Por qué el otoño es una de las épocas más lluviosas del año en México, explicado por la ciencia
El calendario anuncia el otoño, pero las lluvias no se despiden de México. Conoce qué ocurre en la atmósfera durante esta transición y por qué puede dejar algunos de los aguaceros más intensos del año.

¿El otoño no debería traer cielos despejados, hojas secas y temperaturas más frescas? En México, la respuesta no es tan sencilla. Durante las primeras semanas de esta estación, las lluvias todavía pueden ser abundantes e incluso torrenciales en diferentes regiones del país.
El cambio de estación no apaga de inmediato los mecanismos atmosféricos del verano. A finales de septiembre y durante parte de octubre, todavía permanecen activos los ciclones tropicales, las ondas del este y el transporte de humedad desde los océanos. A la vez, comienzan a llegar los primero frentes fríos. Esta superposición lo convierte en un periodo especialmente dinámico.
La temporada de lluvias todavía no termina
En gran parte de México, la temporada de lluvias se extiende de mayo a octubre. Por eso, aunque el otoño astronómico comienza alrededor del 22 de septiembre, la atmósfera continúa conservando características propias del verano. Siguen así las temperaturas relativamente elevadas, humedad abundante y condiciones favorables para la inestabilidad y la formación de nubes de tormentas.

México se encuentra entre el Océano Pacífico, el Golfo de México y el Mar Caribe, tres fuentes importantes de vapor de agua. Cuando el aire cálido y húmedo asciende, se enfría y el vapor se condensa en pequeñas gotas. Si existe suficiente inestabilidad en la atmósfera, este proceso puede originar tormentas intensas acompañadas de actividad eléctrica, rachas de viento y granizo.
Y el relieve también hace lo suyo. Al encontrarse con las sierras, el aire húmedo es obligado a ascender, lo que favorece que se enfríe y se condense. Esta lluvia orográfica explica por qué las vertientes expuestas al Pacífico y al Golfo pueden recibir lluvias más abundantes que algunas regiones del Altiplano.
Septiembre, el corazón de la temporada ciclónica
Uno de los principales responsables de las de lluvias otoñales son los ciclones tropicales. De acuerdo con la climatología del Centro Nacional de Huracanes (NHC), el máximo de actividad en el Atlántico ocurre alrededor del 1 de septiembre y se mantiene elevado entre agosto y octubre. En el Pacífico oriental, la mayor parte de los ciclones se desarrollan entre julio y comienzos de octubre.
Y un ciclón no necesita tocar tierra para provocar precipitaciones. Sus extensas bandas nubosas pueden transportar humedad a cientos de kilómetros de su centro e interactuar con montañas, vaguadas y otros sistemas atmosféricos. Por eso, incluso una tormenta que permanece sobre el océano puede traer y reforzar lluvias en estados costeros o, incluso, en regiones dle interior.
Ondas tropicales, monzón y primeros frentes fríos
A los ciclones, se le suman además las ondas tropicales. Se trata de perturbaciones que se desplazan de este a oeste desde el Atlántico y el Caribe. Durante su recorrido favorecen el ascenso del aire, organizan las tormentas y pueden incrementar las lluvias generalmente sobre el Sur, Centro y Occidente de México. Y algunas ondas contribuyen a la formación de ciclones tropicales.

Por su parte, en el noroeste todavía puede sentirse la influencia del Monzón de Norteamérica o Monzón Mexicano. Este patrón estacional transporta humedad desde el Pacífico, el Golfo de California y el Golfo de México. Y algunas zonas del país reciben una proporción considerable de su lluvia anual entre julio y septiembre, antes de que la circulación monzónica comience a debilitarse.
Además, desde octubre aumentan las incursiones de masas de aire frío desde latitudes más altas. Cuando este aire frío se encuentra con aire más cálido y húmedo se forman los frentes fríos que pueden generar lluvias persistentes. Un efecto que suele intensificarse sobre Veracruz, Tabasco, Oaxaca y Chiapas por la interacción con la Sierra Madre Oriental y las montañas del sureste.
Pero en otoño no llueve igual en todo México. Y en muchas regiones las precipitaciones disminuyen con rapidez durante octubre, mientras que noviembre y diciembre ya forman parte de la temporada seca. Así, más que una estación completamente lluviosa, el inicio del otoño es una transición: cuando los últimos fenómenos del verano coinciden con los primeros sistemas de la temporada fría.
Referencias de la noticia
García Amaro de Miranda, E.. (2003). Distribución de la precipitación en la República Mexicana.
Breña-Naranjo, J.A., Perdozo-Acuña, A., Pozos-Estrada, A. y colaboradores. (2015). The contribution of tropical cyclones to rainfall in Mexico.
National Hurricane Center and Central Pacific Hurricane Center. (2026). Tropical Cyclone Climatology.