Webb observa un agujero negro que "ahoga" sus galaxias hasta que dejan de formar estrellas
Astrónomos identificaron una galaxia apodada Pablo, la cual dejó de crear estrellas prematuramente, se piensa que el culpable es un agujero negro que bloquea el gas necesario para su formación.

En el vasto silencio al inicio del cosmos, un equipo de astrónomos han hallado una joya fascinante. Se trata de la Galaxia de Pablo, un gigante masivo que parece haber envejecido antes de tiempo, desafiando las leyes de la evolución galáctica.
Esta estructura, observada apenas 3,000 millones de años después del Big Bang, posee una masa estelar asombrosa. Sin embargo, algo interrumpió su brillo y ahora es una galaxia muerta que ha dejado de producir nuevas estrellas.
Utilizando la tecnología combinada del telescopio Webb y el observatorio ALMA, el equipo detectó señales inusuales. Aunque la galaxia es inmensa, carece totalmente de gas frío, el cual es indispensable, pues sin él las nuevas estrellas simplemente no pueden nacer.
Los descubrimientos resultan sorprendentes porque la mayoría de sus estrellas se formaron rápidamente hace mucho tiempo en un estallido de vida corto, para después sumergirse en un silencio eterno, dejando hoy una estructura rotante pero extrañamente vacía.

Los datos revelan que el contenido de gas es menor al uno por ciento de su masa, algo que no se había visto antes en ninguna galaxia de este tamaño. Los astrónomos buscan entender qué fuerza invisible causó semejante pérdida.
Una muerte singular
El gran culpable de este destino sombrío parece vivir en el corazón mismo de la galaxia. Un agujero negro supermasivo, oculto en el centro que está devorando la energía circundante no en una destrucción violenta, sino en un proceso lento.
A este fenómeno los investigadores lo han denominado una muerte por mil cortes. En lugar de desgarrar la galaxia de inmediato, lo que hace el agujero negro es calentar el gas repetidamente, lo que impide que el material fresco del espacio pueda reabastecerse.
Los vientos detectados por el James Webb son realmente feroces y potentes. Viajan a cuatrocientos kilómetros por segundo, expulsando toneladas de material valioso al vacío, por lo que cada año, la galaxia pierde sesenta masas solares debido a esta actividad.
Lo más intrigante es que esta galaxia mantiene su forma de disco, sin presentar evidencia de choques destructivos con galaxias vecinas que alteraran su rotación. Básicamente, el agujero negro cerró el grifo del combustible, asfixiando la capacidad de la galaxia.
Un ritmo de extinción acelerado
El ritmo al que esta galaxia se apagó es verdaderamente asombroso para la ciencia. Mientras que otros sistemas tardan milenios en agotarse, Pablo lo hizo en tiempo récord, su combustible desapareció en un intervalo entre dieciséis y doscientos millones de años.
Este descubrimiento sugiere que los mecanismos de apagado galáctico son mucho más eficientes y el concepto de flujo neto cero de gas explica cómo se mantiene el estado inerte en el que si entra gas nuevo, el agujero negro lo expulsa de inmediato.

Antes de la llegada del telescopio Webb, estas galaxias eran casi un mito astronómico. Ahora sabemos que son más comunes de lo que sospechábamos en el joven cosmos. Pablo es el testimonio de la forma en que interactúan con sus agujeros negros centrales.
Los astrónomos señalan que la retroalimentación del agujero negro es una barrera invisible que funciona como un termostato que mantiene el gas demasiado caliente para colapsar. Así, las guarderías estelares desaparecen, dejando solo el brillo de las estrellas ya existentes.
El universo temprano
Entender este proceso de inanición es vital para descifrar el destino del universo. El estudio demuestra que no se requiere una catástrofe externa para matar una galaxia, a veces, la propia actividad central es suficiente para dictar el fin de la creación de estrellas.
El equipo de Cambridge continuará explorando estas estructuras con instrumentos más potentes. Próximas observaciones con el sensor MIRI rastrearán el hidrógeno más cálido, lo que permitirá ver con mayor detalle cómo el agujero negro manipula el entorno gaseoso que le rodea.
La combinación de ALMA y el Webb ha abierto una ventana sin precedentes y gracias a este esfuerzo, podemos reconstruir historias que ocurrieron hace miles de millones de años en donde cada dato nos acerca a comprender por qué algunas galaxias mueren jóvenes.
La Galaxia de Pablo nos enseña que el equilibrio cósmico es delicado y un agujero negro puede ser el motor de un sistema, pero también su verdugo silencioso. El universo temprano revela secretos que transforman nuestra visión de la formación estelar y cómo las galaxias moldean su propio entorno.
Referencia de la noticia:
Measurement of the gas consumption history of a massive quiescent galaxy. Nat Astron (2026). Scholtz, J., D’Eugenio, F., Maiolino, R. et al.