A las aves les esperan meses difíciles: 5 que plantas pueden proporcionarles alimento y refugio durante el invierno
Para las aves que intentan sobrevivir al crudo frío del invierno, las bayas son como oro en polvo; por eso, plantar más de ellas en tu jardín constituye un magnífico regalo.

A medida que pasamos del otoño al invierno, es posible observar las hojas de color bronce cobrizo de las hayas, la caída del follaje aterciopelado de los avellanos y la aparición de amentos.
Árboles como el serbal y el espino albar, pierden su exuberante follaje verde y nos regalan bayas invernales, una fuente de alimento vital para las aves residentes y migratorias. A continuación, presentamos algunas plantas clave que puede cultivar para ayudar a estas aves a sobrevivir y prosperar durante el invierno.
Bayas y frutos invernales esenciales para las aves
Las aves como los mirlos y estorninos, acuden a los serbales y espinos albares para obtener nutrientes, grasas y antioxidantes esenciales. Estos elementos impulsan su metabolismo, les ayudan a mantener el calor durante los fríos meses invernales y fortalecen su sistema inmunológico.
Los tonos rojos y morados de estas bayas indican la presencia de antocianinas, compuestos que, al parecer, protegen las células de las aves y favorecen su recuperación tras las largas y gélidas noches de invierno.
Los zorzales charlos, aves muy territoriales, protegen su alimento con ferocidad: "se adueñan" de un espino albar cargado de bayas y ahuyentan a cualquier competidor que intente alimentarse en su territorio. Al llegar el otoño, diversas especies como el zorzal real, el ampelis europeo y el zorzal alirrojo migran en partes de Europa.

Allí, visitan los espinos albares repletos de bayas para reponer energías, especialmente cuando el suelo helado les impide buscar lombrices u otros insectos.
Para las aves, el manzano silvestre, el acebo y la hiedra constituyen el "kit de supervivencia" ideal para mediados y finales del invierno. Los frutos rojos y brillantes del acebo maduran a finales del otoño, pero sus hojas duras y espinosas actúan como barrera, protegiendo el alimento de los animales que buscan comida con antelación, hasta que llega el frío intenso de enero.
Por otro lado, cuando el suelo está completamente congelado, los frutos del manzano silvestre que abundan en las ramas, se ablandan poco a poco o caen al suelo, ofreciendo a los túrdidos (como los zorzales) un festín dulce y fácilmente accesible.

Los frutos de la hiedra, que pasan más desapercibidos, no maduran hasta enero o febrero, reservando lo mejor para el final. Al llegar a su madurez en pleno invierno, estos frutos repletos de grasas densas y antioxidantes ricos en calorías, se vuelven abundantes justo cuando ya no quedan otros frutos en los setos.
De este modo, la hiedra proporciona un aporte energético fundamental para las aves que pasan el invierno, ayudándolas a resistir hasta la llegada de los meses más cálidos de la primavera y el verano.
La hiedra, una planta autóctona, perenne y resistente, cuenta con un follaje denso y hojas cerosas; además, sirve como refugio aislante para aves, murciélagos e insectos que pasan el invierno, los cuales, a su vez, constituyen una fuente de alimento vital. Si desea incorporar estas plantas, que resultan providenciales para la fauna, puede buscarlas en internet o en los centros de jardinería de su zona.