La 'lápida del astronauta' de Palenque: la ciencia detrás del rey maya que viajaba al inframundo

Durante décadas, un relieve maya fue presentado como un astronauta antiguo. La arqueoastronomía revelan una escena ritual sobre la muerte, cosmos y renacimiento del poder de Pakal "el Grande".

La tumba de Pakal, descubierta en 1952 en el Templo de las Inscripciones de Palenque, representa su viaje al inframundo (Xibalbá) en 683 d.C.
La tumba de Pakal, descubierta en 1952 en el Templo de las Inscripciones de Palenque, representa su viaje al inframundo (Xibalbá) en 683 d.C.

La llamada “lápida del astronauta” es un bajorelieve que cubría la tumba de K’inich Janaab’ Pakal, gobernante de Palenque en el siglo VII. Desde su descubrimiento el siglo XX, la imagen fue sacada de contexto como evidencia de tecnología avanzada.

La pseudociencia sostiene que el personaje aparece reclinado dentro de una nave espacial, manipulando controles, con llamas saliendo por la parte inferior a modo de propulsión y algunos hablaron incluso de oxígeno, con cinturones de seguridad y paneles de mando.

Muchas de las explicaciones pseudocientíficas nacen de la pareidolia, un fenómeno psicológico del cerebro humano que tiende a reconocer formas familiares, especialmente rostros, en objetos inanimados, manchas, nubes o paisajes.

Estas ideas surgieron ignorando por completo la iconografía, la epigrafía y el contexto ritual maya, analizado el relieve con conocimiento ajeno al lenguaje simbólico de la civilización que lo produjo y al significado original de sus imágenes.

Bajorrelieve de un rey maya en el sitio arqueológico de Palenque, Chiapas, México.
Bajorrelieve de un rey maya en el sitio arqueológico de Palenque, Chiapas, México.

La idea del “astronauta maya” se popularizó porque ofrece una explicación espectacular y sencilla, pero carece de respaldo académico y no presenta pruebas verificables, además de contradecir décadas de investigación arqueológica, histórica y antropológica acerca de la cultura maya.

Contexto funerario y sentido ritual

La lápida fue diseñada como parte de un complejo programa funerario y no se debe enteder como representación de una escena cotidiana ni tecnológica, sino como un relato visual sobre el tránsito del gobernante tras su muerte, de acuerdo con la cosmovisión maya del periodo Clásico.

Pakal aparece en un momento liminal, entre la vida y la muerte y en realidad su postura no es la de un piloto, sino la de una caída ritual asociada al ciclo agrícola, que se traduce en la regeneración del cosmos y la transformación del gobernante en ancestro divino.

A 71 años del descubrimiento de la tumba de Pakal ‘el Grande’ aún existen teorías pseudocientíficas que malinterpretan los símbolos funerarios. Foto: Mauricio Marat. INAH.
A 71 años del descubrimiento de la tumba de Pakal ‘el Grande’ aún existen teorías pseudocientíficas que malinterpretan los símbolos funerarios. Foto: Mauricio Marat. INAH.

La tumba se encontraba en una cámara profunda, sellada y simbólicamente conectada con el inframundo. Su ubicación refuerza que la escena no estaba pensada como registro literal, sino como un dispositivo ritual cargado de significado religioso.

Los glifos que rodean el relieve narran fechas, genealogía y ritos de muerte y renacimiento. En ningún momento aluden a viajes físicos por el espacio, sino más bien a procesos míticos y dinásticos propios del pensamiento maya que se han podido documentar a través de los códices rescatados, como el Dresde.

El árbol y el descenso

En el centro de la escena se levanta el Árbol del Mundo, un eje cósmico que conecta al inframundo, a la superficie terrestre y al cielo. Simbólicamente es una iconografía fundamental para la cultura maya, de hecho, aparece reiteradamente en estelas, códices y arquitectura.

Pakal no asciende al cielo, desciende, lo que significa que la imagen representa su caída hacia Xibalbá, el inframundo, un paso necesario para su renacimiento simbólico y su integración al orden cósmico como garante del equilibrio universal.

En la parte inferior aparece el monstruo de la tierra, que abre sus fauces para recibir al gobernante (lo que algunos interpretaron como fuego o motores), y corresponde a símbolos del inframundo y de la cosmogonía básica de la cultura maya.

La forma de cruz que domina la composición tampoco se refiere a algún símbolo cristiano y mucho menos tecnológico. Simplemente representa una de las varias estructuras cosmológicas que organizan al Universo maya y que ya existía siglos antes del contacto europeo.

Los mayas y la Vía Láctea

La arqueoastronomía ha demostrado que el relieve integra referencias celestes bien conocidad y que este "Árbol del Mundo" se asocia simbólicamente con la Vía Láctea, concebida como un gran camino o río cósmico que articula el cielo nocturno.

En determinadas épocas del año, la Vía Láctea se observa casi vertical en el cielo mesoamericano, reforzando su identificación como eje del Universo, por lo que no es de extrañar que este tipo de estructuras astronómicas fueran incorporadas al mito y a la iconografía.

En ese sentido, el viaje de Pakal no es espacial, sino cosmogónico, y representa un tránsito ritual a través del orden del Universo, donde cielo, tierra e inframundo forman un sistema continuo e interdependiente.

Lejos de sugerir tecnología avanzada o visitantes extraterrestres, la lápida nos da evidencia del profundo conocimiento simbólico y astronómico de los mayas, quienes eran capaces de transformar la observación del cielo en narrativas visuales complejas y coherentes.