En el "Día Mundial del Clima 2026" no hay nada que festejar: el clima se "rompió" tras 11 años de récords consecutivos

La ciencia ya no deja margen para la duda: once años consecutivos de calor récord desde que se tienen registros. Hoy, Día Mundial del Clima, los datos obligan a prestar atención.

El clima que conocieron nuestros abuelos —el que daba forma a las cosechas, los ríos y las estaciones— ya es, en muchos sentidos, historia.
El clima que conocieron nuestros abuelos —el que daba forma a las cosechas, los ríos y las estaciones— ya es, en muchos sentidos, historia.

Piensa en un partido de fútbol donde un equipo hace un gol once veces seguidas. A la tercera vez, el resultado deja de ser casualidad. Algo parecido —pero mucho más grave— acaba de confirmar la Organización Meteorológica Mundial (OMM): los últimos once años consecutivos, de 2015 a 2025, fueron los más calurosos desde que el ser humano empezó a medir la temperatura del planeta, hace 176 años. Y justo hoy, 26 de marzo, el mundo celebra el Día Mundial del Clima.

El momento no podría ser más oportuno. El secretario general de la ONU, António Guterres, eligió palabras sin eufemismos para describir lo que pasa: "El clima mundial se encuentra en una situación de emergencia. Todos los indicadores climáticos clave han superado el umbral de alarma". El informe de la OMM que lo sustenta no es una opinión: es el resultado del análisis cruzado de ocho conjuntos de datos científicos independientes de todo el planeta.

Lo que advierten los números

El Día Mundial del Clima tiene historia propia. Fue instaurado el 26 de marzo de 1992, durante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, con un objetivo que hoy suena más urgente que nunca: generar conciencia colectiva sobre la influencia del clima en la vida humana y los riesgos que implica alterarlo.

Treinta y cuatro años después, la efeméride ya no se celebra como una advertencia preventiva, sino como un recordatorio de procesos que están ocurriendo ahora mismo.

El desequilibrio energético de la Tierra alcanza su nivel más alto en 65 años de registros. El océano ha absorbido 18 veces el consumo energético anual de la humanidad durante las últimas dos décadas
El desequilibrio energético de la Tierra alcanza su nivel más alto en 65 años de registros. El océano ha absorbido 18 veces el consumo energético anual de la humanidad durante las últimas dos décadas

En 2025, la temperatura media global superó en 1.44 °C el promedio de la era preindustrial. Puede sonar poco, pero es como si el cuerpo humano pasara de 36.5 °C a casi 38 °C: con esas pocas décimas, la diferencia entre estar sano y tener fiebre alta es total. Lo que hace más inquietante el dato es que este récord ocurrió con La Niña activa —un fenómeno natural que enfría el clima global—. Sin ese efecto moderador, los registros habrían sido todavía más extremos.

El clima que conocieron nuestros abuelos —el que daba forma a las cosechas, los ríos y las estaciones— ya es, en muchos sentidos, historia.

Y los océanos guardan el secreto más alarmante. El 91 % del exceso de calor que genera la actividad humana termina en el mar. Durante las últimas dos décadas, los océanos absorbieron cada año una cantidad de energía equivalente a 18 veces el consumo energético humano anual.

En 2025, el calor oceánico alcanzó su máximo histórico, superando el récord del año anterior. Las concentraciones de CO₂ en la atmósfera llegaron a 423.9 partes por millón: el nivel más alto en dos millones de años. Y no es un error de tipeo.

Cuando el clima cambia, cambia todo lo demás

Las consecuencias no son escenas de una película de ciencia ficción. Ya en 2022, casi 33 millones de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares principalmente por causas climáticas. Las inundaciones, las sequías, las olas de calor que antes eran excepciones ahora figuran en el pronóstico con una regularidad que ya nadie encuentra extraña.

La Secretaria General de la OMM, la argentina Celeste Saulo, dejó en claro que todavía hay margen de acción: la ciencia confirma que es posible —y urgente— limitar el calentamiento a 1.5 °C para fin de siglo. Pero cada año de inacción achica ese margen.

El Día Mundial del Clima nació exactamente para esto: para recordarnos que el clima no es el telón de fondo de la vida humana, sino su sostén.

Sin clima estable, no hay agua segura, no hay cosechas predecibles, no hay ciudades resilientes. Tomar conciencia hoy no es un gesto simbólico. Es el único punto de partida que tiene sentido.