Lluvia de meteoros Dracónidas: las estrellas fugaces del cometa 21P/Giacobini-Zinner dejarán hasta 10 meteoros por hora
Cada octubre, la Tierra cruza restos del cometa 21P/Giacobini-Zinner y produce las Dracónidas, una lluvia modesta pero impredecible que ha llegado a generar auténticos tormentones de meteoros.

Las Dracónidas son una lluvia de meteoros modesta en la mayoría de los años, pero tienen una historia capaz de sorprender. Su actividad suele concentrarse alrededor del 8 de octubre, cuando la Tierra atraviesa partículas dejadas por el cometa 21P/Giacobini-Zinner.
En condiciones ideales, la tasa cenital horaria de las Dracónidas ronda aproximadamente los 10 meteoros por hora. Esa cifra describe un cielo muy oscuro, con el radiante alto y una visión despejada; desde una ciudad, el número realmente visible suele ser menor.
A diferencia de muchas lluvias de estrellas, esta es visible en las primeras horas de la noche. Su radiante está en la constelación del Dragón, una región del cielo boreal que alcanza buena altura poco después del anochecer para observadores del hemisferio norte.
El espectáculo no necesita telescopio ni binoculares, de hecho, esos instrumentos reducen demasiado el campo de visión. Lo más útil es encontrar un sitio oscuro, acostarse, mirar una zona amplia del cielo y permitir que el espectáculo suceda frente a nuestros.
El responsable del espectáculo
El origen de las Dracónidas es el cometa periódico 21P/Giacobini-Zinner, descubierto en 1900 por Michel Giacobini y redescubierto en 1913 por Ernst Zinner. Completa una órbita alrededor del Sol aproximadamente cada 6.6 años, dejando polvo a lo largo de su trayectoria.

Cuando un cometa se acerca al Sol, parte de sus hielos se sublima y libera granos de polvo, los fragmentos permanecen distribuidos en corrientes alrededor de su órbita, y cada octubre nuestro planeta cruza esa región, algunas partículas interceptan la atmósfera.
Estas últimas, son partículas diminutas, muchas del tamaño de granos de arena, que comprimen y calientan el aire a su paso, generando un brillo proveniente principalmente del gas atmosférico y de los escombros cometarios.
El nombre de la lluvia procede de Draco porque, al prolongar hacia atrás las trayectorias de los meteoros, parecen converger en un punto de esa constelación. Ese punto aparente se llama radiante y en realidad es un efecto de perspectiva, parecido al de vías ferroviarias convergentes.
Una lluvia con grandes sorpresas
Aunque acostumbran ser discretas, han producido tormentas meteóricas extraordinarias, por ejemplo, en 1933 y 1946 se registraron tasas de miles de meteoros por hora en algunos momentos, mientras que en 2011 ocurrió otro incremento notable relacionado con densas corrientes de partículas.
Estas explosiones de actividad se producen cuando la Tierra atraviesa filamentos especialmente densos de polvo expulsado por el cometa en pasos anteriores. Por eso, una tasa habitual de pocos meteoros no significa que la lluvia sea incapaz de mostrar episodios mucho más intensos.

Los astrónomos modelan la órbita de 21P/Giacobini-Zinner y la evolución de sus corrientes de partículas para anticipar posibles encuentros. Sin embargo, pequeñas diferencias en la distribución del polvo pueden cambiar mucho el resultado, de modo que los pronósticos de estallidos conservan incertidumbre.
Para observar desde México conviene buscar un lugar alejado de iluminación urbana y con horizonte despejado hacia el norte. No es necesario mirar directamente la constelación, los meteoros pueden aparecer en cualquier parte del cielo.
Estrategias de observación
La mejor es comenzar poco después de que oscurezca y observar durante al menos una hora. El ojo humano necesita tiempo para adaptarse a la oscuridad, así que debe evitarse mirar pantallas brillantes. Con una luz roja tenue será más que suficiente para conservar la visión nocturna.
También conviene abrigarse, usar una silla reclinable o manta y elegir un sitio seguro. Las nubes, la contaminación lumínica y la presencia de la Luna pueden reducir el número observable. Por ello, debes estar pendiente de nuestro calendario astronómico mensual y las predicciones meteorológicas.
Para fotografiarlas se puede usar una cámara con objetivo gran angular, trípode y exposiciones de varios segundos, ajustando sensibilidad y apertura según la oscuridad del sitio. Tomar muchas imágenes consecutivas aumenta la probabilidad de capturar algún meteoro atravesando el encuadre durante la sesión.
Lo cierto es que una lluvia aparentemente tranquila puede traernos sorpresas y si bien cada meteoro es una pequeña parte de un cometa, al mismo tiempo, es una oportunidad para observar cómo interactúa la Tierra con su familia Solar.