Las nubes más altas de la Tierra podrían estar aumentando por el calentamiento global

Existen nubes que habitan en el límite entre el cielo y el espacio. Son las nubes noctilucentes, filamentos de hielo en la mesosfera que podrían estar aumentando con el cambio climático.

Las nubes nuctilucentes son las nubes más cercanas al espacio y aún pueden observarse desde la superficie de la Tierra.
Las nubes nuctilucentes son las nubes más cercanas al espacio y aún pueden observarse desde la superficie de la Tierra.

Existen nubes, que viven rozando el límite donde el cielo se confunde con el espacio. Son ese último suspiro de luz en la atmósfera, dibujado a partir de filamentos de hielo suspendidos. En ese momento en el que el Sol ya ha ocultado para nosotros, pero aún ilumina grandes alturas, surgen misteriosos destellos azulados.

La atmósfera se divide en capas que se enfrían al alejarse de la superficie. Entre los 50 y los 85 km de altura se encuentra la mesosfera. La capa más fría de la atmósfera, donde casi no se absorbe radiación solar y el aire es extremadamente tenue. Además, ciertos gases como el dióxido de carbono emiten energía hacia el espacio.

Las nubes noctilucentes, también conocidas como night-shining clouds o nubes mesosféricas polares, se forman en la mesosfera entre los 75 y 85 km de altura, muy por encima de donde se originan las nubes comunes en la troposfera.

En ese desierto gélido en altura se forman las nubes noctilucentes. A simple vista parecen filamentos azulados o plateados que brillan en la noche, cuando el mundo ya está sumido en la oscuridad, pero ellas aún reciben luz solar debido a su gran altura. Es ahí en lo alto donde se forman estas nubes, compuestas por cristales microscópicos de hielo.

Sin embargo, su formación requiere condiciones muy específicas. Necesitan temperaturas extremadamente bajas, por debajo de los -120 °C, que son típicas de la mesosfera durante el verano. Además, se necesita suficiente vapor de agua y la presencia de pequeñas partículas de polvo que ayudan a la formación de estos cristales.

Estas nubes se observan cuando el Sol se encuentra entre 6 y 16 ° por debajo del horizonte, durante el crepúsculo.
Estas nubes se observan cuando el Sol se encuentra entre 6 y 16 ° por debajo del horizonte, durante el crepúsculo.

En los últimos años, diversos estudios han sugerido que estas nubes podrían estar volviéndose cada vez más visibles y frecuentes. Esto ha despertado el interés de la comunidad científica, ya que este comportamiento podría estar relacionado con cambios en las capas más altas de la atmósfera, asociados al calentamiento global.

¿Cómo llega tan alto el vapor de agua?

En este fenómeno, el vapor de agua es fundamental. ¿Por qué? Porque no existen nubes sin cristales, ni cristales sin vapor. En la mesosfera suelen encontrarse pequeñas partículas procedentes de pequeños meteoritos que se vaporizan al entrar en contacto con la atmósfera terrestre.

Sobre estas partículas se deposita el vapor, y debido a esta interacción, se congelan formando cristales de apenas decenas de nanómetros. Por eso, la estructura de estas nubes es extremadamente tenue y delicada, ya que los cristales que la componen son diminutos.

Estos cristales interactúan con la luz, dispersándola en tonos azules, formando filamentos luminosos.

Pero ¿cómo llega el vapor de agua a más de 80 km de altura? El agua alcanza la mesosfera principalmente por dos vías. Primero, ciertas ondas atmosféricas y la propia circulación de vientos que ascienden desde la superficie pueden transportar pequeñas cantidades de vapor hacia niveles cada vez más elevados de la atmósfera.

La atmósfera se divide en capas según cómo varía la temperatura con la altura. Cada capa tiene una fuente de calentamiento distinta.
La atmósfera se divide en capas según cómo varía la temperatura con la altura. Cada capa tiene una fuente de calentamiento distinta.

Además, parte del vapor se genera en esa misma región mediante reacciones químicas. Cuando el metano asciende hacia la mesosfera se oxida por la radiación solar y produce moléculas de agua como subproducto. Así, el metano se convierte en una fuente indirecta de vapor de agua.

No tan raro

Y resulta que, paradójicamente, mientras la superficie del planeta se calienta, las capas más altas tienden a enfriarse. Ambas procesos están relacionados con el aumento de los gases de efecto invernadero. Este incremento altera el balance energético de nuestro planeta, favoreciendo la pérdida de energía hacia el espacio.

Tradicionalmente, las nubes noctilucentes se observaban sobre todo en latitudes altas durante el verano, cuando la mesosfera alcanza sus temperaturas más bajas.

Por otro lado, el metano, también un gas de efecto invernadero, ha aumentado su concentración en la atmósfera. Y mientras más metano llega a la mesosfera, más vapor de agua se forma a gran altura. Así, ambos factores cruciales para la formación de estas nubes noctilucentes.

Así, estas nubes tan fascinantes parecen formarse y se observarse con mayor frecuencia, incluso en latitudes más bajas. Por eso, los científicos comienzan a considerarlas un indicador más sensible de cambios que podrían estar ocurriendo en la atmósfera alta.

Pero, mientras aún se investiga qué tanto de estos cambios puede asociarse al clima o al cambio climático, estas nubes siguen ofreciendo un espectáculo delicado y fascinante. Un recordatorio luminoso de que, incluso ahí, donde el cielo se confunde con el espacio, la atmósfera también está cambiando.