Tu lavanda se seca en maceta: estos cuidados evitarán que muera por el Sol o el exceso de agua

La lavanda es una planta resistente al calor y a la sequía, pero cuando se cultiva en maceta, hasta los descuidos más pequeños pueden debilitarla.

El nombre Lavandula abarca aproximadamente 50 especies reconocidas. Para conservar mejor su aroma, las flores deben cosecharse cuando apenas empiezan a abrirse.
El nombre Lavandula abarca aproximadamente 50 especies reconocidas. Para conservar mejor su aroma, las flores deben cosecharse cuando apenas empiezan a abrirse.

Aunque la lavanda es famosa por su resistencia, muchas personas que la cultivan en maceta han tenido la mala experiencia de verla secarse o morir fácilmente. Esto resulta curioso, ya que a menudo se piensa que es por falta de agua, cuando en realidad es todo lo contrario: sus raíces permanecen mojadas por mucho tiempo, lo que provoca que se pudran.

Esta planta aromática, originaria de ambientes mediterráneos, se desarrolla perfcetamente en un espacio bien iluminado y en suelos ligeros y relativamente pobres.

La lavanda tolera mejor una sequía corta que un encharcamiento. Es por eso, que resulta tan necesario evitar el riego excesivo, especialmente cuando se cultiva en maceta.

Las raíces en el suelo pueden crecer libremente y buscar zonas con mayor humedad y aireación. Pero en una maceta, el tamaño del recipiente, los agujeros de drenaje y la mezcla del sustrato juegan un papel más importante. Un riego excesivo o un sustrato compactado pueden afectar toda la raíz en pocos días.

También es común ponerla en un lugar bonito, pero con pocas horas de Sol directo. Aunque la planta puede resistir, empieza a estirarse, se pone flácida y florece menos. Esta mezcla de poca luz y mucha humedad suele ser la razón principal por la que una lavanda que parecía sana se empieza a poner fea de repente.

Lo bueno es que no necesita cuidados demasiado complicados. Lo importante es imitar su hábitat natural: mucho Sol, raíces bien aireadas, riegos espaciados y poco fertilizante. Con unos ajustes sencillos, puede mantenerse aromática y floreciendo durante muchas temporadas.

Sol, sustrato y riego: el equilibrio que necesita

Esta planta requiere de seis a ocho horas diarias de luz solar directa. Una terraza o balcón orientado al Sur o Suroeste es ideal. Si los tallos se vuelven largos, débiles y espaciados, las hojas pierden su color plateado o no florecen, es probable que necesite más luz.

En maceta, hasta una variedad resistente está más expuesta a cambios bruscos de temperatura.
En maceta, hasta una variedad resistente está más expuesta a cambios bruscos de temperatura.

En regiones donde predomina el calor extremo puede recibir un poco de sombra durante las últimas horas de la tarde, pero no debe permanecer en semisombra todo el día. Para evitar que la maceta acumule demasiado calor, es mejor no ponerla contra paredes oscuras.

Las macetas de terracota son útiles porque permiten que se evapore algo de agua, pero en climas secos, debemos checar la humedad de manera constante.

En cuanto al sustrato, este debe drenar con velocidad y conservar aire entre sus partículas. Una mezcla práctica es 60 % de sustrato universal y 40 % de perlita, piedra pómez o gravilla fina. La lavanda crece bien con un pH de 6.5 a 7.5. Así que antes de echarle cal dolomita para corregir algo, mide el pH para no subirlo demasiado.

Riega a fondo hasta que el agua drene por los agujeros de la maceta. Espera a que el sustrato esté completamente seco antes de volver a regar. Recuerda que no hay un calendario fijo de siete o diez días para regar. Factores como el calor, el viento, la lluvia y el material de la maceta afectan la velocidad con la que se seca el sustrato.

Maceta adecuada, poda y soluciones rápidas

Para mantener un buen drenaje, opta por un recipiente con agujeros amplios y que quede ligeramente elevado. No es necesario poner grava en el fondo, ya que eso no soluciona un sustrato compacto y reduce el espacio para las raíces.

Para evitar que se acumule agua en el plato, elige una maceta con suficientes agujeros de drenaje y que sea más grande que el cepellón de la planta.
Para evitar que se acumule agua en el plato, elige una maceta con suficientes agujeros de drenaje y que sea más grande que el cepellón de la planta.

Después de la floración, quita las espigas secas y recorta un poco el crecimiento verde para que se mantenga compacta. No cortes la madera vieja sin hojas, porque suele costarle trabajo rebrotar. Trasplántala cada dos o tres años si las raíces ya llenaron el recipiente o el sustrato perdió su estructura.

Usa poco fertilizante y evita los que son muy ricos en nitrógeno, ya que hacen que crezcan tallos tiernos, largos y con menos flores. La Lavandula angustifolia aguanta mejor el frío, mientras que la Lavandula stoechas funciona mejor en climas cálidos, aunque puede dañarse con heladas fuertes.

Si las hojas se ponen amarillas y la base se oscurece, revisa las raíces, la humedad y el drenaje de inmediato. Las hojas crujientes y un sustrato completamente seco indican falta de agua. Cuando no florece, suele faltarle Sol o tener demasiado fertilizante. Además, las plagas aparecerán más fácil cuando la planta este débil.