La ciencia encuentra nuevas pruebas de que Venus posiblemente albergó vida en el pasado
Un estudio propone que ciertas fracturas de Venus podrían conservar huellas de antiguos océanos. Un hallazgo que reabre preguntas sobre su habitabilidad aunque sin demostrar que el planeta albergara vida.

Venus vuelve a despertar preguntas sobre su pasado gracias a una nueva investigación, publicada en Earth and Planetary Science Letters que propone interpretar ciertas fracturas superficiales como posibles huellas de antiguos depósitos oceánicos.
La idea parte de imágenes de radar obtenidas por la misión Magallanes en las que algunas redes de polígonos podrían corresponder a sedimentos que se contrajeron después de acumularse bajo el agua. Si bien es una interpretación geológica sugerente, aún necesita mediciones capaces de distinguir materiales concretos.
Conviene separar tres preguntas que suelen mezclarse:
- si hubo agua líquida,
- si existieron condiciones habitables y
- si apareció vida.
La superficie actual resulta extremadamente hostil al alcanzar los 465 grados Celsius y soportar una presión unas 90 veces mayor que la terrestre y su atmósfera, dominada por dióxido de carbono, retiene intensamente el calor. Comprender cómo llegó a ese estado es parte del problema.
La semejanza de tamaño entre Venus y la Tierra hace especialmente interesante esa comparación en la que dos planetas rocosos relativamente próximos al Sol terminaron con ambientes muy diferentes. Investigar esa divergencia nos ayudará a reconocer qué condiciones permiten conservar agua y cuáles lo impiden.
Lo que nos revelan los mapas
Las nubes venusinas ocultan el suelo a la observación, para cartografiarlo se necesita un radar, ya que sus señales atraviesan esa cubierta y registran características del relieve y la superficie. Sin embargo, una imagen de radar no equivale a analizar una muestra.

La hipótesis oceánica compara las fracturas con estructuras terrestres asociadas a sedimentos marinos. La semejanza permite proponer un mecanismo para investigarlo, pero distintas causas pueden producir formas parecidas en donde el enfriamiento y los procesos volcánicos deben seguir considerándose al estudiar las grietas.
Para responder la pregunta de si los terrenos contienen materiales compatibles con depósitos acuosos, se deben combinar mapas más detallados con información sobre composición.
El trabajo infiere sedimentos a partir de formas, sin confirmar directamente arcillas por lo que su lectura permite entender la atención que merece esta nueva propuesta y por qué todavía resulta prematuro anunciar océanos demostrados o vida.
Un pasado templado
En 2016, Michael Way y su equipo publicaron simulaciones climáticas donde un Venus con un océano inicial poco profundo podía mantener temperaturas moderadas. Los resultados dependían de condiciones supuestas, entre ellas la rotación, la atmósfera y la distribución del terreno.
Los modelos muestran una posibilidad física bajo determinados supuestos, no una observación del pasado. Que una simulación conserve agua no confirma que Venus inició con ese inventario ni esa atmósfera por lo que, para reconstruir una historia real, las soluciones deben verificarse con observaciones.

En 2021, el equipo de Martin Turbet estudió otra etapa que consideraba la posibilidad de que el vapor inicial llegara a condensarse. Sus simulaciones encontraron que ciertas nubes reforzaban el calentamiento y podían impedir formar océanos. Como podemos ver, se tienen historias climáticas diferentes.
Estas investigaciones permiten formular una distinción crucial entre conservar un océano ya existente y conseguir que aparezca por primera vez. El nuevo argumento geológico interesa porque busca huellas físicas para contrastar ambas historias.
El enlace que nos falta
Encontrar un ambiente potencialmente habitable significaría reconocer condiciones compatibles con alguna forma de vida conocida. Detectar vida exige señales biológicas y descartar explicaciones no biológicas razonables. En el caso de Venus, el estudio de las fracturas no presenta fósiles, organismos ni una señal biológica confirmada.
Es así como se concibió la misión DAVINCI de la NASA, que servirá para estudiar la atmósfera mediante una sonda de descenso y observaciones complementarias. Al medir su composición podremos reconstruir la evolución del planeta y, al fin, contrastar las hipótesis sobre la pérdida o ausencia de agua.
También hacen falta observaciones capaces de resolver mejor el terreno y relacionarlo con su historia geológica para someter las interpretaciones a pruebas concretas. Un resultado contrario a la hipótesis oceánica sería igualmente valioso, porque reduciría las historias posibles de Venus.
Por ahora, el avance consiste en una nueva propuesta sobre antiguos océanos que merece comprobarse y la pregunta de si Venus albergó vida continúa abierta y sin evidencia confirmatoria. Resolver la historia del agua ayudará a plantearla sobre bases más firmes y verificables. Desde la Tierra, seguiremos informando...
Referencia de la noticia
Richard C. Ghail a, Eloise J.P. Crouch a, Philippa J. Mason b. (2026). The lost oceans of Venus.