El cambio climático devora arrecifes en México: el Caribe mexicano pierde el 80 % de su coral
El Caribe mexicano, podría perder gran parte de su protección costera natural este siglo. El calentamiento global está debilitando la capacidad de los arrecifes de amortiguar el oleaje.
Hay playas donde el mar parece dócil. Las olas llegan suaves, casi domesticadas, como si algo las persuadiera de no golpear con fuerza la costa. Y ese algo tiene nombre: arrecife. Un muro natural, un escudo vivo, que durante miles de años ha crecido milímetro a milímetro, disipando la energía del oleaje antes de que toque la arena.
Pero ese muro ya no crece al ritmo del mar. El calentamiento y la acidificación del océano, provocan blanqueamientos, reducen la calcificación —con la que los corales construyen su esqueleto de carbonato de calcio— y aceleran su desgaste. Eso es erosión. Y si el calentamiento supera los 2 °C, al menos el 99 % de los arrecifes estarán erosionándose para el 2100.
La existencia de los arrecifes depende de un equilibrio entre construcción y desgaste. Los corales construyen el arrecife al calcificar; mientras peces, organismos perforadores y el oleaje lo erosionan. Cuando el desgaste supera a la construcción, ocurre la erosión neta. Pero no es solo que haya menos coral vivo. El arrecife pierde estructura y, con ella, altura.
Mientras, el nivel del mar sigue aumentando cada año. Y cuando el mar sube más rápido que el coral, el resultado no es solo ecológico, es estructural. La protección costera se debilita a medida que se van degradando, progresivamente, sus escudos vivos.

En el caso del arrecife mesoamericano —que incluye el Caribe mexicano— las proyecciones son particularmente severas. Bajo el avance del cambio climático, el escudo no desaparecerá de golpe, pero cada año le cuesta más sostener un mar que no deja de elevarse.
Cuando el coral no puede seguir al mar
Los arrecifes protegen costas porque disipan energía del oleaje. Son estructuras elevadas y rugosas que rompen las olas antes de llegar a tierra firme. Al disipar su energía en aguas someras, reducen la altura de las olas y amortiguan su impacto sobre playas e infraestructuras costeras.
Pero para seguir protegiendo con la misma eficiencia, el arrecife debe crecer verticalmente al mismo ritmo que aumenta el nivel del mar. Si no logra mantener esa tasa de crecimiento, cada vez más agua lo cubre, disminuye la fricción con el fondo y una mayor fracción de la energía del oleaje alcanza la costa.
Durante los últimos miles de años, bajo condiciones naturales relativamente estables de nivel del mar, los arrecifes del Atlántico occidental crecían en promedio alrededor de 4.8 milímetros por año. Hoy, en muchos sitios del Caribe y del Golfo de México, su potencial máximo de crecimiento vertical ronda valores cercanos a cero o incluso negativos.
Porque sí, durante milenios los arrecifes construyeron altura suficiente para acompañar los cambios del nivel del mar. Pero, en la actualidad, numerosos sitios presentan tasas inferiores a 1 milímetro anual, y muchos ya están perdiendo más estructura de la que logran construir.
La frontera de los 2 °C
En septiembre de 2025, un estudio publicado en Nature, analizó el futuro de los arrecifes del Atlántico occidental bajo distintos escenarios de emisiones y calentamiento global. Los científicos determinaron que si el calentamiento supera los 2 °C (escenarios intermedios y altos de emisiones), casi todos los arrecifes de la región estarán en erosión neta para 2100.
Incluso bajo el escenario más optimista, que implicaría una fuerte mitigación climática, la mayoría de los sitios en México entrarían en procesos de erosión antes de 2040. La diferencia ya no es entre daño y estabilidad, sino en la magnitud de ese daño. Aunque el deterioro no desaparece con la mitigación, la magnitud del impacto sí cambia según el nivel de calentamiento.
Para 2060, el aumento proyectado de la profundidad del agua sobre los arrecifes oscila entre 0.3 y 0.5 metros en todos los escenarios. Después, este se acelera. Si el calentamiento supera los 2 °C, para 2100 tendremos más de 1 metro de separación adicional entre el arrecife y la superficie del mar. Y estar por debajo o encima de ese umbral modificará sustancialmente el riesgo costero.
México: de escudo natural a costa expuesta
El arrecife mesoamericano, el segundo más grande del mundo, se extiende a lo largo de más de mil kilómetros frente a las costas de México, Belice, Guatemala y Honduras. En su sector mexicano, solo cerca del 5 % presentan tasas de crecimiento capaces de superar el aumento reciente del nivel del mar.
Y hacia finales de siglo se profundiza esa tendencia. Incluso bajo escenarios relativamente optimistas, el crecimiento neto sería negativo. El nivel del agua sobre el arrecife podría aumentar, en promedio, alrededor de medio metro hacia 2100, superando el metro bajo escenarios de altas emisiones.
De acciones y consecuencias
El impacto no es abstracto. El turismo, la infraestructura hotelera y las comunidades costeras del Caribe mexicano dependen de un arrecife que amortigua la fuerza del mar. Pero también dependen de él los manglares conectados al sistema arrecifal, y una biodiversidad marina que figura entre las más ricas del planeta.
Pero aunque su restauración puede mitigar parcialmente el problema, no es suficiente por sí sola. Son esfuerzos necesarios y valiosos, sí, pero operan a escalas locales, mientras la degradación ocurre en un contexto global. Las acciones requieren combinar restauración, conservación y, sobre todo, la reducción de emisiones. No basta sembrar coral si no frenamos el termómetro.
En este desafío, la ciencia mexicana tiene un papel estratégico. La Unidad Académica de Sistemas Arrecifales de la UNAM es referente internacional en investigación y tiene la capacidad de formar especialistas, generar datos y aportar evidencia para la toma de decisiones. Pero el reto es interdisciplinario. Urge integrar biología, clima, oceanografía, economía y políticas públicas.
El arrecife no es solo paisaje. Es infraestructura natural, economía, biodiversidad y memoria geológica. Pero está en juego su capacidad de seguir sosteniéndonos. Perder altura allí significa ganar vulnerabilidad aquí. Cada fracción de grado, y cada milímetro, cuentan.
Referencias de la noticia
El Caribe mexicano podría perder su protección costera en este siglo. 13 de octubre de 2025. Carlos Ochoa Aranda. Publicado en Gaceta UNAM.
Reduced Atlantic reef growth past 2 °C warming amplifies sea-level impacts. 17 de septiembre de 2025. Chris T. Perry, Didier M. de Bakker, Alice E. Webb, Steeve Comeau, Ben P. Harvey, Christopher E. Cornwall, Lorenzo Alvarez-Filip y colaboradores. Nature 646.