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La borrasca más profunda jamás registrada en nuestro planeta

Un gran sistema de bajas presiones se encuentra ahora mismo al oeste de la Península Antártica y está generando un importante campo de vientos huracanados sobre el océano y el hielo estacional. ¡Podría ser la más profunda desde que hay registros!

Súper borrasca
Cuando hablamos de presiones a nivel del mar en torno a 900 hPa, automáticamente pensamos en los grandes tifones del Pacífico. Pero, esta vez esas cifras las ha logrado alcanzar una borrasca cerca de la Antártida..

En la atmósfera las borrascas de latitudes medias pueden presentarse una gran variedad de tamaños. Para su formación es necesario un entorno baroclino, una región en la que existan fuertes contrastes de temperatura y densidad entre masas de aire, típico en latitudes medias.

En condiciones de fuertes gradientes térmicos se pueden formar ondas en el chorro polar muy rápidas y energéticas que dan lugar a borrascas muy profundas.

Actualmente, al oeste peninsular en el Hemisferio Sur, se está gestando una borrasca relativamente grande cuya presión mínima se situará en torno a los 980 hPa y su diámetro superar los 1000 kilómetros. Sus frentes dejarán importantes acumulados de lluvia en la vertiente atlántica así como intervalos de viento fuerte en algunas regiones.

Superborrasca de la Antártida

No todas las borrascas alcanzan estas dimensiones, a menudo son de menor tamaño, pero lo cierto es que hay algunas que pueden superar estas cifras con mucha diferencia y presentar presiones mínimas por debajo de 950 hPa, algo que sucede generalmente en latitudes altas durante el semestre invernal tanto en el hemisferio norte como en el sur.

Es el caso de la borrasca que se ha desarrollado el pasado lunes en las proximidades de la Antártida y que ha ido mucho más allá que cualquier otra borrasca.

Esta descomunal borrasca se profundizó en una zona con una inestabilidad baroclina extrema, favorecida en parte por el encuentro entre las masas de aire templadas presentes en latitudes medias con el aire gélido que todavía desciende desde la Antártida por la plataforma de hielo marino.

Durante las primeras horas de pasado lunes, los modelos situaron su presión central entre 895 hPa y 910 hPa, unas cifras que superan con mucho el anterior récord de presión atmosférica en una borrasca: la borrasca Braer, en el Atlántico Norte en 1993, con 914 hPa.

En el hemisferio sur, el récord es aún más significativo, puesto que el dato de presión más baja registrada era de 919 hPa en 1976. Además, los pocos datos obtenidos sobre esta borrasca confirman que esa cifra quedó muy atrás incluso lejos del centro del ciclón.

Algunos análisis señalan valores de presión inferiores a los 906 hPa. Hasta ahora, el récord de presión más baja en el hemisferio sur databa de 1976, con 919 hPa

En la isla de Thurston, a unos pocos centenares de kilómetros del centro de la baja, la presión alcanzó 915 hPa en la estación automática de la isla y finalmente, el Servicio Meteorológico Nacional de Argentina, en uno de sus boletines meteorológicos marinos, situó la presión mínima del sistema en 905 hPa a la hora de emisión del boletín, mientras que otros análisis corroboraban la cifra con valores entre 899 hPa y 906 hPa.

Esto supone un récord absoluto indudable en un ciclón extratropical, al menos desde que se tienen registros de presión atmosférica y da idea de las singulares condiciones existentes en el hemisferio sur en estos momentos, con una circulación polar extraordinariamente fuerte.


Sorprende además que se haya batido el récord anterior en unos 10 hPa, una diferencia muy notable. Estos valores de presión son raros incluso en ciclones tropicales donde sólo los super tifones y grandes huracanes más violentos, logran alcanzarlos.

Olas del tamaño de edificios de seis pisos

En contra de lo que pueda parecer, los vientos en este sistema no han sido de récord. El gradiente de presión, aunque es inmenso, no es mayor que el que se ha dado en otras borrascas extremas o en ciclones tropicales intensos debido al gran tamaño de este sistema. Aún así ha generado rachas de viento huracanadas, de más de 150 km/h, en áreas increíblemente grandes.

Aunque los vientos asociadas a este sistema no han sido de récord, las fuertes rachas han afectado a un área increíblemente extensa

La extensión de esos vientos huracanados ha cubierto un área mucho mayor que el de un ciclón tropical violento como Ian y el temporal generado ha abarcado una región más extensa que la de prácticamente cualquier otra borrasca.


Estas condiciones de viento han dado lugar a un temporal marítimo con una altura significativa del oleaje de entre 10 y 15 metros según los modelos de predicción de oleaje, con un tamaño máximo que podría haberse situado entre los 20 y los 30 metros.

Aún así, ha estado limitado por la presencia de la plataforma de hielo estacional, que en estas últimas semanas alcanzó su máxima extensión en la Antártida y que, con el avance de la primavera y el impacto de estas borrascas, comienza su retroceso.