No es Suiza, son los paisajes blancos de México: así se viven los días de nieve en Monterreal o el Nevado de Toluca
Montañas blancas, aire cortante y silencio invernal. En Monterreal o el Nevado de Toluca, la nieve aparece cuando la atmósfera se alinea y transforma, por unos días, el paisaje mexicano.
A México usualmente lo pensamos en tonos cálidos y en cielos abiertos. Pero a veces también suele vestirse de blanco. Y ese manto blanco no es exclusivo de las latitudes altas, también puede aparecer en latitudes más bajas cuando relieve y atmósfera se alinean.
En invierno, la nieve rompe con el imaginario colectivo de un país tropical y templado. Por unos días, volcanes y sierras se convierten en postales que parecen ajenas. Como si la nieve estuviera fuera de lugar y no perteneciera a este lado del mapa.
Pero la nieve en México no es un milagro ni un capricho de la naturaleza. Es el resultado de procesos atmosféricos bien conocidos que, bajo ciertas condiciones, sí pueden darse en latitudes como la nuestra. No ocurre todos los años ni en cualquier lugar, pero cuando la atmósfera coopera, el paisaje cambia por completo.
Las nevadas recientes en zonas de alta montaña han vuelto a abrir la conversación sobre cómo y por qué se forman estos episodios invernales. ¿Por qué en algunos puntos nieva mientras en otros, a pocos kilómetros, solo llueve?
Cerro de La Viga
— JoshuaDX.️ (@joshuabdz) January 19, 2026
Arteaga, Coahuila
3715 msnm el segundo pico más alto del norte del país. pic.twitter.com/ZZp19pqzDE
La respuesta no está en comparar a México con otros países, sino en mirar hacia arriba: a la altura de las montañas, al recorrido del aire frío, a la humedad disponible y a la física que gobierna la atmósfera. Detrás de cada paisaje blanco hay ciencia, y entenderla permite ver la nieve no solo como espectáculo, sino como una señal clara de cómo funciona nuestro clima.
Receta atmosférica para manto blanco
Para que la nieve se forme no basta con que “haga frío”. La precipitación sólida requiere una serie de condiciones que deben cumplirse al mismo tiempo. En primer lugar, temperaturas suficientemente bajas (cercanas o menores a 0 °C) en toda la columna atmosférica, desde la nube hasta la superficie. Si el aire se calienta en capas intermedias, los copos se derriten y llegan como lluvia.
Luego entra en juego la altitud. La temperatura del aire disminuye, en promedio, unos 6.5 °C por cada kilómetro de altura. Por eso, mientras en los valles puede llover o simplemente hacer frío, en las montañas más altas el ambiente es lo bastante frío como para que nieve. En México ocurre casi exclusivamente por encima de los 3,000–3,500 m sobre el nivel del mar.
El tercer ingrediente clave es la llegada de aire muy frío, generalmente asociado a masas de aire polar que se desplazan desde Norteamérica durante el invierno. Estas intrusiones suelen ir acompañadas de frentes fríos intensos y descensos bruscos de temperatura.
Pero el frío, por sí solo, no produce nieve. Necesita humedad. Sin vapor de agua no hay nubes, y sin nubes no hay precipitación. Y esa humedad a veces proviene del Golfo de México y otras del Pacífico. Así, cuando el aire frío y seco se encuentra con aire más húmedo y es forzado a ascender por el relieve montañoso, las condiciones se vuelven favorables para que la nieve sobreviva.
Dos escenarios, misma física
Uno de los lugares más emblemáticos cuando se habla de nieve en el centro del país es el Nevado de Toluca. Con más de 4,600 metros sobre el nivel del mar, este volcán extinto es uno de los puntos más altos y fríos de México. Su altitud lo convierte en un escenario privilegiado para las nevadas cuando llegan masas de aire muy frío acompañadas de nubosidad suficiente.
Aquí el factor decisivo es la altitud y el enfriamiento orográfico dentro de un ambiente que, dada su altura, ya es muy frío. El aire que asciende se condensa, enfría lo suficiente para que precipite y caiga como nieve.
En el norte del país, un caso distinto, pero igual de ilustrativo, es Monterreal, ubicado en la Sierra de Arteaga, Coahuila. Aunque se encuentra a menor altura que el Nevado, al ubicarse al norte del país, está más expuesto a las intrusiones de aire polar. Esto lo hace especialmente vulnerable a descensos térmicos severos durante el invierno.
Aquí, la nieve no ocurre porque el lugar sea extremadamente alto. Está asociada al avance de frentes intensos que transportan aire continental extremadamente frío hacia el noreste de México. El fenómeno que domina es la advección fría que es, literalmente, el desplazamiento de aire frío hacia una región más templada.
Dos regiones distintas, dos contextos geográficos diferentes, pero una misma base física. Y así, la nieve, es el resultado de una coincidencia entre frío intenso, humedad disponible y suficiente altura.
Turismo de nieve en México
Cada vez que la nieve aparece, también lo hace el interés turístico. Paisajes poco habituales, actividades invernales y la posibilidad de “vivir la nieve” sin salir del país atraen a miles de visitantes. Sin embargo, a diferencia de los destinos de nieve permanente, en México estas experiencias son efímeras y altamente condicionadas por el pronóstico meteorológico.
Monterreal es un caso particular porque es el único sitio en México con infraestructura formal asociada a actividades de nieve. Pero más que un turismo de temporada, la nieve en México genera episodios turísticos muy concentrados. Y estos requieren planeación, información meteorológica actualizada y conciencia sobre los riesgos.
La alta montaña implica cambios bruscos de tiempo, temperaturas extremas, reducción de visibilidad y peligro de hipotermia. La nieve no convierte a estos lugares en parques temáticos o recreativos, siguen siendo entornos naturales exigentes que requieren preparación y precaución.
No es Suiza. Es la atmósfera mexicana mostrando, brevemente, otra de sus muchas caras. Y detrás de cada copo que cae, hay ciencia y relieve modelando inviernos.