Arqueología viva descubren que los yacimientos históricos son inesperados santuarios para proteger la biodiversidad
Los yacimientos arqueológicos son zonas de gran biodiversidad; un estudio reciente ha cartografiado muchos de ellos, revelando este aspecto inesperado y poco conocido de lugares que habitualmente se valoran únicamente por razones históricas.

Los yacimientos arqueológicos no son meros lugares donde se preserva el pasado; también actúan como reservas ecológicas inesperadas que desempeñan un papel vital en la salvaguardia de la biodiversidad.
Esta es la conclusión principal de una revisión publicada en People and Nature, una revista de la Sociedad Ecológica Británica, la cual representa el estudio más exhaustivo realizado hasta la fecha sobre la relación entre la arqueología y la biodiversidad. El trabajo analiza más de 240 estudios que documentan la biodiversidad en más de 1,400 yacimientos arqueológicos de todo el mundo.
El estudio fue llevado a cabo por un equipo multidisciplinar del Consejo Nacional de Investigación (CNR) de Italia, integrado por Antonio Romano (Instituto de Bioeconomía, CNR-IBE), Elisa Storace (Unidad de Valorización de la Investigación, CNR-UVR), y Diego Ronchi y Elisa Dalla Longa (Instituto de Ciencias del Patrimonio, CNR-ISPC).
La investigación destaca cómo muchos yacimientos arqueológicos han permanecido relativamente inalterados durante largos periodos; esta escasa intervención humana ha propiciado la creación de refugios biológicos estables, capaces de albergar especies vegetales y animales que, en algunos casos, son poco comunes o han desaparecido del paisaje circundante.
"Desde una perspectiva ecológica, cada tipo de elemento arqueológico genera microhábitats específicos: las antiguas estructuras de mampostería, las cavidades subterráneas y las superficies de piedra expuestas ofrecen condiciones favorables para diversos taxones", explica Antonio Romano, del CNR-IBE.
"Un muro romano muy expuesto al sol puede albergar especies vegetales xerófilas, mientras que una tumba subterránea puede servir de hogar para musgos, insectos y murciélagos; por su parte, un muro griego o medieval puede constituir un refugio para reptiles termófilos, moluscos, artrópodos y pequeñas aves que anidan en ellos".
La revisión examina estudios e investigaciones que abarcan desde la década de 1640 hasta la de 2020, con una notable concentración de trabajos realizados a finales del siglo XX y principios del XXI, lo que refleja el surgimiento de una perspectiva interdisciplinar contemporánea.
Los yacimientos arqueológicos analizados
Los yacimientos estudiados abarcan desde la Edad de Piedra Media (hace entre 300,000 y 40,000 años), hasta emplazamientos del siglo XIX, si bien la mayoría data de un periodo comprendido entre los siglos V-IV a. C. y el siglo XIV d. C.
La revisión incluyó artículos revisados por pares, actas de congresos e informes técnicos que analizaban directamente la biodiversidad en yacimientos arqueológicos, registrando para cada uno la ubicación geográfica, los objetivos del estudio, los grupos taxonómicos de plantas y animales, la cronología arqueológica y la presencia de especies exóticas.
Los datos documentan la biodiversidad en yacimientos arqueológicos distribuidos por seis continentes: todos excepto la Antártida.
Italia unos de los países en Europa con el mayor número de estudios
Europa es el continente con mayor representación, con una concentración particular en la región mediterránea; Italia destaca como el país con el mayor número de estudios y yacimientos examinados. De estos estudios, el 86.9 % se centra exclusivamente en la flora, el 13.1 % en la fauna y solo el 4.1 % en ambos.
Las plantas vasculares predominan claramente, mientras que las briofitas, los líquenes y las algas tienen menor representación. Entre los animales, los reptiles son el grupo más estudiado, seguidos por los murciélagos, las aves, los artrópodos y los mamíferos no voladores. El 32.4 % de los artículos también aporta información sobre la presencia de especies exóticas en los yacimientos arqueológicos.

Desde una perspectiva científica, el campo de estudio sigue muy abierto: la mayor parte de las investigaciones se centra en asentamientos antiguos, lugares de culto y necrópolis, mientras que los acueductos, las fortificaciones, las infraestructuras históricas lineales y los paisajes arqueológicos de menor escala han sido objeto de muchos menos estudios.
Las implicaciones prácticas afectan directamente a la gestión del patrimonio cultural, lo que sugiere la adopción de modelos integrados en los que arqueólogos, botánicos, zoólogos, conservadores y gestores de yacimientos colaboren mediante protocolos compartidos.
"Este tipo de análisis abre nuevas posibilidades para realzar el valor cultural de los yacimientos: imaginamos enriquecer la experiencia del visitante con rutas botánicas, observación de fauna, paneles informativos sobre ecología, programas educativos y visitas temáticas estacionales; todo ello puede prolongar la estancia de los visitantes y diversificar el público".
"Un área arqueológica puede interpretarse no solo a través de su cronología histórica, sino también mediante la biodiversidad que alberga", añade Elisa Dalla Longa, del CNR-ISPC.
Desde esta óptica, los monumentos no son meros testimonios del pasado, sino espacios vivos capaces de generar conocimiento científico, fomentar la conservación medioambiental y crear nuevas narrativas culturales.
Referencia de la noticia
Romano, A., Storace, E., Ronchi, D., & Dalla Longa, E.. (2026). Ancient people and living nature: A global perspective on archaeological areas and biodiversity..