La ONU pone el foco en la IA tras revelar cuánta agua puede consumir un único vídeo generado

Hay un costo físico detrás de cada consulta a un chatbot, cada imagen o video generado por IA; pero rara vez lo vemos. La ONU se pone en alerta tras nuevos datos.

El llamado de la ONU es a usar la IA de forma responsable y buscar un desarrollo más sostenible y equitativo.
El llamado de la ONU es a usar la IA de forma responsable y buscar un desarrollo más sostenible y equitativo.

Solemos pensar la Inteligencia Artifical como algo intangible. Algoritmos, datos y respuestas que aparecen en una pantalla en cuestión de segundos. Pero detrás de cada consulta, de cada respuesta, existe una infraestructura enorme formada por centros de datos, servidores, sistemas de refrigeración y redes eléctricas que requieren recursos para funcionar.

El Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH) advirtió en un informe reciente que para el 2030 la situación será crítica debido al costo ambiental del uso cada vez más generalizado de la IA.

La IA en realidad no es algo tan nuevo. Desde hace años forma parte de herramientas que usamos a diario, como los filtros de correo spam, los algoritmos de las redes sociales o plataformas de streaming, e incluso algunos motores de búsqueda. Pero estas solían centrarse en solo clasificar, reconocer o recomendar información.

El cambio reciente llegó con el auge de la IA generativa—ChatGPT, Midjourney, Sora, Gemini, etc— capaz de crear contenido nuevo (texto, imágenes, audios o videos) a partir de instrucciones de los usuarios. Y aquí la cosa cambia. Generar contenido desde cero requirió una capacidad de cómputo muchísimo mayor. Y una pregunta fue ganando fuerza: ¿cuál es el costo físico de todo esto?

¿Cuánto consume realmente la IA?

En un informe reciente, las Naciones Unidas (ONU) pidió ampliar la forma en que se evalúa el impacto ambiental de la IA. Las emisiones de carbono han sido el indicador ambiental por excelencia cuando se habla de sostenibilidad tecnológica. Pero con la IA esto deja fuera una parte importante del problema: consumo de agua, uso del suelo y gasto energético.

La energía necesaria para generar un video complejo equivale a alimentar una bombilla LED de 10 vatios durante 42 horas.
La energía necesaria para generar un video complejo equivale a alimentar una bombilla LED de 10 vatios durante 42 horas.

Generar un video corto con IA puede requerir unas 200,000 veces más energía que tareas más simples que han venido realizándose por años, como clasificar correos no deseado, por ejemplo. Por eso el auge de los modelos generativos está atrayendo cada vez más atención desde el punto de vista ambiental.

Según datos de la UNU-INWEH generar una imagen con IA consume unos 29 mililitros de agua, mientras que la creación de un video complejo puede requerir unos 4.1 litros.

Aunque las cantidades de unos 4 litros pudieran parecer pequeñas de forma individual, el panorama cambia cuando se multiplica por los miles de millones de interacciones diarias que se reportan con la IA a nivel mundial. Plataformas como ChatGPT procesan alrededor de 2,500 millones de mensajes cada día. Así que el impacto acumulado es un desafío cada vez mayor.

Agua para enfriar y desigualdad geográfica

Pero ¡OJO! la mayor parte de este consumo no ocurre dentro del modelo de IA en sí. El gasto viene por la infraestructura que lo sostiene. Los centros de datos generan mucho calor durante su funcionamiento y necesitan sistemas eficientes de refrigeración para evitar que se sobrecalienten los servidores. Y justo ahí entra el agua.

Pero además de ayudar a su enfriamiento, la producción de la electricidad que alimenta esas grandes instalaciones también deja una huella hídrica. Es por eso que cada consulta, imagen o video generado termina teniendo un consumo indirecto de agua.

Por otro lado, por como está concebida hasta ahora, la IA también va de desigualdades geográficas. Más del 90 % de infraestructura para IA se concentra en Estados Unidos y China. Gran parte de los restantes países participa como consumidores de la tecnología, pero no necesariamente de los beneficios económicos asociados.

Para 2030, los residuos electrónicos asociados a la IA podrían equivaler a desechar casi 250 Torres Eiffel cada año.
Para 2030, los residuos electrónicos asociados a la IA podrían equivaler a desechar casi 250 Torres Eiffel cada año.

Además, los impactos ambientales, a lo largo de toda la cadena de suministros, no se limitan a estas dos superpotencias. Desde la extracción de materiales hasta la fabricación de componentes y el manejo de residuos electrónicos, parte del costo ecológico puede recaer lejos de los países donde se concentra la infraestructura principal.

Proyecciones de un futuro no tan lejano

Y también el informe va de proyecciones. Para 2030, los centros de datos vinculados a la Inteligencia Artificial podrían consumir unos 945 teravatios por hora de electricidad al año, lo que equivale a casi tres veces el consumo combinado de países como Pakistán, Bangladés y Nigeria.

Para 2030, la huella hídrica asociada a la IA podría llegar a niveles comparables a las necesidades básicas anuales de unas 1,300 millones de personas.

A esto se suma el espacio físico que requiere. La superficie ocupada por la infraestructura relacionada con esta tecnología podría superar los 14,500 kilómetros cuadrados hacia 2030.

Pero el objetivo no es frenar el desarrollo de la Inteligencia Artificial ni demonizarla. El punto aquí es hacerla más transparente y sostenible. Por eso la ONU propone que los gobiernos integren esta infraestructura en la pplanificación energética, la gestión del agua y la concesión de permisos de uso de suelo, implementando normativas de regulación.

La IA promete beneficios enormes para la sociedad y ya está ayudando a resolver problemas en campos tan diversos como la salud, la investigación o la gestión de desastres. Por eso, el reto no es detener su avance, sino asegurarse de que sea de la forma más eficiente y sostenible posible. El desafío es construir un futuro tecnológico sin perder de vista los recursos naturales que lo hacen posible.

Referencias de la noticia

Jerez, S. (3 de junio de 2026). La ONU advierte el costo ambiental de la IA: generar un solo video cuesta 4,1 litros de agua. Publicado en BioBioChile.