El lugar que ocupamos en el cosmos es mucho más grande de lo que imaginas: así es Laniakea, nuestro hogar galáctico

Vivimos en un rincón de una estructura colosal llamada Laniakea. La cosmografía galáctica redefine nuestra ubicación en el espacio profundo bajo la influencia de inmensas estructuras filamentarias.

Laniakea: nuestro supercúmulo de galaxias local. Crédito: R. Brent Tully (U. Hawaii) et al., SDvision, DP, CEA/Saclay.
Laniakea: nuestro supercúmulo de galaxias local. Crédito: R. Brent Tully (U. Hawaii) et al., SDvision, DP, CEA/Saclay.

Hace poco, leyendo el libro póstumo de uno de mis héroes personales, Carl Sagan, encontré una explicación acerca de lo que trata el trabajo de los científicos. En el libro, “miles de millones”, lo primero que aprendemos es cómo contar (números grandes).

Y es que, si de números se trata, el Universo se pinta solo, para mostrarnos cantidades grandes y, en nuestra escala humana, inconmensurables. En el primer capítulo, Sagan nos cuenta acerca de una señora que, preocupada, se le acercó a preguntarle si el Sol iba a “morir” en 5 millones de años.

Cuando él le dice que no eran 5, sino 5,000 (millones), la señora respiró aliviada. Lo cierto es que podría ser en medio millón de años y, para el caso, a nosotros, tú que estás leyendo estas líneas, yo y todos los que existimos en este momento nos daría exactamente igual. Probablemente no estaremos aquí en 100 años.

Algo que es primordial para la ciencia es cuantificar intervalos, es decir: medir. Medir la masa, el tiempo, la distancia; todo lo que se pueda medir es el pan de cada día para los científicos, así hemos construido nuestro conocimiento actual del Universo.

Hace poco más de 100 años, pensábamos que todo nuestro Universo estaba conformado por la Vía Láctea, conocida desde antes de los griegos. En el calendario cósmico, apenas hace una milésima de segundo (en escalas astronómicas) supimos que su tamaño era verdaderamente inmenso.

Una red invisible de filamentos

Lo primero que tenemos que advertir es que el cosmos está organizado en una red compleja de filamentos, estructuras alargadas que actúan como puentes por los que viajan las galaxias. Alrededor de ellas, grandes vacíos resaltan la densidad de nuestra galaxia en el Universo en expansión.

Visualización de Laniakea y cinco supercúmulos, mostrando galaxias, corrientes, densidades y cuencas de atracción cósmicas. Crédito: Dupuy, A. and Courtois, H. M.
Visualización de Laniakea y cinco supercúmulos, mostrando galaxias, corrientes, densidades y cuencas de atracción cósmicas. Crédito: Dupuy, A. and Courtois, H. M.

Gracias a mediciones de velocidades galácticas, hoy sabemos que formamos parte del supercumulo de Laniakea, una palabra que en hawaiano significa cielos inconmensurables.

Un supercúmulo se define como una cuenca de atracción gravitacional donde las galaxias fluyen hacia un centro común.

Esta estructura abarca unos 160 megaparsecs de diámetro y contiene una masa equivalente a 100 mil billones de veces la de nuestro Sol. En su corazón se encuentra el Gran Atractor, un punto donde convergen las galaxias, movidas por la fuerza gravitacional de densos cúmulos.

El Gran Atractor ejerce una influencia sobre los filamentos, guiando el flujo de materia hacia los cúmulos de Norma y Centaurus. Nuestra posición cerca del límite nos ubica en una zona de transición crítica, ya que mientras algunas galaxias se mueven hacia nuestro centro, otras fluyen hacia el cúmulo de Perseo-Piscis.

Shapley y el futuro

Entender estos flujos permite a los astrónomos clasificar diversos supercúmulos basándose en criterios puramente físicos y dinámicos. Ya no dependemos solo de mapas visuales, sino del movimiento real de la materia. Laniakea emerge así como una entidad coherente y unificada por la fuerza invisible de la gravedad.

Investigaciones recientes sugieren que nuestra visión de Laniakea podría cambiar cuando tengamos más datos. El catálogo Cosmicflows-4 indica que nuestro hogar podría estar conectado a algo aún más grande. Existe una probabilidad significativa de que formemos parte de una cuenca mayor llamada Shapley en el futuro.

Vistas de Laniakea mostrando límites, flujos, galaxias y sus principales estructuras cósmicas internas diferenciadas. Crédito: R. Brent Tully, et al.
Vistas de Laniakea mostrando límites, flujos, galaxias y sus principales estructuras cósmicas internas diferenciadas. Crédito: R. Brent Tully, et al.

La cuenca de Shapley es una de las estructuras más masivas detectadas hasta ahora en el universo local. Si Laniakea es nuestro vecindario, Shapley representaría la metrópolis a la que estamos vinculados. Esta jerarquía de supercúmulos muestra que el cosmos está mucho más interconectado de lo pensado por todos.

Otros supercúmulos definidos dinámicamente incluyen a Apus, Hércules y Lepus, cada uno con su propio centro de atracción. Estas estructuras gigantescas actúan como islas de materia en un océano de expansión acelerada. Mapearlas es fundamental para comprender cómo evolucionará la estructura a gran escala del universo en los próximos milenios.

Valles y vacíos

Y aunque la Gran Muralla de Sloan es, por ahora, el mayor de estos sistemas de nuestra vecindad, con un volumen que supera al de Shapley, en realidad, los espacios vacíos también juegan un papel crucial en la cosmografía. Los repellers, como el del Dipolo o el de la Mancha Fría, empujan la materia lejos de los grandes vacíos.

Los científicos visualizan estas dinámicas mediante valles gravitacionales, donde las galaxias se deslizan como agua río abajo. Al identificar estos caminos o rutas, podemos ver la forma real de cada cúmulo sin las distorsiones habituales.

Gran parte de la materia responsable de esta atracción es invisible a nuestros telescopios convencionales ya que la materia oscura es la que domina, dictando el destino de los supercúmulos a lo largo del tiempo. Laniakea es sólo la manifestación visible de un esqueleto mucho más denso y misterioso que nos rodea.

Al final del día, conocer nuestra ubicación en Laniakea nos ayuda a comprender la escala real de nuestra existencia. Somos parte de una estructura dinámica y vibrante que se extiende por el vacío, además de funcionar como recordatorio de que todo en el cosmos está conectado.