8 de cada 10 aguacates del Super Bowl son mexicanos
Cada Super Bowl reúne millones de espectadores y moviliza toneladas de aguacate mexicano; detrás del guacamole hay una cadena productiva que inicia en huertas de México y llega a Estados Unidos.

Cada año, cuando llega el Super Bowl, millones de personas en Estados Unidos se preparan para uno de los eventos deportivos más famosos en el mundo. Televisiones encendidas, reuniones familiares, bares llenos y mesas repletas de comida. Pero entre alitas, cerveza y botanas, existe un protagonista que nunca falta: el guacamole.
Porque mientras el espectáculo ocurre en el estadio, en México ya se jugó otro partido meses antes. Uno que empieza en huertas, pasa por manos jornaleras, sigue en empacadoras y termina cruzando la frontera. El aguacate mexicano llega por planeación productiva, logística y demanda internacional.
Hoy, México participa en este mercado y además lo lidera. De acuerdo con cifras del sector exportador y organismos comerciales, alrededor del 80% del aguacate que se consume en Estados Unidos durante el Super Bowl proviene de territorio mexicano.
Hablamos de empleo rural, exportaciones millonarias, presión productiva y posicionamiento internacional. El fruto se ha convertido en un símbolo de la capacidad agroexportadora de México. El Super Bowl representa el momento de mayor demanda de aguacate en todo el calendario estadounidense.

Michoacán: el corazón del aguacate de exportación
Se estima que más de 120 mil toneladas de aguacate se consumen en Estados Unidos durante la semana del Super Bowl, principalmente en forma de guacamole. Esto equivale a millones de frutos movilizados en tiempo récord. La razón es cultural y gastronómica.
El guacamole se posicionó como la botana estrella del evento por su facilidad de preparación, sabor y asociación con reuniones sociales. Hoy es tan tradicional como las alitas o la pizza y para los productores mexicanos, esta ventana representa uno de los picos comerciales más fuertes del año.
Michoacán concentra alrededor del 70% de la producción nacional, según datos de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER). Municipios como Uruapan, Tancítaro, Peribán y Ario de Rosales forman parte del corredor aguacatero más importante del mundo.
Esto es gracias a sus condiciones agronómicas privilegiadas: suelos volcánicos ricos en materia orgánica, altitudes entre 1,600 y 2,400 msnm, climas templados y floraciones durante todo el año. Una combinación perfecta que permite una producción continua.
Sin embargo, aunque Michoacán mantiene el liderazgo, la producción se ha diversificado en los últimos años. Estados como Jalisco han ganado relevancia tras obtener autorización para exportar a Estados Unidos. También participan entidades como Estado de México, Nayarit y Morelos.
Logística, negocio y retos del aguacate mexicano
El aguacate que llega al Super Bowl pasa por una cadena altamente regulada; no es solo cosechar y enviar. Todo inicia con el corte en huertas certificadas, seguido del traslado inmediato a empacadoras donde el fruto se clasifica por calibre, calidad y destino comercial.
Posteriormente entra a un proceso de inspección fitosanitaria binacional, requisito indispensable para exportación. El empaque se realiza bajo refrigeración controlada para conservar frescura, y desde ahí inicia el cruce fronterizo hacia Estados Unidos.

Miles de toneladas cruzan principalmente por Texas, California y Arizona, puntos estratégicos desde donde se redistribuyen a supermercados y cadenas de food service. La velocidad es determinante: el aguacate debe llegar en su punto óptimo de maduración para garantizar textura, sabor y vida en anaquel.
Sin embargo, el crecimiento del mercado también trae desafíos. La expansión del cultivo ha abierto debates sobre cambio de uso de suelo, presión hídrica regional y ampliación de la frontera agrícola. El reto está en equilibrar rentabilidad con manejo responsable del territorio.
El partido dura solo unas horas, pero producir ese fruto toma años: desde que se establece el árbol hasta que entra en plena cosecha. Ahí es donde uno dimensiona el peso real que tiene el campo mexicano. Porque mientras el espectáculo ocurre en el estadio, México también está jugando su propio partido en otra cancha.