La isostasia revela que la Tierra está en equilibrio constante aunque no lo parezca

¿Qué tienen en común el Himalaya, el deshielo de Groenlandia y los volcanes de México? Todos revelan que la Tierra nunca está completamente quieta, en una búsqueda constante de equilibrio conocida como isostasia.

El Himalaya posee algunas de las raíces corticales más profundas del planeta debido al enorme peso de su relieve.
El Himalaya posee algunas de las raíces corticales más profundas del planeta debido al enorme peso de su relieve.

¿Qué imaginas cuando hablamos de equilibrio? A veces nuestra intuición lo asocia con estar quieto. Pero equilibrio no significa inmovilidad, más bien todo lo contrario. Y la Tierra lo demuestra. Montañas que se hunden lentamente, volcanes que elevan regiones enteras y placas presionando desde abajo; componentes todos de un sistema que se ajusta constantemente.

Pero antes, necesitamos entender cómo se divide la Tierra. Y atento, porque tiene truco. Los científicos describen el interior terrestre de dos formas: según su composición química (de qué está hecha cada capa) y según su comportamiento físico (cómo se comportan esos materiales bajo distintas condiciones de presión y temperatura).

La isostasia es el estado de equilibrio gravitacional entre la litósfera (capa rígida superficial) y la astenósfera (manto plástico subyacente), que permite que la corteza terrestre "flote" a distintas alturas según su espesor y densidad

La primera es la más conocida, y la divide en 3 capas. La corteza es la más externa, sólida y relativamente delgada. Le sigue el manto, la capa más extensa del planeta (hasta unos 2,900 km de profundidad). Suele imaginarse como un “océano” de magma, pero en realidad gran parte es sólida. Y por último, el núcleo es la región más profunda, rica en hierro y níquel.

Según su comportamiento físico, el interior terrestre incluye capas como la litósfera y la astenósfera. La primera es la capa rígida y quebradiza del planeta, dividida en placas tectónicas, que incluye la corteza y lo más superficial y rígido del manto. Luego está la astenósfera, la región del manto superior donde las rocas se deforman lentamente por las altas temperaturas y presiones.

Bajo volcanes como el Popocatépetl también existen "raíces" profundas que ayudan a compensar el peso del relieve volcánico.
Bajo volcanes como el Popocatépetl también existen "raíces" profundas que ayudan a compensar el peso del relieve volcánico.

Y esa capacidad de la astenósfera de deformarse en escalas de millones de años (o plasticidad) es clave. Es como si la litósfera “flotara” sobre la astenósfera y pudiera hundirse o elevarse lentamente dependiendo de su peso. A ese delicado balance entre el peso de la litósfera y el material más flexible del interior terrestre se le conoce como isostasia.

Montañas con raíces y un planeta que rebota

Como un icerberg que deja una parte visible sobre el agua y la otra oculta bajo la superficie, las montañas tienen "raíces" profundas. Son estructuras conocidas como raíces corticales, fundamentales para mantener el equilibrio de la corteza terrestre. Porque las montañas no terminan donde acaba el paisaje que podemos ver.

Las raíces corticales son zonas donde la corteza terrestre se vuelve más gruesa bajos grandes montañas o cordilleras, para compensar gravitacionalmente su peso sobre la superficie.

Cuanto más alta y pesada es una montaña, más profunda es su compensación hacia el interior del planeta. Así, una parte importante de la montaña no solo se eleva hacia el cielo, también se hunde lentamente hacia el manto. Y como el hielo que se ajusta sobre el agua según su peso, la litósfera se reajusta constantemente sobre los materiales más plásticos de la astenósfera.

Y este reajuste se observa a lo largo del planeta. Por ejemplo, la enorme masa del Himalaya posee raíces corticales particularmente profundas. Mientras, en regiones como Canadá o Groenlandia está ocurriendo un fenómeno conocido como el "rebote". Imagínalo como lo que ocurre cuando permanecemos mucho tiempo sentados en un sofá y luego nos levantamos.

En la isostasia, la corteza terrestre se hunde más profundamente bajo grandes cordilleras para compensar gravitacionalmente su masa.
En la isostasia, la corteza terrestre se hunde más profundamente bajo grandes cordilleras para compensar gravitacionalmente su masa.

Durante la última glaciación, estas regiones estaban cubiertas por capas de hielo de varios kilómetros de espesor. Ese peso empujó lentamente la litósfera, hundiéndola sobre la astenósfera. Al terminar la glaciación, gran parte del hielo se derritió y el peso fue desapareciendo. Así, la corteza comenzó a elevarse poco a poco. Esto se conoce como rebote isostático, o ajuste isostático postglacial.

El Eje Neovolcánico

Cada vez que cambia la distribución de masa sobre la Tierra, el planeta intenta recuperar su equilibrio. El deshielo de grandes capas glaciares, la acumulación de sedimentos, la formación de montañas o la actividad volcánica pueden alterar lentamente ese balance isostático.

La formación del Eje Neovolcánico está relacionada principalmente con la subducción de las placas de Cocos y Rivera bajo la placa de Norteamérica, un proceso tectónico que permite el ascenso de magma y formación de volcanes.

En particular, los volcanes, no solo construyen paisaje hacia arriba. Y en México, el clásico de la vulcanología es el Eje Neovolcánico, una extensa cadena montañosa, y por supuesto volcánica, que atraviesa el centro del país.

Pero además del vulcanismo, también existe un ajuste constante del relieve. A medida que este sistema volcánico fue creciendo y acumulando masa, también aumentó la presión sobre la corteza terrestre. La litósfera se fue hundiendo sobre la astenósfera y desarrollando raíces corticales profundas para compensar el peso de volcanes y montañas.

Así, el centro de México no es elevado únicamente por los volcanes “superficiales” que vemos. También influye el engrosamiento de la corteza asociado a millones de años de tectónica, vulcanismo y reajustes isostáticos. Por eso, muchas regiones del Altiplano mexicano se encuentran a grandes altitudes.

Aunque no lo percibamos, bajo nuestros pies el planeta está reajustándose constantemente. Un equilibrio que sostiene montañas, volcanes y continentes. La Tierra nunca está completamente quieta. Se hunde, se eleva, rebota. Un planeta que se reinventa continuamente en su búsqueda perpetua de equilibrio.