La falsa aurora que puedes ver en México: ¿Qué es esa pirámide de luz en el horizonte?

Un antiguo rastro de cometas y polvo planetario genera en nuestro planeta un hermoso fenomeno conocido como luz zodiacal y que se manifiesta como una piramide en el cielo.

La luz zodiacal suele aparecer como una pirame difusa en el horizonte después del atardecer o antes del amanecer.
La luz zodiacal suele aparecer como una pirame difusa en el horizonte después del atardecer o antes del amanecer.

Si alguna vez te has quedado viendo el cielo al atardecer o te has despertado lo suficientemente temprano antes de que salga el Sol, probablemente habrás podido apreciar una nube difusa que asemeja a la Vía Láctea o incluso a una aurora. Su forma es como un cono de luz y es lo que conocemos como “luz zodiacal”.

Se trata de un fenómeno astronómico que ocurre fuera de nuestra atmósfera gracias a partículas provenientes ya sea de restos de cometas o incluso de polvo que se desprende de otros planetas como Marte, donde ocurren tormentas de polvo que lo cubren por completo.

Debido a la interacción gravitacional con los demás planetas y al mismo Sol, suelen alinearse en el plano de la eclíptica, ese disco imaginario en el cual, grados más, grados menos, los planetas y la mayoría de cuerpos viajan alrededor del Sol.

El que la mayoría de objetos se alineen con el plano de la eclíptica, se debe a algo que en física llamamos conservación de momento angular, como cuando una bailarina da vueltas y su vestido se ensancha y se levanta convirtiéndose en un gran disco giratorio.

La principal diferencia entre la
La principal diferencia entre la "luz zodiacal" y las auroras es que éstas últimas ocurren en la atmósfera terrestre.

Si conectamos lo anterior con el hecho de que en el plano de la eclíptica es donde observamos las constelaciones del zodíaco, tenemos el nombre perfecto para el resplandor de las partículas que brillan debido a la dispersión de radiación solar: la luz zodiacal.

Viajeros cósmicos

Las partículas que generan este efecto están compuestas de silicatos o algunos metales ferrosos. Sus tamaños varían desde los micrómetros hasta algunos milímetros y han estado orbitando el sistema solar desde sus inicios, aunque se han movido al sistema solar interior desde hace relativamente poco tiempo.

Aproximadamente el 60 % de este "polvo" proviene de cometas de período corto, “pastoreados” por Júpiter, mientras que el resto se atribuye a colisiones en el cinturón de asteroides, así como al aporte de los de períodos largos provenientes de regiones externas.

En la Tierra, diariamente caen unas veintiocho toneladas de este material interplanetario el cual atraviesa la alta atmósfera. La mayor parte se desintegra a unos noventa kilómetros de altura mediante procesos térmicos que inyectan diversos metales en el aire superior terrestre.

De hecho no todo el polvo se evapora, los granos que entran a menor velocidad pueden fundirse y resolidificarse como esférulas cósmicas. Estas partículas caen lentamente a la superficie, acumulándose en regiones como la Antártida, donde son recolectadas para diversos tipos de análisis científicos.

Los vecinos esconden secretos

Planetas como Venus y Marte, nuestros vecinos planetarios más cercanos, juegan un papel importante en lo que respecta a partículas de polvo, tanto en la emisión al espacio interplanetario como en la conformación de sus propias atmósferas.

En Marte, las misiones que lo están orbitando, han detectado capas de iones de magnesio que provienen, principalmente, de las tormentas de polvo globales que ocurren cada cierto tiempo. Cuando estas partículas entran en contacto con la atmósfera producen metano y gases que son detectados por las sondas.

Tormenta de polvo global captada por el Telescopio Espacial Hubble en el año de 2001 en Marte. Crédito: NASA.
Tormenta de polvo global captada por el Telescopio Espacial Hubble en el año de 2001 en Marte. Crédito: NASA.

Venus también presenta trazas de este material, lo que podría explicar el misterio de la absorción ultravioleta, característica de partículas de polvo de estos tamaños que ayudarían a generar el efecto invernadero y, la mayor temperatura de un planeta en el sistema solar.

El hierro, inyectado por el polvo, reacciona con gases volcánicos, formando compuestos que a altitudes superiores a los cien kilómetros sirve como punto de condensación que genera nubes de hielo efímeras y manchas oscuras en las nubes de ácido que incluso podemos observar desde la Tierra.

Testigos de nuestra evolución estelar

Estudiar este tipo de partículas y la luz que producen, nos permite comprender la historia evolutiva y los procesos de formación de los sistemas planetarios ya que los granos de polvo actúan como registros de lo que sucedió en el nacimiento del sistema solar hace más de cinco mil millones de años.

De hecho, el origen de la vida terrestre podría estar vinculado a estos materiales, principalmente al transportar fósforo en forma soluble, pues sabemos que sus reacciones químicas se pueden aprovechar de forma más eficiente en procesos biológicos.

Observaciones recientes han revelado que otros sistemas exoplanetarios experimentan procesos similares de producción masiva de polvo, pues muestran nubes que indican colisiones planetarias permeando de polvo y gas todo su vecindario.

Para nuestro caso, esta pirámide de luz zodiacal no es más que la manifestación visible de un entorno espacial activo que conecta a la Tierra con los procesos de nuestro entorno. En México tenemos cielos extraordinarios para poder disfrutar de este hermoso fenómeno.