¿Cómo están reinventando nuestros envases estos innovadores para acabar con el plástico?

Desde algas hasta micelio, una nueva generación de innovadores está creando envases sostenibles para reducir nuestra dependencia del plástico. ¿Es esta realmente la solución para el futuro?

Reinventar los envases también significa aprender a ver los residuos como recursos.
Reinventar los envases también significa aprender a ver los residuos como recursos.

El sector de los envases alimentarios busca un nuevo modelo. Ante la contaminación por plásticos y el endurecimiento de las normativas, investigadores y emprendedores exploran soluciones para reducir nuestra dependencia de materiales derivados del petróleo.

Transformar residuos en recursos


Una de las vías más prometedoras tiene como protagonista a la semilla de tamarindo. India y Tailandia producen cerca de 440.000 toneladas de tamarindo al año. Sin embargo, las semillas representan alrededor del 40 % de la fruta y, actualmente, más del 90 % de ellas acaban como residuo. No obstante, estas semillas contienen biopolímeros capaces de formar películas biodegradables para el envasado de alimentos.

Algunos de estos materiales están adquiriendo propiedades "activas". Los extractos de semilla de tamarindo han demostrado capacidad para ralentizar la oxidación de los alimentos e inhibir el crecimiento microbiano, contribuyendo así a prolongar su vida útil.

¿Una nueva generación de materiales?

El tamarindo no es un caso aislado. En Bélgica, la empresa Permafungi fabrica envases a partir de micelio, la estructura vegetativa de los hongos. Al combinarse con residuos de madera, este material permite obtener envases compostables en tan solo diez días, capaces de sustituir al poliestireno en determinadas aplicaciones.

Otros innovadores recurren a recursos aún más inesperados. En Bretaña, Jérémy Lucas transforma algas verdes invasoras en materiales para la fabricación de tablas de surf. En Anglet, Wyve utiliza materiales de origen biológico en un 70 %, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero en un 40 % en comparación con los modelos convencionales.

Incluso la leche está encontrando una segunda vida. La empresa Lactips desarrolla un material a base de caseína, 100 % biodegradable, que se descompone sin dejar microplásticos persistentes en el medio ambiente.

¡Sustituir el plástico no bastará!

Estas innovaciones abren posibilidades apasionantes, pero también nos recuerdan que "de origen biológico" no significa automáticamente "sostenible". Los biopolímeros aún se enfrentan a varios desafíos, especialmente los costes de producción, la sensibilidad a la humedad y las preocupaciones sanitarias sobre el uso de aditivos y nanomateriales.

Sobre todo, el simple hecho de cambiar un material por otro no siempre resuelve el problema. Por ello, algunas empresas optan por una vía diferente: reducir directamente los envases. Los cosméticos sólidos, los sistemas de envases retornables y las pajitas reutilizables fabricadas con bagazo son ejemplos de este enfoque más comedido.

En Francia, donde se utilizan cerca de 8 millones de pajitas al día, el reto no reside únicamente en mejorar los métodos de producción, sino también en reducir los residuos.

Puede que la verdadera innovación resida en otro lugar

Por ahora, ningún material por sí solo puede sustituir al plástico. El desafío radica en diseñar sistemas en los que los residuos se conviertan en recursos, el uso de envases se reduzca al mínimo indispensable y se considere cada material en función de su ciclo de vida completo. Como señala el científico de materiales Mark Miodownik, del University College de Londres: "No existe el material sostenible, sino el sistema sostenible".

Es posible que el verdadero horizonte de la innovación no resida simplemente en cambiar los materiales, sino en una transformación profunda de la manera en que producimos, consumimos y utilizamos los recursos.

Référence de l'article

Capucine Dupuy. Ces Géo Trouvetout qui inventent des alternatives au plastique.
Leila Zizi. Innovation durable : Le noyau de tamarin, un potentiel de rupture pour l’emballage de demain ?.