La ciencia detrás de los agujeros de gusano: que se sabe hoy sobre viajes espacio-temporales
Descubra cómo la física teórica imagina puentes cósmicos que conectan regiones remotas. Desde Einstein hasta modelos de branas modernos, exploramos la posibilidad y los desafíos de estos fascinantes atajos universales.

Si imaginamos al universo como una tela plana y extensa, un agujero de gusano sería como un atajo que conecta puntos distantes. Es como si lo dobláramos cual hoja de papel, uniendo extremos lejanos, atravesando el espacio y reduciendo distancias prácticamente infinitas.
Esta idea nació con Albert Einstein y Nathan Rosen en 1935, quienes propusieron un puente teórico que uniera dos universos distintos. Matemáticamente, son soluciones válidas de la relatividad general, aunque su existencia física real sigue en entredicho.
Básicamente, un agujero de gusano consta de dos bocas y una garganta central, en la que las bocas son entradas tridimensionales en el espacio, mientras que la garganta es el pasaje que une ambos extremos, lo que, en teoría, permitiría que la materia cruzara de un punto a otro.
El mayor problema físico que presentaría una estructura de este tipo es su inestabilidad natural, ya que la gravedad los cerraría instantáneamente. Para mantenerlos abiertos, necesitaríamos energía negativa, ya que sin ella la garganta colapsaría, impidiendo cualquier viaje.

Aunque teóricamente son posibles, serían inestables y microscópicos, y lo cierto es que, más allá de las matemáticas, no tenemos idea de cómo crearlos. La ciencia moderna busca respuestas combinando relatividad y dimensiones ocultas, pero por ahora son pura ciencia ficción.
Viajando a través de túneles bránicos
Imaginemos que colocamos objetos masivos de tal modo que su atracción gravitatoria deformaría el tejido espacial. Si la atracción supera la resistencia elástica, las superficies de ambos se tocarían y quedarían conectadas. Este tipo de “mecanismos” son conocidos como branas.
Se piensa que objetos compactos como los agujeros negros son candidatos para formar branas. Un mecanismo no requiere forzosamente materia exótica extraña para iniciar el contacto; solo con la propia gravedad de cada uno se podría curvar el espacio hasta abrir uno de estos atajos.
De hecho, este modelo también funciona para un universo doblado sobre sí mismo, en el que la gravedad entre puntos cercanos en el espacio podría generar una comunicación rápida. Estos senderos representarían soluciones naturales a distancias astronómicas que consideramos infranqueables actualmente.
No obstante, mantener la puerta abierta sigue siendo el desafío teórico más estricto, pues aunque la tensión de la brana ayude a mantener abierto el túnel gracias a la repulsión, la estabilidad no estaría garantizada y, si el camino es demasiado estrecho o inestable, cualquier tránsito de materia sería inseguro.
Fronteras del espacio
¿Cómo encontrar algo que nunca hemos visto directamente? Los astrónomos utilizan estrategias ingeniosas para detectarlos. Una técnica consiste en observar órbitas estelares: si una estrella cerca de un objeto masivo muestra una aceleración extraña, esto significaría que hay algo atrayéndola.
Otra herramienta poderosa en esta búsqueda cósmica son los lentes gravitatorios. Un agujero de gusano curvaría la luz de estrellas distantes de forma única. Al analizar estas distorsiones, los científicos podrían diferenciar un túnel espacial de un objeto común.

También podemos estudiar las sombras que proyectan estas estructuras en el espacio profundo, pues, al igual que sus primos oscuros, dejarían una sombra, en la que su tamaño dependería directamente de cómo el túnel desvía los fotones que pasan cerca sin entrar en él.
Otra de las técnicas nos la ofrece la misma relatividad general con las ondas gravitacionales, ya que el choque de objetos cerca de uno de estos generaría señales vibratorias distintas. Aunque hoy siguen siendo ficción, gracias a la tecnología tal vez pronto podríamos confirmar si estos atajos son reales o no.
Futuro de la exploración interestelar
El sueño de viajar a estrellas lejanas sigue impulsando la investigación física y un agujero de gusano transitable debe permitir el paso seguro de ida y vuelta. Por ello, buscamos (teóricamente) configuraciones que permanezcan estables el tiempo suficiente para que una nave logre explorarlas.
Algunos modelos proponen que la propia expansión del universo estiró pequeños túneles cuánticos que habrían crecido desde escalas microscópicas hasta dimensiones astronómicas durante la inflación cósmica temprana. Así, el mismo cosmos podría haber creado senderos secretos que esperan ser descubiertos próximamente.
La física de branas sugiere que la energía exótica no es el único camino y que la interacción entre universos paralelos podría ser la clave para la estabilidad. Sin embargo, estamos lejos de manipular estas fuerzas como en la película Contacto, para viajar por el vecindario cósmico.
Y aunque hoy en día estas estructuras permanecen como fascinantes soluciones matemáticas en espera de evidencia y los viajes espacio-temporales parezcan lejanos, no dejamos de soñar. Entender el tejido del cosmos es el primer paso para, algún día, navegar Ad Astra.