6 plantas mexicanas que revolucionaron el mundo y probablemente usas todos los días
La selección agrícola, el conocimiento indígena y la biodiversidad mexicana son la base de varios alimentos que comemos todos los días y de un avance farmacéutico importante.

México, además de ser un país con una biodiversidad vegetal impresionante, destaca como uno de los principales centros mundiales de domesticación de plantas. Los pueblos originarios, observaron, seleccionaron y mejoraron especies silvestres, transformándolas en cultivos productivos, sabrosos y fáciles de cosechar.
Aunque el origen biológico de una planta puede estar situado en una región en especifico, su domesticación o diversificación es otro tema. Por ejemplo, el cacao, el chile y el jitomate, aunque tienen parientes silvestres en Sudamérica, adquirieron una enorme diversidad agrícola, alimentaria y cultural en Mesoamérica.
Cuando las plantas originarias de América llegaron a Europa, muchas se empezaron a cultivar en otros países. Y con el paso del tiempo, estas plantas también se integraron a nuevas recetas. Gracias a ellas, hoy en día disfrutamos de alimentos como la pizza, el chocolate y una gran variedad de platillos asiáticos.
Estas plantas no solo cambiaron nuestra forma de comer. Algunas también comenzaron a utilizarse para elaborar bebidas, cosméticos y medicamentos. México es hogar de una gran variedad de plantas que hoy son importantes en todo el mundo.
Esto fue posible gracias al trabajo de los pueblos originarios y los agricultores, que, durante muchos años eligieron las mejores semillas y aprendieron a cultivar cada planta. Estas seis especies muestran cómo el campo mexicano ayudó a cambiar al mundo.
De la milpa mexicana a las cocinas y laboratorios de todo el mundo
La primera especie de esta lista es el maíz, domesticado a partir del teocintle hace unos 9,000 años. Los agricultores ancestrales fueron eligiendo las plantas con mazorcas más grandes y granos más suaves.
Gracias a ese trabajo, se convirtió en uno de los cereales más importantes del mundo. El maíz que conocemos es resultado de miles de años de selección campesina.

Otra planta que cambió la historia fue el cacao. Aunque sus antepasados provienen de la región amazónica, en Mesoamérica se convirtió en un producto muy valioso para mayas y mexicas.
Sus semillas se utilizaban para preparar bebidas y también como medio de intercambio. Más tarde llegó a Europa, donde se mezcló con azúcar y leche hasta dar origen al chocolate moderno.
También está la vainilla, el fruto de una orquídea trepadora cultivada desde hace siglos por los pueblos totonacas. En la región de Papantla encontró la humedad, la sombra y el clima ideal que necesita para crecer.
Durante mucho tiempo, México fue el principal lugar donde podía producirse. Después se descubrió la polinización manual y su cultivo llegó a otros países, pero la vainilla mexicana sigue siendo una de las más apreciadas.
El chile también salió de América para conquistar el mundo. En México se seleccionaron diferentes variedades según su tamaño, sabor, color y nivel de pungencia. Después del siglo XVI llegó a Europa, África y Asia, donde se adaptó rápidamente. Hoy sería imposible imaginar las cocinas de India, Tailandia, Corea o China sin este ingrediente.
Algo parecido ocurrió con el jitomate. Sus parientes silvestres provienen de la región andina, pero su cultivo y selección continuaron en Mesoamérica.
Cuando llegó a Europa causó desconfianza porque pertenece a una familia de plantas que también incluye especies tóxicas. Con el tiempo se volvió indispensable y cambió para siempre recetas como la pizza, la pasta italiana y la kétchup.

Por último, está el barbasco, un tubérculo que crece en las selvas del sureste de México. De esta planta se extrajo la diosgenina, una sustancia base para la fabricación de hormonas en el siglo XX. En 1951, el científico mexicano Luis Miramontes participó en el desarrollo de un compuesto que se utilizó en los primeros anticonceptivos orales.
Un patrimonio vivo que debemos conservar
Estas plantas siguen siendo importantes para nuestra alimentación, nuestra economía y muchas industrias. Por eso, es necesario proteger sus variedades nativas y apoyar a quienes todavía las cultivan.
Conservar las semillas criollas también ayuda a enfrentar problemas como las sequías, las plagas y los cambios de temperatura. México compartió estos cultivos con el mundo y ahora nos toca cuidar que su diversidad no desaparezca.