Susto en la Luna: el comandante de Artemis II confiesa la perturbadora anomalía que sufrieron a mitad de la noche

Artemis II devolvió astronautas a las cercanías lunares, pero también enfrentó señales inesperadas que pusieron a prueba la preparación, paciencia y coordinación de toda su tripulación durante la odisea.

Antes de irse a dormir en el quinto día, la tripulación tomó una última fotografía de la Luna. Crédito: NASA.
Antes de irse a dormir en el quinto día, la tripulación tomó una última fotografía de la Luna. Crédito: NASA.

Más de medio siglo después de la última expedición del programa Apolo, cuatro astronautas viajaron alrededor de la Luna en la nave Orion durante casi diez días, completando el primer vuelo tripulado del programa Artemis.

Reid Wiseman, comandante de Artemis II, explicó después del regreso que la travesía no estuvo libre de sobresaltos. La tripulación recibió señales inesperadas de distintos sistemas, situaciones que los astronautas denominan anomalías y que revisaron rápidamente.

Una de esas alertas apareció en mitad del periodo nocturno de la tripulación. Según Wiseman, la indicación podía señalar un problema serio en el sistema de combustible, por lo que toda la tripulación tuvo que comprobar de inmediato si Orion estaba perdiendo propelente.

El incidente finalmente no tuvo consecuencias graves, pero mostró la diferencia entre observar una misión desde la Tierra y vivirla dentro de una cápsula. A cientos de miles de kilómetros, cada lectura se debe interpretar con precisión antes de tomar una decisión incorrecta.

Artemis II fue concebida como una prueba integral de los sistemas necesarios para viajar al espacio profundo. Encontrar comportamientos inesperados no contradice su éxito, más bien nos permite conocer cómo responde la nave, cómo trabaja la tripulación y qué debe corregirse en futuras misiones.

Una alerta nocturna en el sistema de combustible

El propelente ayuda a la orientación, velocidad y trayectoria de la nave, por lo que una pérdida habría reducido la capacidad de Orion para ejecutar maniobras, corregir su rumbo o incluso complicar el regreso para entrar con seguridad en la atmósfera terrestre.

Reid Wiseman fue seleccionado como astronauta de la NASA en 2009 y se desempeñó como comandante de la misión Artemis II. Crédito: NASA.
Reid Wiseman fue seleccionado como astronauta de la NASA en 2009 y se desempeñó como comandante de la misión Artemis II. Crédito: NASA.

Wiseman señaló que la primera reacción debía combinar rapidez y prudencia, así que la tripulación revisó los datos para determinar si existía una fuga real o si la señal correspondía a otra bronca del sistema. Actuar precipitadamente también podía producir algo contraproducente.

El comandante resumió la experiencia con una idea sencilla:

Muchas veces lo más importante es tener paciencia. Tomarse algunos minutos para comprender qué indicaba el sistema permitió evaluar cuidadosamente toda la situación, descartar una pérdida peligrosa de propelente y mantener toda la misión bajo control.

Esa forma de responder no surge espontáneamente durante el vuelo, ¡no! Los astronautas entrenan durante años con simulaciones de fallas, procedimientos de emergencia y escenarios ambiguos. El objetivo no es memorizar cada problema, sino conservar la calma.

Una misión para "poner a punto" los sistemas

La NASA utilizó Artemis II para evaluar, por primera vez, sus capacidades de exploración humana en el espacio profundo. Es así que los cuatro astronautas debían mantenerse vivos, comunicarse con la Tierra, navegar alrededor de la Luna y soportar el regreso.

La nave también dependió del Módulo Europeo de Servicio, construido mediante participación internacional y encargado de proporcionar propulsión, energía, agua, oxígeno y control térmico. Wiseman destacó que este componente impulsó a Orion hacia la Luna y sostuvo a toda la tripulación durante todo el recorrido.

La tripulación de Artemis II participó en una conversación con el presidente Donald J. Trump tras su histórico sobrevuelo lunar. Crédito: NASA.
La tripulación de Artemis II participó en una conversación con el presidente Donald J. Trump tras su histórico sobrevuelo lunar. Crédito: NASA.

Las anomalías forman parte del aprendizaje de una misión de prueba, siempre que puedan identificarse, controlarse y analizarse posteriormente, por lo que cada señal ofrece información sobre sensores, programas, procedimientos y respuestas humanas que no se pueden reproducir en simulaciones.

Wiseman también reconoció que la tripulación cometió errores menores sin consecuencias graves. Después de cada episodio, los astronautas revisaban lo ocurrido y, en ocasiones, terminaban riéndose. Esa combinación de análisis, humor y confianza ayudó a conservar la cohesión dentro de una cabina pequeña y exigente.

Lecciones para regresar a la Luna

El vuelo culminó con el amerizaje de Orion el 10 de abril de 2026, después de completar su recorrido alrededor de la Luna. Más allá del valor histórico, la misión entregó datos sobre navegación, soporte vital, comunicaciones, rendimiento de la nave y trabajo humano lejos de la Tierra.

Los ingenieros deberán estudiar las anomalías junto con el comportamiento general de Orion para decidir qué ajustes serán necesarios. La prioridad no será ocultar los problemas, sino comprender sus causas y reducir la posibilidad de que una señal semejante se convierta en una emergencia futura.

Artemis II también mostró que las misiones lunares actuales dependen de una cooperación más amplia que durante Apolo. Estados Unidos, Canadá y Europa aportaron astronautas, sistemas y experiencia, una estructura que será todavía más importante para establecer operaciones humanas prolongadas alrededor y sobre la Luna.