Durante el otoño la niebla en México se vuelve más frecuente: descubre por qué los valles y lagos amanecen cubiertos
En otoño, las noches más largas y frías, la humedad residual y el relieve favorecen amaneceres cubiertos de niebla en numerosos valles, lagos y cuencas de México. Descubre cómo se forma este fenómeno atmosférico.

Algunas mañanas de otoño el paisaje parece desaparecer. Carreteras, campos, montañas y poblaciones quedan ocultos bajo una capa blanca que se desliza cerca del suelo. No, no es una nube más baja. Es niebla, esa que aparece cuando el aire cercano a la superficie se enfría lo suficiente para que el vapor se condense en diminutas gotas suspendidas.
Aunque no aumenta igual en todo México, durante el otoño se vuelven más frecuentes las condiciones que favorecen su aparición en numerosos valles, cuencas interiores y zonas montañosas. Al ritmo de noches más largas mientras el termómetro comienza a descender, la niebla se vuelve protagonista en muchas regiones esta temporada.
Una nube que nace a ras de cielo
La niebla es, en esencia, una nube en contacto con la superficie. Una de las formas más comunes durante esta época es la niebla de radiación. Se desarrolla principalmente en noches despejadas y con viento débil, cuando el suelo pierde el calor acumulado durante el día por radiación y enfría el aire situado inmediatamente encima.

Si la temperatura del aire desciende hasta alcanzar el punto de rocío, el vapor comienza a condensarse alrededor de partículas microscópicas. Así, millones de pequeñas gotas quedan flotando y reducen la visibilidad. Este fenómeno suele ser más visible poco antes o después del amanecer, momento en que el enfriamiento nocturno alcanza su mayor efecto.
El ejemplo de Toluca ilustra la transición estacional. La temperatura mínima disminuye de 8.5 °C en septiembre a 6.4 °C en octubre y 3.6 °C en noviembre. Septiembre, además, todavía recibe en promedio 110.2 mm de lluvia. Esa combinación de humedad residual y noches cada vez más frías prepara el escenario para amaneceres cubiertos.
¿Por qué se acumula en los valles?
El aire frío es más denso y tiende a descender por las laderas durante la noche. Al llegar al fondo de un valle o cuenca, puede quedar atrapado bajo una capa de aire más cálido, formando lo que se conoce como inversión térmica. El relieve funciona así como un recipiente: concentra aire frío y húmedo abajo hasta que este alcanza la saturación.
Por eso, una localidad situada abajo puede amanecer envuelta en niebla mientras las laderas superiores permanecen despejadas. Con la salida del Sol, el suelo se calienta, aumenta la mezcla del aire y las gotas que estaban suspendidas comienzan a evaporarse. Pero, si la inversión es intensa, la combinación de poco viento y abundante humedad puede prolongarla durante varias horas.
¿Qué pasa sobre los lagos?
Por su parte, los lagos y presas aportan humedad. Pero no toda la niebla observada sobre ellos se forma de la misma manera que la niebla de radiación, más frecuente en los valles.

Cuando el aire frío avanza sobre agua relativamente más cálida, la evaporación añade vapor a la capa de aire inferior. Al mezclarse y enfriarse, ese vapor se condensa y produce la llamada niebla de evaporación, que parece humo extendido sobre el agua.
Además de transformar el paisaje, la niebla puede reducir bruscamente la visibilidad en carreteras y aeropuertos. Su belleza matutina es también una señal atmosférica. Durante unas horas, frío, humedad, calma y relieve encuentran el equilibrio exacto para convertir el aire en una nube.
Referencia de la noticia
Hůnová, I., Brabec, M., Malý, M., Dumitrescu, A. y Geletič, J. (2021). Terrain and its effects on fog occurrence.
National Weather Service. (2026). Guía científica sobre la niebla.
National Weather Service. (2026). Glosario meteorológico.