El insólito hallazgo en una cueva del Caribe: abejas prehistóricas usaban dientes de animales como nidos

Un inesperado descubrimiento en una cueva de la República Dominicana, preservado durante más de 20,000 años, está redefiniendo lo que sabíamos sobre las abejas solitarias y la sorprendente forma en que construían sus nidos.

Ubicación y fotografías de la Cueva de Mono en la República Dominicana durante la excavación. Adaptado de Viñola-López et al. (2025).
Ubicación y fotografías de la Cueva de Mono en la República Dominicana durante la excavación. Adaptado de Viñola-López et al. (2025).

Durante miles de años habían permanecido ocultos en la oscuridad absoluta de una cueva caribeña. Parecían simples restos de animales extintos, testigos silenciosos de un mundo ya perdido. Pero, al mirar con atención, había una historia inesperada.

Hace unos 20,000 años, cuando los grandes mamíferos del Caribe desaparecían y sus huesos quedaban abandonados en el suelo de una cueva, unas diminutas abejas encontraron en ellos el lugar perfecto para criar a sus descendientes.

Cuando un grupo de investigadores exploraba la Cueva de Mono, una cueva de piedra caliza en la República Dominicana, esperaba encontrar restos de antiguos mamíferos del Pleistoceno. Lo que no imaginaban era que, dentro de alguno cráneos y mandíbulas fosilizadas, se escondía evidencia del ingenio de una diminutas abejas solitarias.

Una cadena de acontecimientos

Durante miles de años, enormes lechuzas habitaban aquella cueva y llevaban allí sus presas. Eran principalmente mamíferos como jutías, roedores de tamaño mediano endémicos de las islas del Caribe. Y, tras alimentarse, las aves dejaban los huesos dispersos sobre el suelo.

Con el paso del tiempo, muchos dientes se desprendieron de las mandíbulas, dejando cavidades vacías que terminaron convirtiéndose en el tamaño perfecto para que las abejas construyeran sus nidos. Así, un depredador, un mamífero casi extinto y un pequeño insecto, quedaron unidos por una historia preservada durante milenios.

¿Cómo supieron que eran nidos?

A simple vista, los investigadores observaron pequeños cilindros de sedimento compactado dentro de los huecos dentales de los fósiles que encontraron. Para saber qué eran exactamente realizaron tomografías computarizadas (micro-CT), una técnica que permite observar el interior de los fósiles sin dañarlos.

La tomografía revela antiguos nidos de abejas (morado) ocultos dentro del cráneo fosilizado de un mamífero del Caribe. Adaptado de Viñola-López et al. (2025).
La tomografía revela antiguos nidos de abejas (morado) ocultos dentro del cráneo fosilizado de un mamífero del Caribe. Adaptado de Viñola-López et al. (2025).

Las imágenes tridimensionales obtenidas revelaron estructuras prácticamente idénticas a la cámaras donde actualmente algunas abejas solitarias depositan un huevo junto con una reserva de polen que sirve de alimento a la larva cuando nace. En algunos nidos incluso se observaron antiguos granos de polen, una evidencia excepcional del comportamiento reproductivo de estos insectos.

Las abejas solitarias son mayoría

Existen más de 20,000 especies de abejas descritas en el mundo pero, a diferencia de las abejas melíferas que viven en grandes colonias, cerca del 90 % de ellas son solitarias. No quiere decir que vivan aisladas toda su vida.Sino que cada hembra construye y abastece por sí sola el nido donde crecerán sus descendientes. No hay reina ni obreras que la ayuden.

Muchas excavan galerías en el suelo, otras utilizan tallos huecos, madera o conchas vacías de caracoles. Sin embargo, jamás se había documentado que aprovecharan cavidades naturales dentro de huesos fosilizados para criar sus larvas.

Cada hembra de las abejas solitarias busca una cavidad, deposita un huevo con alimento, la sella y la larva crece sola.
Cada hembra de las abejas solitarias busca una cavidad, deposita un huevo con alimento, la sella y la larva crece sola.

Este comportamiento pudo surgir por la combinación de varios factores. La abundancia de roca caliza expuesta dificulta encontrar lugares adecuados para excavar. En la cueva se acumulaban cientos de huesos con cavidades disponibles. Además, anidar en estas pequeñas cámaras óseas podría haber ofrecido protección adicional frente a depredadores y avispas parasitoides.

Un fósil que cuenta una historia

Curiosamente, los investigadores nunca encontraron restos de las propias abejas. Las condiciones cálidas y húmedas de la cueva dificultan la conservación de cuerpos tan delicados, por lo que solo sobrevivieron las huellas de su actividad.

En paleontología este tipo de evidencias recibe el nombre de icnofósiles, que son rastros fósiles que registran el comportamiento de los organismos antiguos en lugar de sus restos corporales.

Las estructuras descubiertas fueron tan distintas a las conocidas que los científicos describieron un nuevo icnotaxón (una categoría de clasificación para organizar y nombrar rastros fósiles). Lo bautizaron como Osnidum almontei, en honor al paleontólogo dominicano Juan Almonte Milán, quien identificó el importante depósito fósil.

Así, mientras los huesos cuentan quiénes vivieron hace miles de años, los rastros dejados por los insectos revelan cómo interactuaban esas especies y cómo sobrevivían. Un a historia sobre antiguos dientes convertidos en guarderías naturales, y unas pequeñas abejas dejando una evidencia única de creatividad evolutiva.

Referencia de la noticia

Viñola-López, L.W., Riegler, M., Olson, S.V. y colaboradores.. (2025). Trace fossils within mammal remains reveal novel bee nesting behaviour.
Field Museum.. (2026). Ancient bees turned tooth sockets into tiny nurseries 20,000 years ago.