Susto en la Luna: el comandante de Artemis II confiesa la perturbadora anomalía que sufrieron a mitad de la noche
Artemis II devolvió astronautas a las cercanías lunares, pero también enfrentó señales inesperadas que pusieron a prueba la preparación, paciencia y coordinación de toda su tripulación durante la odisea.

Más de medio siglo después de la última expedición del programa Apolo, cuatro astronautas viajaron alrededor de la Luna en la nave Orion durante casi diez días, completando el primer vuelo tripulado del programa Artemis.
Reid Wiseman, comandante de Artemis II, explicó después del regreso que la travesía no estuvo libre de sobresaltos. La tripulación recibió señales inesperadas de distintos sistemas, situaciones que los astronautas denominan anomalías y que revisaron rápidamente.
Una de esas alertas apareció en mitad del periodo nocturno de la tripulación. Según Wiseman, la indicación podía señalar un problema serio en el sistema de combustible, por lo que toda la tripulación tuvo que comprobar de inmediato si Orion estaba perdiendo propelente.
Artemis II fue concebida como una prueba integral de los sistemas necesarios para viajar al espacio profundo. Encontrar comportamientos inesperados no contradice su éxito, más bien nos permite conocer cómo responde la nave, cómo trabaja la tripulación y qué debe corregirse en futuras misiones.
Una alerta nocturna en el sistema de combustible
El propelente ayuda a la orientación, velocidad y trayectoria de la nave, por lo que una pérdida habría reducido la capacidad de Orion para ejecutar maniobras, corregir su rumbo o incluso complicar el regreso para entrar con seguridad en la atmósfera terrestre.

Wiseman señaló que la primera reacción debía combinar rapidez y prudencia, así que la tripulación revisó los datos para determinar si existía una fuga real o si la señal correspondía a otra bronca del sistema. Actuar precipitadamente también podía producir algo contraproducente.
El comandante resumió la experiencia con una idea sencilla:
Esa forma de responder no surge espontáneamente durante el vuelo, ¡no! Los astronautas entrenan durante años con simulaciones de fallas, procedimientos de emergencia y escenarios ambiguos. El objetivo no es memorizar cada problema, sino conservar la calma.
Una misión para "poner a punto" los sistemas
La NASA utilizó Artemis II para evaluar, por primera vez, sus capacidades de exploración humana en el espacio profundo. Es así que los cuatro astronautas debían mantenerse vivos, comunicarse con la Tierra, navegar alrededor de la Luna y soportar el regreso.
La nave también dependió del Módulo Europeo de Servicio, construido mediante participación internacional y encargado de proporcionar propulsión, energía, agua, oxígeno y control térmico. Wiseman destacó que este componente impulsó a Orion hacia la Luna y sostuvo a toda la tripulación durante todo el recorrido.

Las anomalías forman parte del aprendizaje de una misión de prueba, siempre que puedan identificarse, controlarse y analizarse posteriormente, por lo que cada señal ofrece información sobre sensores, programas, procedimientos y respuestas humanas que no se pueden reproducir en simulaciones.
Wiseman también reconoció que la tripulación cometió errores menores sin consecuencias graves. Después de cada episodio, los astronautas revisaban lo ocurrido y, en ocasiones, terminaban riéndose. Esa combinación de análisis, humor y confianza ayudó a conservar la cohesión dentro de una cabina pequeña y exigente.
Lecciones para regresar a la Luna
El vuelo culminó con el amerizaje de Orion el 10 de abril de 2026, después de completar su recorrido alrededor de la Luna. Más allá del valor histórico, la misión entregó datos sobre navegación, soporte vital, comunicaciones, rendimiento de la nave y trabajo humano lejos de la Tierra.
Los ingenieros deberán estudiar las anomalías junto con el comportamiento general de Orion para decidir qué ajustes serán necesarios. La prioridad no será ocultar los problemas, sino comprender sus causas y reducir la posibilidad de que una señal semejante se convierta en una emergencia futura.
Artemis II también mostró que las misiones lunares actuales dependen de una cooperación más amplia que durante Apolo. Estados Unidos, Canadá y Europa aportaron astronautas, sistemas y experiencia, una estructura que será todavía más importante para establecer operaciones humanas prolongadas alrededor y sobre la Luna.