De tormenta a huracán mayor, ¿por qué los ciclones tropicales se intensifican tan rápido?
¿Por qué una tormenta tropical puede convertirse en un poderoso huracán en pocas horas? La rápida intensificación de los ciclones tropicales representa un enorme desafío para los meteorólogos, y la preparación de las ciudades y comunidades costeras.

En los últimos años, los ciclones tropicales que experimentan una rápida intensificación han despertado el interés generalizado de la comunidad científica y de la población en general. Esto es por las implicaciones asociadas a la reducción en el tiempo disponible para emitir alertas y tomar medidas preventivas, es decir, para la gestión del riesgo.
El huracán Otis en 2023 ha sido una de las referencias más claras para México en los últimos años, debido a los efectos que originó particularmente en Guerrero, asociados con el viento. En pocas horas pasó de ser un huracán de categoría 1 en la escala Saffir-Simpson a convertirse en un poderoso huracán de categoría 5, sin que los modelos de pronóstico pudieran anticiparlo.
El criterio básico utilizado por el Centro Nacional de Huracanes (NHC) para identificar eventos de rápida intensificación consiste en el incremento de la velocidad del viento sostenido en un tiempo relativamente corto, esto es de al menos 56 km/h en un periodo de 24 horas.
El calor oceánico es un ingrediente para la rápida intensificación, pero no el único
En un artículo publicado en 2024 por investigadores de la Universidad de Alabama, se analizó la importancia de las olas de calor marinas, esto es, periodos en los que se presenta una persistencia de las temperaturas del mar anormalmente altas, como un factor clave en los procesos de rápida intensificación en el Golfo de México y el noroeste del Caribe.

A pesar de que la temperatura del océano no es el único elemento que incide en estos procesos, se calcula que al menos el 70 % de los huracanes que se formaron entre 1950 y 2022 fueron influenciados por las olas de calor marinas.
Los autores explican además que el mecanismo no se limita a las condiciones de la superficie, porque el calor acumulado en capas más profundas del océano evita que el agua se enfríe cuando el ciclón tropical ha pasado, lo que permite que se mantenga el ciclo de retroalimentación positiva.
Es necesario señalar que la temperatura oceánica es fundamental, pero se requiere además de otros factores como la alta disponibilidad de humedad relativa y poca cizalladura del viento, es decir, un cambio relativamente bajo del viento en los diferentes de la atmósfera para favorecer los procesos de rápida intensificación.
La influencia del fenómeno climático El Niño
Ahora bien, si sabemos que las altas temperaturas del mar son uno de los elementos más importantes en la intensificación rápida de los ciclones tropicales ¿qué es lo que pasa durante episodios severos de El Niño?

Lo primero que debe considerarse es que el fenómeno de El Niño no actúa de la misma manera en las cuencas del Atlántico y el Pacífico, es decir, cuando hay fase Niño, la temporada de ciclones tiende a ser más activa en el Pacífico que en el Atlántico.
Por ejemplo, durante esta temporada 2026 se observó un caso especialmente interesante: el huracán Polo, para el que el Centro Nacional de Huracanes (NHC) reportó el 21 de septiembre del presente año un episodio de intensificación rápida, favorecido por temperaturas superficiales del mar superiores a 30.5 °C, baja cizalladura vertical y abundante humedad en niveles medios.
Polo tuvo una rápida evolución hasta alcanzar la categoría 5, con vientos máximos estimados en 290 km/h, lo que coincide precisamente con una fase claramente establecida de un Niño fuerte. Esto no significa que la intensificación de Polo pueda atribuirse directamente a El Niño, pero la coincidencia espacial y temporal debería ser analizada con las herramientas adecuadas en el futuro.
¿Y qué hay de la relación del cambio climático y la rápida intensificación?
De acuerdo con Climate Central en junio de 2024 se cumplieron 15 meses consecutivos de temperaturas récord en la superficie del mar a nivel mundial. Por su parte, observaciones muestran un aumento en las tasas de intensificación de ciclones tropicales en la cuenca del Atlántico entre 1982 y 2009.

En el contexto global, los eventos de intensificación extremadamente rápida han aumentado desde 1990 hasta 2021, probablemente debido al calentamiento de las temperaturas de la superficie del mar.
En el Atlántico Norte, el número de tormentas que se intensificaron rápidamente de categoría 1 (o más débil) a un huracán mayor ha incrementado de 2001 a 2020 en comparación con el periodo de 1971 a 1990. Aunque las evidencias muestran una tendencia al alza de eventos de rápida intensificación, se debe tener cuidado respecto a lo que puede atribuirse de forma directa al cambio climático y que no está asociado simplemente con la variabilidad natural.
Finalmente, se debe considerar que la importancia del entendimiento de procesos de rápida intensificación está estrechamente relacionada con sus efectos, tales como el viento o la marea de tormenta que ponen en riesgo a la población y sus bienes. Asimismo, la dificultad para predecir su comportamiento en términos de la intensidad a través de la modelación numérica reduce la capacidad de respuesta de una población, así como su recuperación.