El impacto de la Canícula en la agricultura: riesgos para la siembra y la producción agrícola

En temporada de lluvias, una pausa puede cambiar por completo el rumbo de una cosecha. La Canícula pone a prueba al campo pero un manejo inteligente ayuda a sentir menos el golpe.

El problema en el campo empieza cuando esta reducción de lluvia coincide con cultivos de temporal en pleno desarrollo.
El problema en el campo empieza cuando esta reducción de lluvia coincide con cultivos de temporal en pleno desarrollo.

La Canícula, también conocida como sequía intraestival o veranillo, es un fenómeno meteorológico que se caracteriza por tener una disminución temporal de lluvias durante el verano. En México suele presentarse entre julio y agosto, aunque no tiene una fecha exacta de inicio, una duración fija ni afecta por igual a todo el territorio.

Este fenómeno se relaciona con cambios en la circulación atmosférica y con la presencia de sistemas de alta presión que dificultan la formación de nubosidad y lluvia. Con menos nubes, el suelo recibe mayor radiación solar, aumenta la temperatura y pierde agua rápidamente.

En lugar de solo contar los días sin lluvia, es necesario monitorear el balance entre la precipitación, el calor y la humedad disponible.

Aunque frecuentemente se habla de 20 a 40 días de duración, la Canícula no significa cuarenta días consecutivos sin precipitaciones ni necesariamente la época más calurosa del año. Su comportamiento cambia según la región y cada temporada.

El maíz, frijol, sorgo y algunas hortalizas dependen de la humedad presente en el suelo para continuar su crecimiento. Y si la reserva es poca, unos cuantos días de Calor intenso y elevada evaporación pueden provocar un estrés hídrico.

Es por eso que la Canícula representa un peligro para la agricultura, principalmente cuando llega durante la germinación, el establecimiento, la floración o el llenado de fruto y grano. Sus consecuencias pueden ir desde una parcela con nacimiento irregular hasta una cosecha con bajo rendimiento.

De la semilla a la cosecha: ¿dónde ocurre el mayor daño?

En una siembra reciente, las semillas necesitan absorber grandes cantidades de agua para activar la germinación. Cuando la superficie se seca demasiado rápido, el nacimiento puede ser lento o incompleto. Y en casos extremos, el productor tiene que resembrar, aumentando el gasto en semilla, combustible y mano de obra.

El estrés hídrico puede afectar el cultivo incluso antes de que las hojas se marchiten de manera evidente
El estrés hídrico puede afectar el cultivo incluso antes de que las hojas se marchiten de manera evidente

Si el cultivo logra superar los primeros días, no significa que pueda cantar victoria. Durante la floración, el Calor y la falta de agua pueden reducir la viabilidad del polen, deshidratar los tejidos y ocasionar aborto floral o una fecundación deficiente.

En el maíz, una mala sincronización entre la aparición de las espigas y los estigmas puede resultar en mazorcas con pocos granos.

Durante el llenado, la planta necesita más agua y contar con hojas fuertes que puedan fabricar y transportar azúcares hacia semillas y frutos. Cuando el estrés es intenso, el ciclo se acorta y los granos quedan pequeños o “chupados”.

En frijol puede disminuir el número de vainas, mientras que en sorgo se reduce el peso del grano y en hortalizas aparecen frutos pequeños o de menor calidad.

Las plantas también pueden volverse más susceptibles a ciertas plagas, aunque su comportamiento dependerá del clima y de cada especie. Monitorear seguido ayuda a actuar con velocidad y evita hacer uso de insecticidas solo por si acaso, lo que ahorra dinero y protege a los insectos benéficos.

Cómo reducir el riesgo sin depender únicamente de la lluvia

El primer paso es conservar el agua que ya llegó al terreno. Dejar rastrojo, utilizar coberturas vegetales o colocar mulch ayuda a reducir la evaporación, amortigua la temperatura y protege al suelo del golpe directo de las gotas.

Una lluvia intensa o un riego pesado después de varios días secos no garantiza que toda el agua sea aprovechada
Una lluvia intensa o un riego pesado después de varios días secos no garantiza que toda el agua sea aprovechada

Para optimizar la siembra, se pueden ajustar las fechas usando pronósticos, elegir variedades de ciclo corto o tolerantes a la sequía, y monitorear la humedad del suelo antes de sembrar.

Donde exista disponibilidad de agua, el riego por goteo aplicado en etapas vulnerables puede evitar pérdidas importantes. No se trata de regar más, sino de aplicar la cantidad necesaria cerca de las raíces y en el momento correcto.

La Canícula es un fenómeno natural, pero el aumento del Calor extremo y la mayor variabilidad de las lluvias pueden intensificar sus efectos. Para reducir el riesgo, es necesario que los productores estén bien informados, que los suelos estén bien protegidos, que se usen semillas adaptadas y sobre todo, hacer caso de pronósticos especializados.