Hallazgo espacial un sistema planetario con un planeta de lava y otro donde podria haber vida
A 337 años luz, una estrella enana roja alberga dos planetas opuestos, uno abrasador, quizá cubierto de lava, y otro templado, ubicado en la zona habitable de su estrella anfitriona.

A unos 337 años luz de la Tierra, TOI-1752 alberga dos planetas, confirmados por un equipo del Observatorio del Teide, un par que no podrían ser más distintos. El sistema orbita una enana roja de tipo M1, más pequeña, fría y tenue que nuestro Sol.
Las enanas rojas favorecen estas búsquedas porque los planetas pequeños pueden bloquear una fracción relativamente grande de su luz al pasar frente a ellas. Esa disminución periódica del brillo, llamada tránsito, permite calcular el periodo orbital y estimar su tamaño.
TESS, el telescopio espacial de la NASA dedicado a localizar exoplanetas, registró las dos señales iniciales. Sin embargo, una caída repetida de luminosidad sólo da un candidato ya que estrellas eclipsantes, objetos vecinos o errores instrumentales pueden imitar el paso de un planeta.
Esa arquitectura convierte al sistema en un laboratorio natural con un mundo interior soportando irradiación extrema, mientras el exterior recibe energía para temperaturas templadas. Compararlos alrededor de la misma estrella ayudará a estudiar cómo la distancia moldea sus superficies y atmósferas.
Planetas a la vista
Para confirmar los candidatos, el equipo combinó los datos de TESS con observaciones realizadas desde varios telescopios terrestres. La fotometría multicolor comprobó si los descensos de brillo conservaban la misma profundidad en diferentes filtros, como debería ocurrir durante un tránsito planetario verdadero.

MuSCAT2, instalado en el Telescopio Carlos Sánchez del Observatorio del Teide, y MuSCAT3, situado en Hawái, aportaron mediciones simultáneas en varios colores. Además, imágenes de alta resolución buscaron estrellas cercanas cuya luz pudiera contaminar la señal y producir un falso positivo.
El programa TRICERATOPS comparó escenarios planetarios con explicaciones alternativas mediante curvas de luz, datos de Gaia, imágenes de contraste y modelos de población estelar. Las probabilidades de falso positivo quedaron por debajo del umbral exigido, con contribución nula de fuentes vecinas conocidas.
Una red neuronal llamada WATSON-Net ofreció una comprobación independiente, aunque por sí sola no bastó para validar ambos objetos. La conclusión surgió del conjunto de evidencias, señales periódicas coherentes, seguimiento multicolor, ausencia de contaminantes y una probabilidad estadística muy baja de impostores.
Un mundo al borde de fundirse
TOI-1752 b gira a solo 0.016 unidades astronómicas de su estrella, aproximadamente un 4 % de la distancia entre Mercurio y el Sol. Su temperatura de equilibrio estimada alcanza 1.036 Kelvin, suficiente para situarlo cerca del umbral donde ciertas rocas comienzan a fundirse.
El término “mundo de lava” describe un escenario físico, no una observación directa de océanos incandescentes. Los modelos indican que el hemisferio diurno podría conservar roca fundida, dependiendo de la composición, el albedo y la eficacia con que el planeta redistribuya el calor.

Por su tamaño y cercanía a la estrella, probablemente sea rocoso y haya perdido cualquier envoltura primordial ligera. Aun así, el magma podría liberar gases del interior y sostener una atmósfera secundaria, renovada continuamente por la actividad de la superficie.
El estudio simuló observaciones con el telescopio James Webb para distinguir entre superficies desnudas y atmósferas ricas en dióxido de carbono o vapor de agua. La señal sería tenue, pero varios eclipses secundarios podrían revelar cómo el planeta emite calor, especialmente alrededor de las 15 micras.
Habitable no significa habitado
TOI-1752 c se encuentra diez veces más lejos de la estrella que su compañero, a 0.161 unidades astronómicas. Su temperatura de equilibrio ronda 291 Kelvin, cerca de 18 grados Celsius, aunque esa cifra idealizada no equivale necesariamente a la temperatura real de su superficie.
Que esté en la “zona habitable optimista” significa únicamente que recibe una cantidad de energía compatible, bajo algunos modelos atmosféricos, con agua líquida. No confirma océanos ni vida. Todavía hace falta conocer su masa, composición, presión atmosférica, nubes y respuesta a la radiación estelar.
Su radio lo clasifica como subneptuno, una familia inexistente en nuestro sistema solar que puede reunir mundos rocosos, acuáticos o cubiertos por gruesas envolturas gaseosas. Si predomina el gas, quizá ni siquiera exista una superficie sólida accesible donde pudiera acumularse agua.
La masa todavía no se ha medido aunque el trabajo estima unas 5.2 masas terrestres y propone observaciones de velocidad radial para precisarla. Con masa y atmósfera conocidas, podría compararse rigurosamente con K2-18 b, otro subneptuno templado que sigue alimentando debates científicos.
Referencia de la noticia
A. Peláez-Torres, et al. (2026). A gem system with a lava world and a habitable zone sub-Neptune orbiting TOI–1752.