Cómo la pérdida de bosques y manglares agrava las catástrofes por lluvias en México

Los bosques, las selvas y los manglares ayudan a controlar el paso del agua ante fenómenos naturales. Pero cuando los perdemos, las lluvias pueden volverse mucho más dañinas.

Cuando el bosque desaparece, el suelo pierde parte de su capacidad para frenar y absorber el agua de lluvia.
Cuando el bosque desaparece, el suelo pierde parte de su capacidad para frenar y absorber el agua de lluvia.

México está acostumbrado a vivir temporadas de lluvias intensas, tormentas tropicales y huracanes. De hecho, año con año vemos ríos desbordados, deslaves, carreteras inhabilitadas y ciudades inundadas como consecuencia de estos fenómenos, pero no todo es culpa de ellos, sino que también importa cómo está preparado el territorio para recibir la tormenta.

Los bosques ayudan a interceptar gran parte de la lluvia, proteger el suelo y además favorecer la infiltración. Y los manglares, reducen la energía del oleaje, retienen sedimentos y protegen zonas costeras. Pero cuando estos ecosistemas desaparecen, el agua encuentra menos obstáculos y los daños son mayores.

La lluvia no la podemos controlar, pero sí podemos decidir cuánto degradamos el terreno antes de que llegue.

El problema incrementa cuando además se rellenan humedales, se urbanizan zonas inundables o se compactan los suelos. La lluvia sigue siendo el detonante, pero la forma en que usamos el territorio puede volver mucho más severa una inundación o una marejada.

Los manglares funcionan como una barrera natural entre el mar y la costa, ayudando a reducir oleaje, erosión e inundaciones.
Los manglares funcionan como una barrera natural entre el mar y la costa, ayudando a reducir oleaje, erosión e inundaciones.

En México ya contamos con ejemplos claros y relativamente recientes. Investigaciones en cuencas del Sureste y en las costas del Pacífico indican que la pérdida de vegetación altera la circulación del agua y disminuye parte de la protección natural ante eventos extremos.

Bosques y manglares: menos vegetación, más vulnerabilidad

Uno de los casos mejor estudiados está en la cuenca del río Usumacinta. Investigadores encontraron que la conversión de bosque tropical estuvo relacionada con un aumento cercano al 25 % en el caudal máximo de eventos de retorno de diez años.

Los manglares no solo actúan como barrera contra tormentas: sus raíces retienen sedimentos y sostienen la línea costera, de modo que su pérdida puede intensificar la erosión y el riesgo de inundaciones.

La lógica es bastante clara: un suelo con raíces, buen porcentaje de materia orgánica y buena estructura absorbe mejor el agua. Si se desmonta, se degrada o se compacta, una mayor cantidad de lluvia escurre hacia arroyos y ríos, sobre todo si el terreno ya está saturado.

En Guerrero, la pérdida de manglar también ha sido fuerte. CONABIO registra alrededor de 16,348 hectáreas entre 1970 y 1980, frente a unas 6,471 hectáreas en 2025. Esa reducción importa porque muchos manglares se encuentran justo entre el mar y las zonas habitadas.

Y después del huracán Otis que fue brutal, investigadores encontraron que más del 40 % de las localidades analizadas había perdido manglares cercanos. Además, estimaron que por cada kilómetro adicional de distancia al manglar, el daño esperado en infraestructura aumentó alrededor de 2 %.

Un bosque sano ayuda a que el agua llegue al suelo de forma más lenta y se infiltre mejor antes de correr hacia ríos y zonas bajas.
Un bosque sano ayuda a que el agua llegue al suelo de forma más lenta y se infiltre mejor antes de correr hacia ríos y zonas bajas.

El mismo estudio estimó que, con la cobertura histórica de manglar, se habrían evitado daños en unas 85 hectáreas de infraestructura y 164 de vegetación natural. Aunque no habría frenado al huracán, habría disminuido parte del impacto.

Conservar también es prevenir

A nivel nacional, México pasó de 905,086 hectáreas de manglar en 2020 a 877,464 en 2025, una reducción de 27,622 hectáreas. En ese mismo periodo, la superficie clasificada como manglar perturbado pasó de unas 9,680 a más de 52,000 hectáreas.

Las causas varían según la región: agricultura, ganadería, urbanización, turismo, carreteras y acuicultura. En algunas zonas del Pacífico Norte, la expansión acuícola ha estado relacionada con más del 60 % de la pérdida de manglar registrada.

Proteger estos ecosistemas no significa pensar que pueden detener cualquier desastre. Significa reconocer que un territorio bien conservado responde mejor cuando llega una lluvia extrema. Restaurar bosques, conservar manglares y evitar construir donde naturalmente circula el agua también es una forma de reducir riesgos.

Referencias de la noticia

Bastien-Olvera. (2024). Mangrove preservation could have significantly reduced damages from Hurricane Otis on the coast of Guerrero, Mexico.
Horton, A. J., Nygren, A., Díaz-Perera, M. A., Kummu, M.. (2021). Flood severity along the Usumacinta River, Mexico: Identifying the anthropogenic signature of tropical forest conversion.
CONABIO. (2026). Extensión y distribución de manglares.