¿Cuáles son las principales diferencias entre un huracán y una tormenta tropical?

Depresiones, tormentas tropicales y huracanes son etapas dentro de un mismo fenómeno. La diferencia la marca el viento; pero el riesgo, muchas veces, el agua que dejan a su paso.

La temporada ciclónica inicia oficialmente el 15 de mayo en el Pacífico y el 1 de junio en el Atlántico.
La temporada ciclónica inicia oficialmente el 15 de mayo en el Pacífico y el 1 de junio en el Atlántico.

Sobre los océanos tropicales, algunas tormentas comienzan siendo apenas una perturbación desordenada de nubes y lluvia. Pero bajo las condiciones adecuadas, puede transformarse poco a poco en un sistema capaz de modificar paisajes enteros.

Cada año, durante la temporada ciclónica, hay términos que aparecen constantemente en pronósticos y alertas. Se habla a veces de tormentas tropicales, otras de huracanes. Y no son fenómenos aislados. Son capítulos diferentes dentro de una misma historia atmosférica.

Según datos del Centro Nacional de Huracanes, entre 1980 y 2023, de los sistemas tropicales formados en el Atlántico alrededor del 66 % no llegaron a ser huracanes y aproximadamente 1 de cada 2 llegó como máximo a tormenta tropical.

Un ciclón tropical es un sistema de baja presión, caracterizado por tormentas organizadas y vientos que giran alrededor de un centro, y en sentido opuesto a las manecillas del reloj (en el hemisferio norte). Y cada uno va escribiendo su propia historia sobre las aguas cálidas del trópico.

Dentro de los ciclones se incluyen diferentes estados de desarrollo, definidos según la intensidad de sus vientos. Y detrás de ellos también cambia su estructura y organización. Pero a veces el problema no es solo la fuerza del viento, sino cuánta agua cae, dónde y por cuánto tiempo.

La aparición del ojo suele indicar mayor organización e intensidad; ojos pequeños pueden asociarse con intensificación rápida.
La aparición del ojo suele indicar mayor organización e intensidad; ojos pequeños pueden asociarse con intensificación rápida.

Cada huracán alguna vez fue tormenta tropical. Al igual que muchos fenómenos de la naturaleza, los ciclones tienen su propia historia de vida. Nacen, crecen, se desarrollan y mueren. Y el océano es el motor que los impulsa en cada paso del camino.

Nace un ciclón tropical

Todo comienza sobre aguas muy cálidas, con temperaturas de al menos 26.5 °C hasta una profundidad de 50 m. Ese es el motor principal de un ciclón tropical. El agua cálida se evapora. Y mientras ese aire húmedo asciende, se forman tormentas y se libera calor, alimentando una zona de baja presión.

Si la atmósfera a su alrededor cuenta con suficiente humedad y baja cizalladura del viento (que cambia poco con la altura), el sistema se comienza a organizar. Y según se fortalece su circulación, el ciclón pasa por distintas fases, desde perturbación tropical, a depresión y tormenta tropical, y finalmente huracán.

Pero no todos los sistemas logran completar ese ciclo. La mayoría se debilitan y mueren incluso antes de llegar a las fases más intensas. Pero un ciclón no necesita ser huracán para provocar daños importantes.

Crece y se desarrolla

Los límites entre una y otra categoría se marcan según la velocidad de los vientos máximos sostenidos, con énfasis en "sostenidos". No se trata de rachas momentáneas. Lo importante es el promedio de la velocidad del viento más intenso, generalmente durante 1 minuto.

La ya famosa escala Saffir-Simpson solo clasifica huracanes, o sea, ciclones tropicales que ya tienen vientos sostenidos de 119 km/h o más. Antes de eso, se usa una clasificación general por intensidad del viento.

En ese valor se basa la clasificación de estos sistemas. Un ciclón con circulación cerrada y vientos máximos sostenidos menores a los 63 km/h es una depresión tropical. Y cuando estos vientos oscilan entre los 63 y 118 km/h, el ciclón se clasifica como tormenta tropical. Por encima de ese umbral, cuando los vientos máximos sostenidos superan los 119 km/h, ya es huracán.

Pero aunque la clasificación oficial se base principalmente en la intensidad de los vientos, no es eso lo único que cambia a medida que un ciclón evoluciona. También cambia su estructura interna.

Las tormentas tropicales suelen presentar áreas de lluvias y tormentas más dispersas alrededor del centro. Al intensificarse a huracán, su circulación se vuelve más simétrica y compacta. Y ahí, suele aparecer una de las características más famosas de estos sistemas: el ojo.

El ojo es una región relativamente tranquila rodeada por otra donde se concentran los vientos más intensos: la pared del ojo. En imágenes satelitales este cambio y aparición de un ojo bien definido suele verse como el paso de una masa nubosa irregular a una estructura mucho más organizada y definida.

El riesgo no cabe en una categoría

Aunque un huracán representa la fase más intensa de un ciclón (según la intensidad de sus vientos), eso no significa que las tormentas tropicales sean de fiar. Incluso sin llegar a categoría de huracán estos sistemas pueden producir inundaciones severas, deslaves, oleaje elevado y lluvias torrenciales.

La depresión tropical Once de 1999 fue el tercer ciclón más lluvioso en impactar México desde 1983, con un máximo local de más 1,000 mm de lluvia en Jalacingo, Veracruz. Imagen tomada del WPC/ NOAA.
La depresión tropical Once de 1999 fue el tercer ciclón más lluvioso en impactar México desde 1983, con un máximo local de más 1,000 mm de lluvia en Jalacingo, Veracruz. Imagen tomada del WPC/ NOAA.

Porque sí, conforme el sistema evoluciona y gana fuerza, aumenta también su capacidad destructiva, sobre todo por los vientos y la marejada ciclónica. Pero un gran porcentaje de ciclones tropicales que han llegado a ser desastrosos ni siquiera ostentaban la categoría de huracán. Y la lluvia es clave, así como la velocidad a la que se desplaza el sistema.

Cristóbal, en 2020, mostró que también importa cuánto tiempo permanece un sistema sobre una región. Como tormenta tropical, y luego como depresión, dejó lluvias e inundaciones importantes en el sureste de México.

Que un sistema no sea huracán no significa que sea inofensivo. Muchas veces, el impacto más grave de un ciclón tropical no viene del viento, sino del agua: lluvias persistentes, ríos desbordados, laderas inestables e inundaciones repentinas. Por eso, una depresión o tormenta tropical puede ser menos intensa en la escala, pero no necesariamente menos peligrosa para la población.

Referencia de la noticia

NHC. (2026). The Saffir-Simpson Hurricane Wind Scale.