La fuerza invisible que mueve el mar: cómo la Luna y el Sol crean mareas extremas
¿Qué hace que el mar suba y baje diariamente? Las respuesta está en la Luna, y en el Sol. Detrás de cada marea hay una danza gravitacional delicada que dibuja el nivel del mar.

Ni el mar no se mueve al azar. Ni las mareas son solo ese "sube y baja". ¿La clave? La gravedad. Ese vaivén es el resultado de delicado equilibrio entre Tierra, Sol y Luna. Una danza de cuya sincronía depende cómo se mueven los océanos de nuestro planeta. Bueno... los océanos y también su parte sólida y gaseosa, pero ya esa es otra historia.
Primero, hablemos de gravedad. Esa fuerza con la que se atraen dos cuerpos que depende de sus masas y de la distancia que los separa. Cuanto más masa, mayor es la atracción. Pero mientras más distantes estén, más débil se vuelve. Y justamente eso define qué tanto pueden influir el Sol y la Luna sobre nuestros mares.
La Luna es el motor principal de las mareas. Gana por cercanía. Su atracción es más intensa. Pero lo importante no es cuánto “tira”, sino que lo hace de forma desigual a lo largo del planeta. Esa diferencia genera un campo de fuerzas (fuerza de marea) que "estira" el océano, formando dos abultamientos, uno en el lado que “mira” hacia la Luna y otro en el lado opuesto.
A medida que la Tierra rota, cada punto del planeta va atravesando esas zonas donde el océano está ligeramente más elevado. Y en ese movimiento percibimos el alternar marea alta (pleamar) y marea baja (bajamar). En la mayoría de las costas este ciclo ocurre dos veces al día.

Por su parte, el Sol a pesar de su enorme masa, influye menos debido a su distancia. Pero su efecto no es despreciable. Puede llegar a ser aproximadamente de 40 a 50 % el efecto lunar. Sin embargo, aquí lo relevante es qué pasa cuando combinan fuerzas.
En la unión está la fuerza
Primero dejemos algo claro. La marea no implica que el agua se desplace, como lo haría por ejemplo una ola que recorre el océano. Como vimos responde a un equilibrio entre las fuerzas gravitacionales, la rotación terrestre y la capacidad que tiene el océano para redistribuir su masa. Una muestra de cómo la Tierra interactúa con su entorno astronómico.
Ahora, cuando la tríada protagonista se alinea (Sol-Tierra-Luna) sus fuerzas gravitacionales se refuerzan. Esto es justo lo que ocurre durante la Luna Nueva y la Luna Llena, cuando los tres cuerpos forman prácticamente una línea recta. Este acoplamiento da lugar a las mareas vivas o de sicigia.
La atracción combinada de la Luna y el Sol intensifica el "estiramiento" del océano. Incluso, aunque "tiren" en direcciones opuestas en Luna Llena, sus efectos no se anulan. Ambos estiran la Tierra en dos sentidos, generando las dos zonas donde el océano está más elevado. Y es en esa doble deformación donde se superponen.
Esa es la clave. No se trata de que la atracción sea más fuerte, sino de cómo esa gravedad se distribuye de forma desigual a lo largo del planeta. Así, se refuerzan las deformaciones del océano. Las mareas altas se vuelven más altas y las bajas, más bajas. Es decir, aumenta la amplitud de la marea.
Por el contrario, durante las fases de cuarto creciente y meguante, La Luna y el Sol forman un ángulo cercano a 90 ° respecto a la Tierra. Bajo estas condiciones ocurren las mareas muertas, en las que la diferencia entre la marea alta y la baja (su amplitud) es menor.
De lo local
A diferencia de la mayoría, en algunos lugares predomina un régimen diurno, con una sola marea alta y una baja al día, mientras que en otros el patrón es mixto. Y estas variaciones responden a la interacción entre el forzamiento astronómico y las condiciones locales.
Porque sí, la alineación astronómica marca el ritmo, pero la intensidad real de las mareas en cada lugar del mundo varía. Depende de factores locales como:
- Forma de la costa
- Profundidad del fondo marino
- Geometría de las cuencas (bahías, golfos, estuarios)
Hay regiones donde la configuración geográfica favorece la resonancia, cuando el tiempo que tarda el agua en oscilar dentro de una bahía o golfo coincide con el ritmo de la marea. Allí, el agua se acumula más eficientemente y da lugar a mareas excepcionalmente altas.

Por el contrario, en costas abiertas o plataformas continentales extensas, la energía de la marea se distribuye más uniformemente y las variaciones del nivel del mar suelen ser más sutiles. Por eso, en algunos lugares las mareas vivas alcanzan varios metros (como la Bahía de Fundy en Canadá o el Estuario del río Seven en Reino Unido), mientras que en otros apenas se perciben.
No todo lo que sube es marea
Otros fenómenos, como los vientos, las lluvias, el desborde de ríos, los ciclones o los tsunamis, suelen provocar cambios en el nivel del mar. Pero estas variaciones, como los fenómenos que las provocan, son ocasionales. Y no pueden ser calificados como mareas. ¿Por qué? No están causados por la fuerza gravitatoria ni tienen periodicidad.
Las mareas son procesos astronómicos regulares y predecibles. No, no dependen del estado del tiempo. Pero juegan con él, y pueden amplificar sus efectos en la costa. Conocerlo es clave. Cuando coinciden con tormentas o eventos extremos, pueden potenciar el riesgo de inundaciones. Porque el nivel del mar no parte de cero.