Las estrellas muertas no son todas blancas: los astrónomos confirman que las hay verdes, rosas, amarillas y moradas
Enanas blancas podrían presentar colores muy distintos a los que se habían imaginado anteriormente. Estudio de la Universidad de Warwick muestra cómo la densidad y la composición química de sus atmósferas pueden dar lugar a sorprendentes tonalidades verdes, rosas y púrpuras.

Las llamamos enanas blancas, pero algunas podrían ser verdes, rosas, amarillas o incluso moradas. Un estudio muy reciente muestra que las condiciones físicas extremas presentes en las atmósferas de este tipo de objetos estelares pueden generar colores totalmente inesperados. Una enana blanca en particular, si se observara de cerca a simple vista, parecería de color verde.
1. ¿Por qué las estrellas tienen diferentes colores?
Quienes observan con atención el cielo nocturno habrán notado que las estrellas suelen verse blancas; sin embargo, también existen estrellas rojas (por ejemplo, Antares, en la constelación de Escorpio) y azules (como Betelgeuse, en la constelación de Orión). A las enormes distancias a las que se encuentran las estrellas respecto a la Tierra, estos tres colores rojo, blanco y azul son los únicos que pueden percibirse a simple vista.
La variación en el color se debe a la temperatura superficial de la estrella: el rojo predomina en las estrellas más frías (más frías que el Sol; por ejemplo, las enanas rojas), el blanco caracteriza a las estrellas calientes (mucho más calientes que el Sol) y el azul se encuentra en estrellas extremadamente calientes.
En nuestra experiencia cotidiana, sabemos que un bloque de hierro, al calentarse, pasa de un rojo tenue (a unos 500–600 °C) a un tono anaranjado (a unos 900 °C), luego a amarillo (a unos 1100 °C) y, finalmente, a un blanco deslumbrante o un tono azulado una vez que supera los 1300–1500 °C o más.
Las estrellas enanas blancas reciben este nombre porque sus elevadas temperaturas superficiales que alcanzan hasta 100 000 K, les confieren un aspecto blanco. Esta terminología las distingue de las estrellas enanas rojas, que también son muy pequeñas en comparación con el Sol, pero cuyas temperaturas no superan los 3000 K.

Sin embargo, las enanas blancas son objetos muy distintos a las estrellas comunes. Representan la etapa evolutiva final de estrellas como el Sol. Tras atravesar una fase de gigante roja, estas estrellas desprenden sus capas externas, mientras que su núcleo colapsa hasta convertirse en un objeto extremadamente denso en el que ya no se producen reacciones de fusión nuclear. Su destino final es un proceso de enfriamiento lento pero inexorable.
No obstante, un grupo de astrónomos dirigido por Mark Hollands, de la Universidad de Warwick (Reino Unido), ha demostrado que describir a las enanas blancas simplemente como "blancas" no siempre es preciso. En algunas enanas blancas, el color no solo depende de la temperatura, sino también de su composición química específica y de la inmensa densidad de su atmósfera.
2. Estrellas verdes y rosas: el secreto reside en su atmósfera
En las enanas blancas especialmente en las más frías, la densidad del plasma en la atmósfera puede ser tan elevada que se aproxima a la densidad del agua, lo que la hace millones de veces mayor que la de la atmósfera del Sol.
Bajo estas condiciones extremas, la presencia de elementos químicos específicos como el sodio, el calcio y el carbono, puede alterar la forma en que la luz emitida por la superficie de la estrella es absorbida por su atmósfera.

Estos elementos pueden actuar como un filtro, bloqueando ciertos colores y permitiendo el paso de otros. El ejemplo más llamativo es la enana blanca WD J1330+6435, que posee una temperatura superficial de aproximadamente 4000 K.
A lo largo de su evolución, esta estrella ha incorporado a su atmósfera material rocoso rico en elementos como calcio, litio y sodio, el cual constituye un remanente de su propio sistema planetario. Mientras que el sodio bloquea los colores naranja y rojo emitidos desde la superficie, el calcio absorbe la luz violeta. Como resultado, la luz que logra escapar de la atmósfera presenta una tonalidad característica de color amarillo verdoso.
Otras enanas blancas pueden adquirir matices amarillos, lilas o cian, mostrando una variedad cromática difícil de imaginar para objetos estelares que tradicionalmente se consideran blancos.
3. ¿Cómo se determina el color real de una estrella?
Como se ha mencionado, todas las estrellas —incluidas las enanas blancas— se encuentran tan lejos de la Tierra que resulta imposible observar directamente el color de sus atmósferas. En su lugar, esta información se obtiene mediante análisis espectroscópico, lo que permite reconstruir el espectro de la estrella y, por consiguiente, determinar qué color percibiría el ojo humano si pudiera observar el disco estelar desde una distancia lo suficientemente cercana
De un conjunto de aproximadamente 150 enanas blancas estudiadas, se descubrió que cinco presentaban colores particularmente inusuales: dos eran amarillas y tres, rosas.
A partir de estos hallazgos, los investigadores estiman que entre 3 y 4 de cada 100 enanas blancas podrían tener colores que difieren significativamente del blanco.
Además, dado que el color resultante depende de la composición química de la atmósfera, estos colores inusuales pueden revelar, de forma indirecta, la historia pasada de una enana blanca.
Y quizás este sea el aspecto más fascinante de todos: una estrella que ha llegado al final de su vida podría conservar, en la luz que emite, rastros de los planetas que alguna vez orbitaron a su alrededor; planetas que no sobrevivieron indemnes a la fase de gigante roja.
Referencia de la noticia
Hollands M. A., et al.. (2026). Any colour you like: the diverse chromaticities of white dwarfs,.