¿Cuáles son las principales diferencias entre un huracán y una tormenta tropical?
Depresiones, tormentas tropicales y huracanes son etapas dentro de un mismo fenómeno. La diferencia la marca el viento; pero el riesgo, muchas veces, el agua que dejan a su paso.

Sobre los océanos tropicales, algunas tormentas comienzan siendo apenas una perturbación desordenada de nubes y lluvia. Pero bajo las condiciones adecuadas, puede transformarse poco a poco en un sistema capaz de modificar paisajes enteros.
Cada año, durante la temporada ciclónica, hay términos que aparecen constantemente en pronósticos y alertas. Se habla a veces de tormentas tropicales, otras de huracanes. Y no son fenómenos aislados. Son capítulos diferentes dentro de una misma historia atmosférica.
Un ciclón tropical es un sistema de baja presión, caracterizado por tormentas organizadas y vientos que giran alrededor de un centro, y en sentido opuesto a las manecillas del reloj (en el hemisferio norte). Y cada uno va escribiendo su propia historia sobre las aguas cálidas del trópico.
Dentro de los ciclones se incluyen diferentes estados de desarrollo, definidos según la intensidad de sus vientos. Y detrás de ellos también cambia su estructura y organización. Pero a veces el problema no es solo la fuerza del viento, sino cuánta agua cae, dónde y por cuánto tiempo.

Cada huracán alguna vez fue tormenta tropical. Al igual que muchos fenómenos de la naturaleza, los ciclones tienen su propia historia de vida. Nacen, crecen, se desarrollan y mueren. Y el océano es el motor que los impulsa en cada paso del camino.
Nace un ciclón tropical
Todo comienza sobre aguas muy cálidas, con temperaturas de al menos 26.5 °C hasta una profundidad de 50 m. Ese es el motor principal de un ciclón tropical. El agua cálida se evapora. Y mientras ese aire húmedo asciende, se forman tormentas y se libera calor, alimentando una zona de baja presión.
Si la atmósfera a su alrededor cuenta con suficiente humedad y baja cizalladura del viento (que cambia poco con la altura), el sistema se comienza a organizar. Y según se fortalece su circulación, el ciclón pasa por distintas fases, desde perturbación tropical, a depresión y tormenta tropical, y finalmente huracán.
Pero no todos los sistemas logran completar ese ciclo. La mayoría se debilitan y mueren incluso antes de llegar a las fases más intensas. Pero un ciclón no necesita ser huracán para provocar daños importantes.
Crece y se desarrolla
Los límites entre una y otra categoría se marcan según la velocidad de los vientos máximos sostenidos, con énfasis en "sostenidos". No se trata de rachas momentáneas. Lo importante es el promedio de la velocidad del viento más intenso, generalmente durante 1 minuto.
En ese valor se basa la clasificación de estos sistemas. Un ciclón con circulación cerrada y vientos máximos sostenidos menores a los 63 km/h es una depresión tropical. Y cuando estos vientos oscilan entre los 63 y 118 km/h, el ciclón se clasifica como tormenta tropical. Por encima de ese umbral, cuando los vientos máximos sostenidos superan los 119 km/h, ya es huracán.
Pero aunque la clasificación oficial se base principalmente en la intensidad de los vientos, no es eso lo único que cambia a medida que un ciclón evoluciona. También cambia su estructura interna.
Las tormentas tropicales suelen presentar áreas de lluvias y tormentas más dispersas alrededor del centro. Al intensificarse a huracán, su circulación se vuelve más simétrica y compacta. Y ahí, suele aparecer una de las características más famosas de estos sistemas: el ojo.
El ojo es una región relativamente tranquila rodeada por otra donde se concentran los vientos más intensos: la pared del ojo. En imágenes satelitales este cambio y aparición de un ojo bien definido suele verse como el paso de una masa nubosa irregular a una estructura mucho más organizada y definida.
El riesgo no cabe en una categoría
Aunque un huracán representa la fase más intensa de un ciclón (según la intensidad de sus vientos), eso no significa que las tormentas tropicales sean de fiar. Incluso sin llegar a categoría de huracán estos sistemas pueden producir inundaciones severas, deslaves, oleaje elevado y lluvias torrenciales.

Porque sí, conforme el sistema evoluciona y gana fuerza, aumenta también su capacidad destructiva, sobre todo por los vientos y la marejada ciclónica. Pero un gran porcentaje de ciclones tropicales que han llegado a ser desastrosos ni siquiera ostentaban la categoría de huracán. Y la lluvia es clave, así como la velocidad a la que se desplaza el sistema.
Que un sistema no sea huracán no significa que sea inofensivo. Muchas veces, el impacto más grave de un ciclón tropical no viene del viento, sino del agua: lluvias persistentes, ríos desbordados, laderas inestables e inundaciones repentinas. Por eso, una depresión o tormenta tropical puede ser menos intensa en la escala, pero no necesariamente menos peligrosa para la población.
Referencia de la noticia
NHC. (2026). The Saffir-Simpson Hurricane Wind Scale.