El geólogo Chris Goldfinger advierte que dos fallas podrían sincronizarse en un megaterremoto
Una nueva investigación realizada en sedimentos del fondo marino ha encontrado una vinculación entre las fallas San Andrés y Cascadia... ¿Podrían juntas causar el próximo megaterremoto?

Prácticamente todos en algún momento hemos escuchado acerca de la famosa falla de San Andrés. Ya sea por películas o libros de ciencia ficción, noticias de movimientos telúricos recientes, registros históricos e incluso teorías conspirativas, esta fractura en la corteza terrestre ubicada al Oeste de Estados Unidos siempre ha dado mucho de qué hablar.
Y no es para menos. Además de sí, ser una falla con actividad consistente y con un alto potencial destructivo, para los expertos en sismología representa una anomalía sumamente interesante e instructiva para comprender mejor el suelo terrestre. Es literalmente una cicatriz del pasado, al tratarse de una falla de tipo transformante expuesta en la superficie.
¿Es su singularidad razón suficiente para que se vuelva la trama principal de películas donde la falla es el antagonista a temer? Probablemente sí, pero no porque la tierra ahí se abrirá en dos en segundos ni tampoco por la posibilidad de que surja un volcán inesperadamente; es por su potencial real de causar un movimiento telúrico intenso y con capacidad de dejar daños devastadores.
Es importante recordar, que más allá de las teorías y posibilidades, a través de la ciencia es como podemos comprender mejor esta y otras fallas, para anticipar sus efectos ante posibles resultados y movimientos que surjan o en este caso, descubrir que esta historia sísmica podría tener un segundo protagonista.
Secreto sísmico escondido en la costa oeste de EE UU: dos fallas que podrían estar sincronizadas
Cascadia. Seguro este nombre no te suena tanto, sin embargo, también se trata de una falla tectónica muy amplia y también relevante porque puede producir megaterremotos de altas magnitudes por subducción, ya que en esta zona, la placa de Juan de Fuca se introduce por debajo de la placa Norteamericana; y se extiende desde el norte de California hasta Canadá.

Al ser una falla con una extensión de más de 1 000 kilómetros conectada geográficamente y además, vinculada sísmicamente con la falla de San Andrés al converger directamente en el norte de California en el punto geológico conocido como el “Triple Cruce de Mendocino”, la posibilidad de que juntas puedan provocar un cataclismo sin precedentes es una realidad que sin duda, supera cualquier ficción.
Por esto, una reciente investigación publicada en septiembre del 2025 y encabezada por Chris Goldfinger, geólogo marino de la Universidad de Oregón y un equipo de geólogos expertos, plantearon la pregunta que seguro ya te vino a la mente con todo este contexto: ¿Podría ser que el movimiento en una de ellas detone en otra en la falla cercana?
Lo que encontraron fue algo difícil de creer por dos razones: La primera, porque además de ser posible, ha ocurrido antes y la segunda, porque ese movimiento consecuente en la falla vecina, podría ocurrir desde cuestión de minutos, hasta horas, días e incluso años después.
Una nueva historia sísmica entre los vestigios de las profundidades
En la publicación de la revista científica especializada Geosphere, el geólogo cuenta que este hallazgo comenzó por un error, cuando realizaban una investigación frente a las costas de Oregón para estudiar la falla de Cascadia. Por una ligera desviación mientras navegaban, se situaron frente a Cabo Mendocino, la zona donde las dos fallas convergen.
Al darse cuenta, decidieron tomar muestras del sedimento marino ahí antes de volver al punto original de su investigación a 90 kilómetros, como información complementaria para su estudio. Sin embargo, al analizarla, algo no cuadraba: la capa de sedimento tenía la estructura invertida a la sedimentación común de los depósitos conocidos como turbiditas.

Este tipo de material presenta una transición gradual con sedimentos gruesos en la base y sedimentos finos en la parte superior. Pero en este caso, la anomalía mostraba capas gruesas sobre las finas y normalmente, cuando un terremoto sacude el fondo marino provoca un deslave submarino que deposita primero arena gruesa y después sedimento fino, no al revés.
Por lo que el rumbo de la investigación tuvo un giro en la búsqueda de una explicación, en la que se descubrió que los sedimentos no eran vestigio de un solo terremoto, sino de dos, ocurridos en una sucesión tan rápida que el sedimento del segundo se depositó encima del primero antes de que este terminara de asentarse.
De Cascadia a San Andrés, el nuevo riesgo conocido
Los resultados concluyeron en una posible transferencia de estrés tanto estático como dinámico entre ambas estructuras. Los depósitos analizados determinaron que el efecto podría ser principalmente en un solo sentido: cuando la falla de Cascadia rompe, alivia la tensión acumulada en su propia estructura, pero redistribuye esa energía hacia las rocas circundantes.
Esto causa un incremento drástico en la carga de esfuerzo sísmico y energía sobre el extremo norte de la falla de San Andrés. Según el análisis de Goldfinger, la relación no funcionaría en ambos sentidos por igual, al tratarse además de tipos de falla distintas; y lo más importante, encontró evidencia de que grandes sismos en Cascadia habrían disparado eventos en la falla de San Andrés.
En varios de estos, la relación de eventos tenían un desfase de tiempo en que las rupturas parecían haber ocurrido con apenas minutos/horas de diferencia. Pero independientemente del tiempo entre estos movimientos, la nueva preocupación que surge es ¿qué tan dañino sería un evento consecuente bajo la infraestructura actual, considerando que, ambas fallas están cercanas a ciudades altamente pobladas?
De ocurrir, ciudades como San Francisco, Portland, Seattle y Vancouver estarían enfrentando una emergencia al mismo tiempo; lo que abre una nueva ruta en la búsqueda de sistemas de alerta temprana; mientras que a las vez nos hace pensar en qué otras fallas en el mundo guardan secretos que podrían causar efectos que hoy mismo, no podemos imaginar.
Referencia de la noticia
Chris Goldfinger. (2025). Unravelling the dance of earthquakes: Evidence of partial synchronization of the northern San Andreas fault and Cascadia megathrust.