Tortugas caguamas: nacen más, pero el calor y la pesca aún su sentencian a extinción, te decimos el por qué
Las tortugas marinas siguen anidando, pero detrás del aumento de nacimientos se esconde un problema: el riesgo de extinción para esta y otras especies sigue en aumento.

Siete especies de tortugas marinas viven en climas tropicales y templados, incluido el Mediterráneo, y todas están en peligro de extinción debido a la sobrepesca, la degradación del hábitat y el aumento de las temperaturas.
Según datos de WWF, 150,000 tortugas son capturadas accidentalmente cada año por pescadores de todo el mundo, y solo en el Mediterráneo, se descubrió que el 80 % de los ejemplares examinados habían ingerido plástico y residuos.
En un escenario tan alarmante, el aumento de la población de tortugas cahuamas debería ser motivo de esperanza, pero no es así. Veamos por qué.
Cómo afecta el calentamiento global a los nacimientos de tortugas
Según observaciones realizadas por la Universidad Queen Mary de Londres desde 2008, en las costas de África Occidental, en particular en las de las islas de Cabo Verde, se ven alrededor de 100 nidos más de tortuga cada año, pero esto no significa que la especie esté a salvo. Al contrario, el aumento de los nacimientos ha puesto de manifiesto un detalle alarmante.

Las tortugas se aparean en el mar y ponen sus huevos en las playas entre primavera y verano. El calor del Sol actúa como incubadora y, al igual que con otros reptiles, la temperatura es importante porque determina el sexo de los nuevos ejemplares.
El calentamiento global, que ya provoca el nacimiento de tortugas más pequeñas y un aumento de la mortalidad de las crías en los primeros días de vida, está provocando una sobrepoblación de hembras y una disminución significativa del nacimiento de nuevos machos, especialmente en ciertas zonas. Además de los mares de África Occidental, también se ven afectadas las zonas al norte de la Gran Barrera de Coral.
Soluciones humanas y naturales
Observaciones realizadas con drones confirman que la proporción de hembras a machos es de 9 a 1. Aunque la población de tortugas está aumentando en general, con un número de machos en constante descenso, la reproducción se vuelve naturalmente difícil. Por lo tanto, el futuro de la especie sigue en peligro.
La protección costera y las restricciones pesqueras ya contribuyen a la preservación de los hábitats de estos animales, pero el aumento de las temperaturas sigue siendo un problema.
Existen proyectos de conservación que implican el traslado de huevos de las playas a criaderos, en parte para protegerlos de la pesca furtiva y los depredadores, pero la propia naturaleza también está intentando abordar este problema, ya que los machos de tortuga boba pueden aparearse con mayor frecuencia que las hembras.
La situación en el Mediterráneo
La sobrepoblación de hembras también se está produciendo en aguas mediterráneas. Las tortugas bobas (cahuamas), anidan en las costas de Grecia, Turquía, Chipre e Italia, y las temperaturas también están aumentando gradualmente allí.
Según estudios realizados en los últimos años, la población de tortugas marinas alcanza entre el 70 % y el 90 % de hembras, especialmente durante los veranos más calurosos.
La buena noticia es que, por ahora, a diferencia de las zonas tropicales, la población de estos animales aún no ha disminuido drásticamente, por varias razones.
Una vida más fácil para las tortugas mediterráneas
El hecho de que las temperaturas mediterráneas sean, en promedio, más variables y que aún existan playas donde las condiciones favorecen el nacimiento de machos es sin duda un factor positivo.
Algunos proyectos de conservación y protección también implican la creación de zonas de sombra para bajar la temperatura de la arena. Incluso uno o dos grados menos pueden marcar la diferencia.
Incluso en este caso, el instinto natural de conservación de la especie se activa y provoca que las tortugas retrasen ligeramente su temporada de anidación, adelantándola para evitar los períodos más calurosos del verano.
También parece que las tortugas están empezando a preferir las costas más septentrionales, como las de Toscana, Liguria y Cataluña, lo que también podría ser una respuesta natural al problema.