La planta tradicional que puedes cosechar en tu balcón: Moringa, el superalimento urbano
La moringa es una planta que parece demasiado buena para ser verdad: crece rápido, se puede cultivar en maceta y nos regala hojas llenas de nutrientes. Aquí te explico cómo cultivarla.

¿Y si te dijera que en tu hogar puedes tener un pequeño árbol del cual cortar hojas llenas de nutrientes? Suena exagerado, lo sé, pero la moringa tiene esa fama de crecer rápido, ocupar poco espacio y, además, producir hojas comestibles con una cantidad de nutrientes bastante interesante.
La Moringa oleifera es originaria del Norte de India y desde hace cientos de años ha sido parte de la alimentación y de la medicina tradicional de diversas culturas. Se adapta muy bien a macetas grandes y espacios soleados, así que ahora está encontrando un nuevo hogar en las zonas urbanas.
También conocido como árbol de los milagros, drumstick tree, ben oil tree o marango, sus hojas, vainas y semillas se han usado en India, África y otras regiones como alimento, apoyo medicinal tradicional y hasta para purificar el agua.
Lo más interesante de esta especie es que produce cantidades importantes de biomasa verde en un pequeño espacio. Para alguien que busca comer más sano, tener algo práctico en casa y empezar un huerto sin tanto problema, esta planta noble, resistente y agradecida es una excelente opción.
De árbol milenario a superalimento urbano
La moringa se considera un superalimento porque concentra muchos nutrientes en porciones pequeñas. Una taza de hojas frescas picadas, de unos 21 gramos, aporta cerca de 13 calorías, 2 gramos de proteína, además de vitamina A en forma de beta-caroteno, vitamina C, B6, riboflavina, hierro, magnesio y calcio.
Muchas comparaciones dicen que tiene “más calcio que la leche” o “más hierro que la espinaca”. Pero hay que tomarlo con calma, porque esas comparaciones se hacen con hoja seca o polvo, donde los nutrientes están más concentrados.

Además de vitaminas y minerales, sus hojas contienen flavonoides, polifenoles y otros compuestos antioxidantes. Algunos estudios han observado potencial para apoyar el control de glucosa, colesterol e inflamación, pero buena parte de la evidencia sigue siendo preliminar o realizada en animales.
Cómo cultivarla, cosecharla y usarla en casa
Sí, la moringa puede cultivarse dentro de tu Edén, siempre y cuando tenga suficiente sol. Necesita mínimo seis horas de luz directa al día, porque sin sol se estira, se debilita y produce menos hojas. Lo ideal es usar una maceta de 20 a 30 litros al inicio, y si la planta crece bien, pasarla a una de 40 o 60 litros con buen drenaje.
Para la moringa, usa un sustrato suelto y aireado, como una mezcla de tierra, composta madura y perlita o arena. A esta planta no le caen bien los encharcamientos; de hecho, el exceso de agua le hace más daño que la falta de riego.
Para sembrarla, puedes usar sus semillas, remojándolas 24 horas antes, o esquejes de ramas firmes de 30 a 60 centímetros. Necesita ligera humedad y un poco de calor al principio. Y una vez que alcance los 60 centímetros, ya podrás empezar a cosechar las hojas jóvenes, cortando poco a poco para no debilitar la planta.

La poda es fundamental para mantener este árbol en tu balcón. Si la dejas crecer sin control, se convertirá en un árbol problemático. Sin embargo, podándola de vez en cuando, podrás conservarla como un arbusto compacto de 1 a 2 metros, con más ramas y más productiva.
Como toda planta comestible, también necesita responsabilidad. No consumas raíces ni corteza de forma cotidiana, y si estás embarazada, tomas medicamentos para diabetes, presión, tiroides o anticoagulantes, consulta con tu médico antes de usarla en grandes cantidades.
La moringa es una planta que vale la pena cultivar por su valor nutricional, su cultivo sencillo y su utilidad práctica en casa. No necesitas tener un jardín enorme, solo sol, una buena maceta, poda constante y ganas de cosechar. Un pequeño árbol puede brindarte grandes beneficios sin complicarte la vida.