.

Cómo encontrar a la estrella del norte

Aunque es fácil ubicarla en el cielo, este depende de la latitud a la que uno se encuentre, y de hecho sólo lo pueden hacer los habitantes del hemisferio norte. Por ejemplo, en Ciudad de México la encontramos a 20 grados por arriba del horizonte, algo así como “una cuarta” con nuestro brazo extendido hacia el Norte.

Desde el punto de vista físico, Polaris es una supergigante amarilla de tipo espectral F7Ib-II. Su luminosidad supera miles de veces a la del Sol y su radio es aproximadamente 45 veces mayor. Además de formar un sistema estelar múltiple en el que la estrella principal está acompañada por Polaris B y Polaris C.

Una forma más fácil, si uno no conoce su latitud en ese momento, es buscar a la Osa Mayor, de hecho, el asterismo conocido como el “cucharón” o “carro”. Las dos estrellas en el borde Dubhe y Merak, señalan el camino a la estrella, que es la "colita" de la figura del pequeño oso en esa constelación.

Cuando la Osa Mayor no es visible, Orión puede servir como referencia inicial ya que el alineamiento de su cinturón permite encadenar constelaciones brillantes hasta Casiopea, cuya forma característica en W señala, desde el lado opuesto del cielo, la región donde se localiza Polaris.

Precesión, tiempo y el desplazamiento del polo celeste

Aunque parezca fija para nosotros, su posición cambia lentamente debido a la precesión de los equinoccios, un fenómeno que hace que el eje de rotación terrestre trace un amplio círculo en el cielo, completando un ciclo de aproximadamente 26 mil años respecto al fondo de las estrellas.

Como consecuencia, la ascensión recta de Polaris (arriba-abajo) varía de manera apreciable. Por ejemplo, la variación en el año 2000 era de unas 2.5 horas, mientras que en el 2100 será de 6 horas aproximadamente. Un cambio importante para una estrella utilizada como referencia astronómica.

Forma de encontrar Polaris en el cielo nocturno del hemisferio norte mediante el apoyo del "cucharón" o "carro" de la Osa Mayor. Crédito: NASA.
Forma de encontrar Polaris en el cielo nocturno del hemisferio norte mediante el apoyo del "cucharón" o "carro" de la Osa Mayor. Crédito: NASA.

Esta estrella no siempre ocupó el papel de "estrella polar", por ahí del año 2750 a. C., el polo celeste se encontraba cerca de Thuban, en la constelación del Dragón, y durante la antigüedad clásica estuvo ligeramente más próximo a Kochab que a Polaris.

En ese periodo, el navegante griego Piteas describió el polo celeste como “carente de estrellas visibles”. Ninguna destacaba lo suficiente como guía clara, lo que dificultaba la orientación nocturna para marinos que dependían exclusivamente del cielo para determinar su rumbo.

Antiguas estrellas polares y memoria del cielo

Con el paso de los siglos, Polaris fue ganando protagonismo y en la antigüedad tardía ya se utilizaba para la navegación, además de que siempre estaba visible, una cualidad fundamental para la observación desde cualquier ubicación en el hemisferio norte.

Durante la Edad Media se consolidó definitivamente como Stella Polaris, de hecho Cristóbal Colón corrigió sus mediciones en 1492 al notar el pequeño círculo descrito por la estrella alrededor del polo, un detalle crucial para ajustar el rumbo durante su viaje inicial hacia el oeste atlántico.

Su influencia también alcanza la cultura contemporánea. En 2006, la NASA transmitió hacia Polaris la canción Across the Universe de The Beatles, utilizando una antena de gran potencia, como gesto simbólico que unió exploración espacial, ciencia y música popular en un solo mensaje cultural de la humanidad.

El envío celebró aniversarios científicos y musicales, simbolizando la unión entre conocimiento y creatividad. Así, Polaris no sólo orienta cuerpos en el espacio, sino también relatos humanos que miran al cielo buscando sentido, permanencia y conexión con un Universo en constante transformación.