¿Los cactus atraen los rayos? La estructura que convierte a las biznagas gigantes en protectores naturales
En paisajes desérticos, los cactus columnares parecen inmóviles ante tormentas eléctricas, pero esa resistencia esconde una explicación científica donde se cruzan física, biología y adaptación extrema al ambiente árido.

Los paisajes áridos y semiáridos de México y otras regiones del continente americano tienen algo en común que llama la atención incluso a quien no sabe de plantas: la presencia imponente de los cactus columnares. Altos, firmes y silenciosos, parecen estar ahí desde siempre, resistiendo sol, sequía y tormentas eléctricas sin moverse un centímetro.
Durante siglos, comunidades rurales han observado cómo algunos de estos cactus reciben descargas eléctricas sin desaparecer del paisaje, esa observación generó una idea muy extendida: que los cactus “atraen” los rayos pero como pasa con muchas creencias populares, la realidad es más interesante, compleja y científica.
En zonas donde las tormentas eléctricas son frecuentes, sobre todo en desiertos y matorrales xerófilos, no es raro ver biznagas gigantes, cardones o saguaros con cicatrices verticales en su tallo. Marcas que parecen heridas antiguas y que cuentan historias de eventos extremos ocurridos hace años, incluso décadas.
Lejos de ser simples plantas pasivas, las cactáceas columnares tienen estructuras muy particulares que influyen en cómo interactúan con el ambiente, su forma, su tamaño y su composición interna juegan un papel clave cuando se trata de fenómenos como la electricidad atmosférica.

Entonces la pregunta no es solo si los cactus atraen los rayos, sino qué hace que estas plantas puedan recibir descargas y sobrevivir, y por qué en muchos casos terminan funcionando como una especie de pararrayos natural dentro del ecosistema.
El mito de que los cactus atraen los rayos
La idea de que los cactus atraen los rayos no es del todo correcta desde el punto de vista físico. Los rayos no buscan plantas específicas, sino que siguen el camino más fácil entre la nube y el suelo, lo que sí ocurre es que los objetos altos y aislados aumentan la probabilidad de ser impactados.
En ecosistemas desérticos, donde la vegetación suele ser baja y dispersa, un cactus columnar puede convertirse en el punto más alto del paisaje. En ese contexto, no “atrae” el rayo, pero sí se vuelve el punto más probable de impacto por su altura y ubicación.
Además, los cactus suelen crecer en suelos rocosos o poco profundos, donde la conductividad eléctrica es distinta a la de suelos agrícolas más húmedos. Esto influye en cómo se disipa la energía del rayo una vez que toca tierra.
Las biznagas gigantes, los cardones y otros cactus columnares tienen una estructura muy particular, su tallo está formado por costillas verticales, una epidermis cerosa y un interior altamente especializado para almacenar agua.
Ese tejido interno, conocido como parénquima acuífero, puede contener hasta un 90 por ciento de agua en ciertos momentos del año. Esto convierte al cactus en un conductor moderado de electricidad, no tan eficiente como un metal pero sí suficiente para permitir que la descarga viaje a través de su estructura.
Las espinas también juegan un papel interesante, aunque no atraen electricidad por sí mismas, pueden facilitar la ionización del aire alrededor del cactus, haciendo que la descarga encuentre un camino más definido hacia el tallo.
Qué pasa cuando un rayo impacta un cactus
Cuando un rayo cae sobre un cactus columnar, la energía busca salir lo más rápido posible y en muchos casos, la descarga viaja por la superficie y el interior del tallo, siguiendo las costillas verticales. Lo que provoca las clásicas cicatrices longitudinales que se observan en cactus viejos.
Sin embargo, el daño sí existe, puede haber ruptura de tejidos, necrosis localizada y entrada de patógenos, aun así muchos cactus logran sobrevivir porque su metabolismo lento y su capacidad de cicatrización les permite sellar la herida con el tiempo.
Cactus como protectores naturales del entorno
En algunos ecosistemas, las cactáceas columnares terminan funcionando como pararrayos naturales. Al recibir la descarga, reducen la probabilidad de que otros elementos cercanos, como arbustos más pequeños o incluso construcciones rurales, sean impactados.
Esto no significa que deban usarse como protección en zonas habitadas, pero sí explica por qué históricamente se les ha visto como plantas “protectoras”. En campos abiertos, su presencia ayuda a disipar la energía eléctrica en el paisaje.

También hay registros de fauna que se refugia alrededor de cactus después de tormentas, aprovechando la estructura dañada para anidar o esconderse. El impacto de un rayo no solo afecta al cactus, sino que modifica microhábitats a su alrededor.
No todos los cactus tienen la misma relación con los rayos. Las biznagas gigantes y los cactus columnares altos son los más propensos a recibir impactos debido a su tamaño. En cambio, cactus globosos o rastreros tienen una probabilidad mucho menor.
La altura, el aislamiento y la cantidad de agua almacenada son factores determinantes, por eso especies como el saguaro o el cardón muestran más evidencias de descargas que otros miembros de la familia cactaceae.
Entonces no, los cactus no andan por ahí llamando rayos como si fueran antenas, pero tampoco es casualidad que muchos terminen recibiéndolos. Su forma, su tamaño y su agua interna los pone justo en ese punto donde la naturaleza hace contacto.